Opinión

  • | 2018/03/16 00:01

    Inteligencia Artificial: el apocalipsis de los negocios tradicionales

    ¿Ha pensado quién tomará las decisiones de su negocio en los próximos años? Tal vez sea usted o tal vez un algoritmo.

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Sin lugar a dudas, uno de los adelantos más significativos que añaden las tecnologías a los negocios está en el procesamiento de información. Está claro que nadie podría leerse todos los análisis del mundo ni comparar en tiempo real los movimientos de la bolsa o de un sector económico, esa es una tarea que las máquinas pueden ejecutar mucho mejor que nosotros.

Entonces salta al ruedo el temor por los robots y un mundo manejado por ellos, donde los humanos no somos más que baterías proveedoras de energía. El apocalipsis mecánico suena aterrador, pero, sin desconocer la fatídica idea de que podría darse, lo cierto es que ya estamos viviendo un apocalipsis de los negocios tradicionales cortesía de la nueva forma en que se toman las decisiones.

Al hablar de negocios tradicionales me refiero no a la panadería de la esquina ni al almacén de ropa con facturación manual. Estos pueden ser ejemplos, pero al final lo tradicional se refiere al modelo de negocio y al modo en que se genera valor (y no solo el económico), ubicando a la tecnología en uno u otro lugar de la estrategia corporativa.

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Bien lo proyectó el Foro Económico Mundial hace unos años, y es que a 2022 los negocios de cualquier sector o tamaño que no estén capitalizando los canales digitales estarán fuera del mercado. Entonces, ¿cómo entra al juego la inteligencia artificial?

Sobre el pensamiento de las máquinas se habla desde la segunda mitad del siglo pasado y se han desarrollado soluciones técnicas casi desde entonces. En los años ochenta hubo un pico de expectativas y en los noventa el desencanto. Ahora, con más facilidades de desarrollo y mayores posibilidades de masificación, los entes resurgen de las cenizas y podrían estar viviendo un nuevo ciclo de emoción – decepción – adopción (esperemos que la decepción sea corta y bien manejada).

Sabemos que las máquinas pueden realizar procesos de análisis y de predicción. Sabemos que tienen más capacidad de ‘lectura’ que cualquiera de nosotros. Sabemos que nos llevan la ventaja al no sentir hambre, sed, ni cansancio. Ahora lo que está por definirse es nuestro papel frente a ellas y de el de los dos frente a los negocios.

Habilidades como la respuesta en tiempo real, la disponibilidad permanente y el control de las emociones se han asociado desde hace tiempo al perfil de los ejecutivos exitosos. Las máquinas tienen todo eso (y como plus tampoco se enferman ni piden vacaciones). Pero es la empatía aquello en lo que no nos superan, entonces, tal vez este es el camino.

Si los nuevos consumidores están ávidos de experiencias, esto significa que los nuevos negocios serán exitosos en la medida que puedan proveerlas; resulta entonces que las máquinas no conocen el vacío en el estómago de la montaña rusa, ni el shock de adrenalina que suponen las compras impulsivas. Punto para los humanos y los negocios pensados por y para ellos, solo para esbozar un ejemplo.

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El panorama que abren los entes de inteligencia artificial es amplio para los negocios y nuestra propia especie. Sin embargo, más allá de pretender que sea un algoritmo el que tome las decisiones empresariales, todavía falta tiempo y desarrollo para llegar a una operación plug-and-play (conecte y opere), donde la súper computadora se enciende sabiendo del negocio y todas sus aristas con suficiencia para sugerir caminos acertados.

Las máquinas también están en un proceso de aprendizaje y son los líderes de cada sector las que deben entrenarlas. El proceso tal vez sea lento y poco rentable al principio, pero sin lugar a dudas, ser los primeros será mucho mejor que estar entre los rezagados tecnológicos del siglo XXI, que estando avisados, evitaron tomar aquella decisión que sí les era imperativa: conectarse, transformarse y sacar provecho de las posibilidades que abren tecnologías. 

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