Opinión

  • | 2018/12/07 00:01

    Naranja: innovación que combina con todo

    El color de la temporada 2018-2022 será el naranja y solo los avant-garde se están dando cuenta de cómo combinarlo con sus propios trajes.

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Desde hace más de una década se escucha hablar de economía naranja, en relación inicial con las formas en que las industrias creativas y culturales tienen el potencial de convertirse en motores del desarrollo para regiones como América Latina, donde, como lo reconoce el BID, ‘la creatividad es su recurso inagotable’.

Forzadas presentaciones hemos visto sobre cómo sectores tan tradicionales como el industrial, la salud o el agro pueden colorearse del ansiado naranja – especialmente por los jugosos frutos que se prevé vendrán de su mano –, pero lo realmente importante es entender que el zumo de la naranja tiene sabor a creatividad e innovación.

Más allá del discurso político, lo cierto es que los pilares de las nuevas economías, incluyendo la naranja y la digital, resultan ser la piedra angular de las formas de hacer negocios y definir las estructuras empresariales en la sociedad contemporánea. Aquí es donde el – también conocido de antaño – ideal de la innovación, salta al ruedo y resuena como novedoso por haberle pintado rayos dorados.

Cuentos viejos con ropas nuevas que nos deslumbran sencillamente porque no hemos logrado comprenderlos a fondo y seguimos sin ver que el desafío no es de economías con apellidos sino de organizaciones que integran a su quehacer lo que hace rato está demandando el mercado.

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Desde 2010, el Informe de Economía Creativa de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por sus siglas en inglés), deja claro que hablar de creatividad no se limita a aquellas expresiones individuales que aterrizan conversaciones con las musas, sino que – precisamente desde el órgano rector de lo comercial y no de lo cultural –, la creatividad se entiende desde lo artístico, científico o económico (al menos para empezar).

La creatividad económica se refiere a “un proceso dinámico que apunta a la innovación en tecnologías de producción, prácticas comerciales y de mercadeo” (y seguimos empezando). Entonces nos ubicamos en el terreno de las prácticas – que a veces parecen artes – de la innovación.

Innovar es actuar en el ahora pensando en el futuro, innovar es adaptarse, innovar es crear a partir de lo que ya está hecho para generar mejores soluciones. Innovar es arriesgarse con una idea y transformarla en rentabilidad, así que al final de cuentas las empresas buscan lo mismo que sueña un joven artista.

¿Entonces lo naranja nos toca a todos? La respuesta es tan amplia que termina perdiendo color y queda en la gama de los grises. Todos deberíamos desayunar con creatividad e innovación, sí, porque incluso las escuelas más tradicionales de administración promueven la idea de encontrar un diferencial que nos haga salir de los océanos rojos del mercado; pero en paralelo, no todo de todos podrá ser naranja, porque por pretender sumarnos a un discurso no podemos dejar de lado que las industrias metalmecánicas o de explotación petrolera tienen un corazón que late al ritmo de lo tangible y las cotizaciones internacionales que poco se rigen por lo cromático.

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Para avanzar es fundamental entender que, como bien lo señala Diana Gaviria, Directora de Connect Bogotá Región, una de las instituciones que más ha trabajado en la lógica de innovación y economía naranja junto a la Cámara de Comercio y su Especialización Inteligente, “para consolidar la economía naranja se necesita una acción concertada entre Estado y sector privado”, pero también de lo territorial y lo académico, de los gigantes corporativos y de las startups.

Necesitamos entender que la economía naranja genera valor a través de la rentabilidad de sus productos, la creación de empleos y el amplio impacto social que logra alcanzar. ¿Pero acaso no es esto mismo lo que buscaría cualquier empresario que esté en línea con las necesidades del planeta y de los nuevos consumidores? El naranja parecer ser una moda que a todos nos podría lucir.

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