Opinión

  • | 2017/08/30 00:01

    Aquí hay ‘gato encerrado’

    Trump puede, inadvertidamente, haber puesto en peligro los bienes de las Farc en la República Bolivariana. De todas formas, a ese ‘gato encerrado’ hay que desenmascararlo.

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Que un grupo que llevaba 53 años delinquiendo, y que había estado involucrado en algunos de los negocios más rentables del planeta, tenga que incluir ridiculeces como traperos, exprimidores, vasos, platos, sal de frutas y cirugías del pene para resarcir a las víctimas del conflicto, da serios indicios que aquí hay ‘gato encerrado’. En su excelente libro, “El Dorado de las Farc”, los autores Camilo Chaparro y Eccehomo Cetina, afirman: “Al lado de la máquina de guerra, la guerrilla ha montado una gran empresa de negocios lícitos e ilícitos en el país. Con los ilícitos ha nutrido en casi todo el territorio los negocios legales de finca raíz, construcción, ganadería, agricultura, transporte, minería y empresas de importación y exportación de todo tipo de productos. Y miles de millones los ha destinado a pequeños comercios desde tiendas, restaurantes y ferreterías, hasta hoteles y supermercados de baja categoría.”

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No nos digamos mentiras: las Farc intencionalmente han incluido una serie de ridiculeces porque tienen la intención de desviar la atención sobre los verdaderos activos en manos de esta organización, ya sea de manera directa, o a través de familiares y testaferros. Las Farc tenían 60 frentes (casi todos con negocios de narcotráfico o minería ilícita), lo que significaba que al año este grupo guerrillero recogía como mínimo 45 millones de dólares, casi todo en efectivo. El enorme desafío de la Fiscalía es identificar, rastrear, y encontrar los bienes no declarados de las Farc, y para ello es indispensable que se asesore de personas y de firmas nacionales e internacionales especializadas en identificar bienes ilícitos. Creo que la Fiscalía no debe vacilar en ofrecerles a estos ‘caza fortunas’ un porcentaje importante de los activos, incluyendo las caletas, que se logren recuperar. El ‘Grupo de Búsqueda’ de la Fiscalía lo primero que debería hacer es revisar a fondo todos y cada uno de los computadores incautados a estos bandidos, en especial los que le quitaron a Raúl Reyes y al ‘Mono Jojoy’, información que en mala hora la Corte Suprema suprimió como evidencia con el espurio y estúpido argumento que se había roto la ‘cadena de custodia’. Esa información, naturalmente, se les debe filtrar a los ‘caza fortunas’.

Al quedarles complicado a las Farc reciclar los recursos mal habidos por los canales tradicionales (es poco el dinero ilícito de la guerrilla que les ingresaba por el sistema financiero nacional e internacional), es muy probable que buena parte de estos recursos sigan enterrados en caletas. Según Chaparro y Cetina, “La orden del "Mono Jojoy" en su día fue tajante: la fortuna se queda bajo tierra custodiada por guerrilleros a quienes hace infiltrar como campesinos. Pero el resto aún sigue enterrado en los corredores secretos que dejaron las Farc en seis décadas de guerra por todo el país. Desde El Cañón de Las Hermosas hasta La Uribe; desde los campamentos del Urabá y toda la costa del Pacífico hasta la Orinoquía; desde la mítica región de Marquetalia en Planadas, Tolima, hasta Los Montes de María; desde el Trapecio Amazónico hasta El Cagüan, yace un banco inagotable en sus entrañas.”

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Para el rastreo a nivel internacional de todos los bienes que han y pueden seguir siendo de las Farc, las pistas probablemente están en los representantes y los familiares que muy seguramente se han prestado a ser los hombres y mujeres ‘de paja’ de esta organización en Cuba y en Venezuela, como en ciertos países europeos como Ucrania. (No es realista pensar que los familiares y representantes del secretariado lleven treinta años en Europa viviendo es de la caridad pública) La identificación de estos recursos no va a ser fácil: los millones de dólares en efectivo obtenidos por los cárteles colombianos, entre ellos las Farc, por la venta de droga en Estados Unidos y Europa encuentran su camino a los bolsillos de los narcos a través de un sofisticado sistema de blanqueo de capitales conocido como BMPE o Black Market Peso Exchange (mercado negro del cambio de pesos), y heredado de los traficantes colombianos que lo usaban ya en la década de 1980. Pero parte importante se quedaba en Europa y Venezuela para financiar las actividades de esta guerrilla, por no hablar de las coimas a las autoridades venezolanas. El secreto del manejo de los fondos está es en los frentes disidentes de las Farc.

Trump puede, inadvertidamente, haber puesto en peligro los bienes de las Farc en la República Bolivariana. De todas formas, a ese ‘gato encerrado’ hay que desenmascararlo.

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