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Opinión

  • | 2019/12/03 00:01

    Emprendedores venezolanos que le ponen el alma a Colombia

    Gabriella y Carlos no se conocen, pero los une una convicción profunda de emprender y salir adelante en Colombia. Ella es odontóloga especializada, y él, un escultor prodigioso. Ambos, de origen venezolano, están transformando su entorno en Colombia. Como ellos, seguramente hay muchos más en el honor del anonimato.

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Gabriella y Carlos no se conocen, pero los une una convicción profunda de emprender y salir adelante en Colombia. Ella es odontóloga especializada, y él, un escultor prodigioso. Ambos, de origen venezolano, están transformando su entorno en Colombia. Como ellos, seguramente hay muchos más en el honor del anonimato.

Gabriella Rauso inició su aventura hace siete años, escogiendo a Colombia para hacer su posgrado en Rehabilitación Oral. Su sueño desde pequeña era crear su propia clínica odontológica en San Juan de los Morros, su lugar de origen. Trabajando como independiente durante varios años, vio una gran oportunidad en Colombia para emprender, mientras que su propio país dejaba en el olvido la prosperidad para forjar empresas. Luego de ahorrar varios años, logró crear su clínica, ODONTIA, ubicada en Puente Aranda, en Bogotá. 

Carlos Jairran, por otro lado, es un artista que tiene un talento fuera de serie. Tiene 27 años y, desde niño, modelaba figuras en plastilina como un juego. Estudió Artes Plásticas en Caracas, sabiendo que el sector es algo “hostil y cerrado”, sobre todo en este continente. Logró crear su propio estudio, fue comisionado con varias esculturas y pudo posicionarse con unas exposiciones importantes, entre ellas, en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Luego de unos años, llegó a Colombia a dar talleres de escultura. Aquí también montó su propio estudio; es maestro de escultura en la Escuela de Artes EFAI y, lidera el proyecto de escultura clásica Armatura, recreando con su propia interpretación las siluetas y actitudes de Aristóteles, Julio César, Bach, Beethoven, Poseidón y otros grandes de la historia y la mitología.

Gabriella entendió de primera mano algunas de las dificultades que viven los emprendedores en Colombia: llegó y no tenía historia crediticia. Endeudarse para sacar adelante a Odontia no era una opción. También vivió otra dura dificultad: la inseguridad. Un día, unos inescrupulosos le reventaron el vidrio del carro en donde llevaba todos los implementos para abrir la clínica. Pero como buena emprendedora, fiel al arquetipo del héroe, no se echó para atrás. Hoy emplea a varias personas, y se ha ganado la confianza de pacientes que han empezado a verla como familia.



Carlos Jairrán en su arte / Gabriella Rauso en su Consultorio

Para Carlos, el inicio en Colombia no fue fácil. Sucede frecuentemente que las personas, incluso las que se la pasan hablando de la economía naranja, se impresionan con su arte, y ya. Sin embargo, otros han apoyado sus obras y hoy, Carlos tiene la inmensa misión de velar por su familia en varios países con lo que gana. Ahora está desarrollando un proyecto expositivo para mostrar su estadía en Colombia, narrada a través de esculturas propias. Su sueño es tener una academia de bellas artes algún día, en Bogotá.

De Carlos me fascina su buena energía, sin hablar del talento innato. De Gabriella, más allá de su carácter metódico y pulcro en el trabajo, me impresiona su empuje para sacar adelante un proyecto en un mercado voraz. “Colombia me abrió las puertas siempre con mucho amor. Es un país muy próspero en el que podemos emprender. Hace dos años tengo mi clínica odontológica y con ella he logrado generar empleo para otros colombianos”, cuenta Gabriella. Carlos, por otro lado, siente algo de nostalgia, y la misma escultura se vuelve un canal de comunicación. Extraña el lugar que lo vio nacer, con su familia y sus fieles gatos, pero sabe que está impactando su entorno, inspirando, y enseñando.

Los episodios recientes en Colombia han sido un típico contexto para discriminar, generalizar y tergiversar la realidad. No caigamos en las absurdas generalizaciones que clasifican a todos como alguien malo por su origen. El ejemplo de Carlos y Gabriella nos debería servir para tomar conciencia, apoyar unos sueños y no dejar que la gente improductiva sea la que lidere las falsedades sobre las cuales se toman decisiones. Los que mejor conocen y construyen su entorno son los emprendedores. Ojalá muchos colombianos, venezolanos y todas las nacionalidades que ustedes quieran incluir, fueran como Carlos y Gabriella.

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