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Opinión

  • | 2019/10/12 00:01

    La preocupación por el empleo

    Mientras algunos gremios argumentan que la reducción de los salarios puede reducir la tasa de desempleo, no existe una política pública para la generación de empleo.

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Las propuestas para la generación de empleo han venido eligiendo el camino de la reducción de los salarios, especialmente de los más jóvenes a niveles del 75 % de salario mínimo, como una apuesta para reducir la tasa de desempleo que este año se ha mantenido por encima del 10,5 %. Aunque la tasa de desempleo se ha visto afectada por la migración venezolana, en su mayoría es explicada por un crecimiento lento de la economía nacional que se mantiene anclada a la exportación de materias primas, donde la demanda por mano de obra está por debajo que la demanda por capital.

Buscar reducir los precios de los salarios como una forma de hacer que los costos laborales se reduzcan, y de esa manera halla más demanda por personal, omite que la creación o demanda de nuevos empleos no está atada solo a los costos laborales (salario + prestaciones). La demanda por empleos también obedece a la necesidad de producir más para suplir el mercado interno, o para exportar. Sin embargo, la demanda interna está altísimamente ligada con la capacidad de los hogares para consumir y comprar bienes durables, no obstante, esto lo hacen con base en su ingreso disponible (salario) y en algunas ocasiones con crédito, pero cuando los hogares demandan con base en el crédito, tarde o temprano terminan reduciendo su consumo, puesto que con el crédito lo que hacen es adelantar su consumo futuro, que luego tendrán que reducir para devolver el capital y los interés de lo que pidieron prestado.  

La demanda interna, de la cual los hogares responden por el 65 %, no se fortalece si la capacidad de compra de los hogares se deteriora, al contrario, lo que termina sucediendo es que se aumenta el apalancamiento de las familias y tarde o temprano o no pagan lo que deben, o simplemente reducen su demanda por servicios y productos, ambas situaciones tienen un efecto negativo en el crecimiento de la economía. 

Por el otro lado, los empresarios contratan nuevo personal solamente cuando necesitan atender un crecimiento de su producción de bienes o servicios fruto del incremento de las ventas, no porque el costo de contratar un nuevo empleado se reduzca, el análisis que hacen las empresas está asociado a si el costo de tener un nuevo empleado será compensado por un aumento en las ventas que sea capaz de pagarlo y por supuesto ofrecer rentabilidad. Un ejemplo sencillo, es lo que sucede en la temporada de ventas de navidad, donde la rentabilidad del crecimiento temporal de las ventas es capaz de pagar la contratación de personal para atender la mayor demanda de ese periodo.

La otra propuesta que empieza a reciclarse desde dos años atrás, es un salario diferenciado por regiones, asumiendo que las diferencias en los costos de vida de Bogotá y las zonas apartadas permite que un empleado pueda ganar menos en otra región y mantener un estilo de vida semejante. Lo que no tiene en cuenta la propuesta, es que esa diferencia de costos entre zonas urbanas y rurales es el mecanismo de acumulación de riqueza de los hogares que prefieren vivir y laborar en zonas diferentes a las ciudades principales a cambio de ahorrar esa diferencia. Si esa diferencia es eliminada, también se eliminará ese mecanismo de acumulación de ahorro que tienen las familias y que explica parte de la movilidad social.

Mientras las propuestas están sobre la mesa, el Gobierno no tiene una acción clara para la creación de empleos ya sea a través del estímulo de la demanda interna, en el pasado reciente se llamaron PIPE I y PIPE II; o el aprovechamiento de la ventaja que da la tasa de cambio ahora en $3.400, para incrementar las exportaciones no tradicionales nuestros socios comerciales; tampoco para incrementar la inversión extranjera en sectores como la infraestructura, la manufactura, o los servicios, todos ellos buenos generadores de empleo. En cambio de la puesta en marcha de una acción de ese estilo, los movimientos van en búsqueda de financiar el gasto corriente y reducir la inversión, olvidando que si el desempleo sigue como va pronto pasará el cobro a la calidad de la cartera de crédito y obviamente a la actividad económica.

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