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Opinión

  • | 2019/12/10 00:01

    No todo es malo: salvar el régimen simple en el alboroto de la reforma tributaria

    La nueva presentación de la reforma tributaria desató algunos debates en donde hay una mezcla de fatalismo exagerado, politiquería y algunas cosas por rescatar. Si bien estoy de acuerdo con algunos colegas economistas en las críticas, hay un tema que vale la pena salvar, con unos ligeros cambios: el régimen simple.

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Hay puntos que tampoco comparto de esta reforma. El afán, las exenciones omnipresentes con la difusa y antiacadémica definición de la economía naranja, quitar el IVA por 3 días como si sirviera para algo distinto a invitar a algunas personas, que no facturan electrónicamente, a hacer trampa con los días, y más. Pero en todo esto, sigo pensando que el régimen simple de tributación trae unos beneficios importantes.

Para los que no lo recuerdan, el simple busca unificar varios impuestos bajo tarifas diferenciadas, tanto para persona natural como jurídica. La intención es formalizar a los que no han tenido incentivos para hacerlo, porque todos sabemos que la formalización en Colombia es un desafío duro, sobre todo si persisten barreras de entrada a mercados, que poco tienen que ver con la formalización. A una empresa formal no necesariamente le prestan los bancos, porque tiene que llenar toda la lista de requisitos que minimiza el riesgo de estos generosos conglomerados. En todo caso, si no se formaliza, difícilmente crecerá como una organización legal y sostenible.

Revisé algunas cifras de la Dian, que vale la pena mencionar para enriquecer el debate. Con corte al 1 de noviembre, el 22% de los inscritos en el régimen simple no tenían RUT antes de 2019, es decir que no aportaban nada en impuestos. En los municipios, la cifra mejora. Sucede que de los más de 8200 inscritos en el simple, entre el 35% y 58% de los inscritos, nunca habían contribuido a los impuestos municipales. No olvidemos que el ICA ha sido un blanco enorme de evasión en los municipios. El efecto es positivo, porque confirma lo que buscaba la Dian originalmente: unificar, simplificar y formalizar. Hay que decir que, a diferencia del simple, el monotributo no atrajo prácticamente a nadie.

Ahora, entremos a un tema espinoso. Leí una columna reciente de Francisco Piedrahita, que habla de un orangután relacionado con el simple. En su perspectiva, permitir que el tope sea tan alto para personas naturales (80.000 UVT o 2.741 millones anuales), puede generar unas inequidades importantes si tenemos en cuenta que, algunos de estos ‘doctores’ independientes (médicos, abogados & Co.), pagarían una tarifa del 8.5%. Le hallo razón al profesor Piedrahita en los topes, y creo que debería ser mucho más bajo que 80.000 UVTs, dado que solo los doctores jetsetters facturan cifras enormes cercanas a los 2.741 millones. Pero no todo es tan malo.

De todos los inscritos al simple, entre el 0,49% y 1,08% han liquidado la tarifa más alta disponible, y lo valioso es que hay algunos pequeños que están inscribiéndose también en las categorías más bajas. Ese es el factor clave, y ahí es donde el gobierno debe poner el acento. Hasta ahora, el 55% de las personas naturales inscritas son del grupo 3 (el de los servicios profesionales & Co.), motivo por el cual sí considero que el Ministerio de Hacienda debe reducir el tope, o al menos subir drásticamente las tarifas de los rangos de personas que más facturan. Si se logra corregir el tope, la virtud del simple sería un ejemplo a seguir, diferente a las medidas populistas que aparecen en otros apartes de la ley.

La Dian ha hecho unos esfuerzos importantes en esta materia, pero me da la impresión de que el Ministerio de Hacienda toma decisiones y fija criterios como quiere, y eso es un costo enorme e innecesario para el gobierno. La estructura y la esencia del simple es interesante, pero se puede enfocar más en los pequeños, así no haya recibido tanta atención de los grandes. Esto se debe, inicialmente al flujo de información, y seguramente, a que los grandes que facturan como independientes, no son muchos. Eso es típico en una sociedad extremadamente desigual como la colombiana. Con unos ajustes pequeños, se puede llegar a algo muy bueno en el régimen simple.

P.D.: En el tema de la apicultura, sigo insistiendo en que se les hace un daño brutal a los apicultores si no se incluye el polen y los otros derivados de las abejas en los excluidos del IVA. No es suficiente que se excluya la sola miel. En este país se la pasan hablando de salvar las abejas y, mientras tanto, le asestan un golpe a su única y verdadera forma de sobrevivir: su cadena productiva. Es casi igual de abyecto a andar promoviendo la vida de las abejas mientras se compran siropes sintéticos. ¡Coherencia, por favor!

P.P.S.: ¿para qué le ponen Ley de Crecimiento Económico? Las cosas por su nombre: reforma tributaria.

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