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Opinión

  • | 2020/11/02 00:01

    Promoción automática para todos los estudiantes en el 2020

    Los colegios del país, los directivos y los docentes, de acuerdo con las circunstancias de los estudiantes y padres de familia, deben considerar la opción de la promoción automática en el año 2020, para los estudiantes de la educación básica y media.

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Esta propuesta tiene como fundamento que la pandemia producida por la covid-19, durante la mayor parte del año escolar, generó una situación excepcional para la cual la mayoría de los colegios no estaba preparada en el uso del internet y de las computadoras para educar de manera virtual. Esto, sin olvidar la situación de pobreza y exclusión de los estudiantes (más del 60% no accede a internet, ni tiene computador en su casa) y de las escuelas públicas para acceder y usar las tecnologías de la información y comunicación (TIC). 

No propongo una tarea sencilla. El profesor de la Universidad de Virginia Charlottesville Erik D. Hirsch sostiene que “la repitencia tiene un efecto muy indeseable en los chicos que no pasan de grado, porque los coloca en una situación humillante. Pero la promoción automática, con fines sociales, para evitar que el chico abandone la escuela, es igualmente devastadora”.

Al contrario, aprobar a todos los estudiantes demandará un ejercicio de evaluación mayor, porque en cada colegio los profesores del grado, más los de nivel o ciclo, deberán valorar a los alumnos y determinar qué pasó durante el año escolar con cada uno de ellos. Por ejemplo, establecer quiénes, además de conexión y virtualidad, cumplieron con sus deberes, tuvieron voluntad, actitud y querer; quiénes no tuvieron acceso a las TIC, pero se esforzaron y mostraron actitud y esfuerzo, pues a todos ellos habrá que resaltarles su trabajo y disposición y por eso sería muy bueno premiar o exaltar a cada uno de estos estudiantes. También hay destacar que, este año, como nunca antes, aparte de al estudiante se está evaluando a la familia, al respectivo padre o responsable.

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Además, el colegio deberá hacer notar cuando, teniendo acceso a las TIC y demás ventajas, el estudiante no tuvo actitud y compromiso; eso debe ser reprochable y ojalá se hable a fondo con los estudiantes y sus familias del privilegio en contravía del desarrollo personal y social.

Sin embargo, el caso más grave será determinar quiénes desertaron por voluntad propia, con seguridad debido a pobreza, necesidades especiales o porque estaban buscando una disculpa para hacerlo y la obtuvieron con la pandemia. Hay niños o adolescentes que, queriendo estar, nunca tuvieron la posibilidad de volverse a conectar con la escuela y sus maestros, por ejemplo estudiantes del sector rural o niños cuyos padres, por imposibilidad económica o desconocimiento, olvidaron la escuela.

Aclaro que los colegios privados que mantuvieron educación virtual sin mayor dificultad durante el año escolar, con seguridad tendrán los elementos necesarios para evaluar y promover de grado, o no, a los estudiantes.

La promoción automática parte de la propuesta de aceptar que los maestros y los estudiantes disponen de medios tecnológicos diferenciados en acceso y calidad (pensando en los mínimos necesarios) y que, por lo tanto, no se debe castigar a quienes no cuentan con estas herramientas tecnológicas o no tuvieron el apoyo de los padres de familia. Por ejemplo, qué hacer con los niños entre cuatro años y 12 años, o más, que dependen de las acciones y decisiones de los padres.

En estas circunstancias, el sistema educativo está enfrentado a un enorme problema: la repitencia es un factor de deserción y miles de niños podrían perder el año porque no alcanzaron las competencias o logros previstos durante 2020, esta vez no por su culpa, sino por diversos factores que afectaron el desarrollo normal de los cursos o incidieron para interrumpir su trayectoria escolar.

También, otros alegarán que la promoción automática puede inducir a una cultura del no esfuerzo y en algunos casos la pérdida de autoridad de los docentes, quienes aún utilizan la nota como sinónimo de autoridad y miedo. Así mismo, otros se preguntarán cómo mantener la motivación, el compromiso y las responsabilidades con el proceso educativo en 2021, si los estudiantes, de manera especial los adolescentes, y los padres de familia llegan a suponer que esta situación se repetirá.

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En el caso de la educación pública, ocurrieron casos como este: en un curso de 30 estudiantes, 12 tenían acceso a internet y computadora o se conectaban por el celular con datos. Ustedes se podrán imaginar la situación de un docente que cita a 30 estudiantes, dentro del horario escolar, de los cuales solo aparecen 10 u 11 en pantalla. Algunos, a pesar de tener acceso, no pueden porque no tienen acompañante o sus padres están trabajando y utilizando el único computador que hay en casa.

Esta situación, la imposibilidad de educación virtual en tiempo real, para todos los estudiantes de un curso o grupo, obligó a cerca del 80% de los maestros oficiales a trabajar con guías, celular y WhatsApp, y a apoyarse en algunos casos en las redes sociales.

Los colegios y los docentes no pueden aplicar en esta coyuntura decisiones como que los estudiantes con alta inasistencia o bajo promedio de notas, en el transcurso de año, automáticamente repetían año; por el contrario, deberá prevalecer el criterio de confiar en la capacidad de recuperación del alumno y en la innovación y los esfuerzos de los maestros para que esto ocurra.

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Según el artículo 6° del decreto 1290 de 2009, por el cual se reglamenta la evaluación del aprendizaje y la promoción de los estudiantes de los niveles de educación básica y media, corresponde a cada institución escolar determinar los criterios de promoción escolar de acuerdo con el sistema institucional de evaluación de los estudiantes. El decreto también determina que el establecimiento educativo definirá el porcentaje de asistencia que incida en la promoción.

Luego, cada colegio, en el marco de la autonomía escolar, deberá preparar una propuesta para reglamentar, solo por este año, la decisión de la promoción automática. Para su aprobación, se sugiere utilizar los medios de participación previstos en la institución escolar: consejo directivo, consejo académico y comisiones de evaluación.

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