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Opinión

  • | 2020/08/10 00:01

    Infodemia

    La llegada del coronavirus nos reveló un mal de fuertes proporciones y de gran impacto negativo para las personas, el de la avalancha sin precedentes de información (sin calificación ni clasificación) a nivel mundial. A esa cantidad de información se le denomina "infodemia".

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Antes de los medios digitales, la comunicación iba de medios tradicionales a las personas, y de ahí se llevaba a las mesas de discusión. La radio, la prensa, pero, sobre todo, la televisión ponían la agenda diaria. Actualmente, la información llega directamente de manera digital a cada persona, bien sea por lo que consume regularmente en páginas de medios, blogs o redes sociales o porque los cercanos lo publican y lo comparten en sus redes sociales o WhatsApp. Y, por lo mismo, esos contenidos, generalmente sin filtro, pasan del ámbito privado al público y regresan de lo público a lo privado.

Sin embargo, algunos de esos mensajes pueden ser falsos o inexactos y, de acuerdo con un estudio de Sinan Aral, las noticias falsas viajan más rápido, a segmentos de audiencias más amplios y de manera más profunda que cualquier otro tipo de información.

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Pero vamos por partes. ¿Es dañina la infodemia? En general tenemos un conocimiento limitado como seres humanos. Casi todo lo que sabemos ha llegado a nosotros por medios indirectos, por lo que el consumo de contenido y la creencia sobre si es verdadero o falso es compatible con los intereses de cada individuo, pero, sobre todo, con sus miedos y prejuicios.

Cuando el contenido está relacionado con esos miedos, las esperanzas o con un tema del cual no sabemos nada, pero cuyo enfoque concuerda con nuestros intereses, somos más proclives a considerarlo como cierto.

Ahora bien, la noticia per se no es buena o mala; lo que cuenta es la intención que hay detrás de la difusión de esta: desprestigio, engaño, inducción a error, obtener ventajas económicas, desestabilizar mercados, manipular decisiones, sembrar pánico o especular, entre otras cosas. Ahí se vuelve un problema para la sociedad en general. De manera personal, las noticias falsas pueden afectar nuestra economía, inversiones y el valor de nuestros negocios.

¿Cómo se puede clasificar la infodemia? La llegada de la pandemia a nivel mundial, el encierro de grandes poblaciones, la preocupación por la salud y la economía, la búsqueda de una vacuna y las cuarentenas trajeron una avalancha sin precedentes de información que dificulta que las personas puedan seleccionar el contenido de fuentes confiables y fidedignas.

Algunos de los riesgos de la infodemia son que, con tanto contenido, se torna difícil tomar decisiones o se decide de forma errónea por las fuentes en que se consultan. Igualmente, pueden agobiar a los lectores e incluso hacerlos sentir más ansiosos, sufrir depresión o agotamiento emocional.

Todos los tipos de contenido se pueden clasificar por nivel de especulación e impacto:

  • Datos duros que causan alto impacto emocional en las personas generan estrés, inducen al estado de alerta y llevan a las personas a actuar.

  • Información no confirmada que causa alto impacto emocional, provoca paranoia en las audiencias digitales y lleva a las personas a actuar.

  • Datos duros que causan impacto emocional moderado o bajo en las audiencias digitales y las mantienen informadas.

  • Información no confirmada que provoca impacto emocional moderado o bajo en las audiencias digitales y que las mantienen expectantes.

¿Qué tendríamos que implementar para disminuir la infodemia y no caer en noticias falsas? Hay que tener en cuenta lo que dijo Joseph Goebbels: “una mentira contada una vez sigue siendo una mentira, pero contada mil veces se convierte en verdad”.

Así como los países están luchando para evitar la propagación del virus, asimismo lo tenemos que hacer con la información falsa. Infortunadamente no hay una cura como lo sería una vacuna, por lo que hay que actuar en diferentes frentes:

Consumidores: como todo, es un tema de educación. Es necesario educar a los consumidores de contenidos a desconfiar de las letras en mayúsculas, de las URL que se parecen a los sitios que usualmente consumen, verificar si otras fuentes confiables traen la noticia, realizar una búsqueda inversa de las imágenes y videos que trae el contenido y analizar la sección de “acerca de” o “about” del sitio.

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En las plataformas de dispersión: aunque algunas plataformas como Twitter, Facebook y YouTube están implementando nuevas maneras de localizar y bloquear las noticias falsas o manipuladas, gracias a la inteligencia artificial, mientras el modelo de negocio de estas siga siendo el de la publicidad, será muy difícil lograr un avance significativo, porque seguirá prevaleciendo el dinero del anunciante sobre la calidad del contenido.

Una de las soluciones probables sería la de cambiar el modelo de publicidad a suscripción. El usuario tendría que pagar por el contenido. Asimismo, modificar los algoritmos que tienden a polarizar a los usuarios al presentarles solo contenido que se parece al grupo de personas con las que se relaciona o a las páginas que dan “me gusta”, porque eso sesga aún más la información que recibe y no permite crear otros juicios de valor.

En los gobiernos y autoridades: no es la generalidad, pero varios gobernantes son partícipes de la dispersión de noticias a medias, conspirativas o incluso falsas, en aras de desviar la atención de temas o anticipar una respuesta negativa ante la crisis. Sobre todo, aquellos gobiernos con tintes populistas.

En este sentido, el trabajo debe ser a nivel mundial, de incentivar penas estrictas a la difusión de contenido falso de manera deliberada, así como fortalecer leyes que promuevan la responsabilidad en línea y crear entidades autónomas que puedan ser fuentes fidedignas de comprobación de los hechos.

Con tecnología: el avance de la ciencia de datos ha permitido crear algoritmos que puedan no solo identificar las noticias falsas, sino, de manera eficiente, predecir la creación y propagación del contenido. La anticipación se logra entendiendo los patrones de comportamiento de las audiencias de interés en medios digitales, cuando viaja el contenido de lo privado a lo público, y, para entender el impacto, se requiere analizar los patrones de las reacciones de dichas audiencias.

Una de estas plataformas que mide la infodemia y ha llamado mucho la atención, pues potencia la calidad y veracidad de la información es Xpectus by Metrics, sistema méxico-colombiano, que con algoritmos propios e inteligencia artificial puede calificar y clasificar en tiempo real los mensajes.

En todo esto, el problema fundamental es quién decide o podría decidir si algo es verdadero o falso. La respuesta sigue estando lejos de ser resuelta.

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