Opinión

  • | 2018/04/29 00:01

    ¿Quieres talento? Busca corazones

    Pensemos en gente diferente para liderar, que además de muchos idiomas y cartones múltiples entienda a escuchar más, hablar menos y conocer un poco más su propio ego para que lidere mejor a los demás y potencie almas que quieran crecer por objetivos comunes.

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Me gusta navegar por las aguas de las generaciones. Mi alma siente un compromiso grande por disfrutar y entender el universo sin juzgar. Por disfrutar la esencia y lo simple de las cosas y vivir aquí y ahora. Tal vez desperdicié muchos años pensando en el futuro y ahora no quiero perderme un nanosegundo de emociones en el día.

Quizá sea esto lo que me haga ver el tema de la edad de manera diferente. Los años son mediciones cronológicas de cuánto tiempo se tarda un cuerpo en deteriorarse. Pero el alma y el corazón que son lo importante van adentro con la edad que a cada quien se le dé la gana tener.

Por alguna razón de segmentación imperiosa que ronda nuestros días en los últimos tiempos, ahora se vuelve importante entender de qué generación es cada ser. Se habla con total certeza (lo escuche hace poco en un Foro) que los milenials no se comprometen con nada “no son como los X que sí se ponían la camiseta” he escuchado afirmaciones sobre las mujeres que no quieren tener hijos con el comentario de “es que ahora las niñas no tienen instinto materno” y uno más…” es que ahora los matrimonios no duran por que las mujeres no aguantan”.

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Creo que es momento para dejar de etiquetar a los demás cada vez que hablamos, opinamos y diferimos. Ningún ser humano es exactamente igual a otro y aunque el ambiente nos haya puesto condiciones similares al crecer no podemos decir que todos los milenials son iguales, ni que todos los hippies lo fueron, o que quienes cumplen 20 años en la misma compañía son más exitosos que quienes trabajaron en varias compañías durante su vida.

Con ese mismo sombrero de pensar que cada uno es diferente debemos liderar las organizaciones, incluso las estrategias de marketing que a veces estandarizan a su target pensando que este producto es para milenials como si todos fueran exactamente iguales.

Si reflexionamos las empresas como grupos humanos formadas por sueños individuales que se unen para formar un colectivo encontraríamos mejor forma de motivar y comprometer. Es más fácil inventarnos una misión y luego hacer que todos los empleados alrededor canten el himno con el corazón en la mano (y tal vez con la cabeza en el partido de fútbol del día anterior).

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El ego de quienes manejan las empresas es lo que mata el compromiso colectivo. Pensar que solo yo mismo tengo la razón es un acto desmesurado de arrogancia que todos los días cometemos en diferentes escenarios.

Un líder tiene que entender los motivadores reales de su equipo y así tratar de guiarlos a que tengan objetivos comunes. Este tema facilista de que los milenials no se comprometen es mentira. ¡Claro que se comprometen! Pero es más difícil ganar su corazón porque no lo hacen solo por plata y buscan propósitos más sentidos que un botón en la solapa cada año por la labor cumplida. No buscan que les digan doctores, ni que les den los mejores carros (claro a todos puede gustarle) pero al final buscan gozar con lo que hacen.

Ya no se trabaja solo por dinero ni por el cargo en la tarjeta corporativa. Tampoco por usar la corbata más fina para que con el viento se voltee disimuladamente y muestre el Hermes…se trabaja por los móviles que cada quien tiene en su corazón y conquistar corazones es bien difícil.

La tarea no está fácil para la gente que maneja talento. Porque talento no son solo habilidades técnicas, son corazones. Pensemos en gente diferente para liderar, que además de muchos idiomas y cartones múltiples entienda a escuchar más, hablar menos y conocer un poco más su propio ego para que lidere mejor a los demás y potencie almas que quieran crecer por objetivos comunes.

Me gustan las almas bonitas. Me gustan las empresas bonitas. Quiero seguir conociéndolas porque la belleza está adentro de lo que haces, en la eterna consistencia de los actos de amor que aunque nadie los entienda están ahí para los demás.

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