Opinión

  • | 2017/09/04 00:01

    Comprar con el rumor, vender con la noticia

    Debemos recordar que los venezolanos nunca pensaron, ni se les ocurrió, imaginar que llegarían a donde llegaron. Acuérdense que lo difícil no es subir a una vaca a un árbol, lo verdaderamente complicado es bajarla; o si no pregúntenle a Maduro.

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El título de este artículo es una frase que durante muchos años se utiliza en el mercado de futuros, de derivados y, en general, de toda clase de activos sujetos a especulación. No es más si no la explicación sobre la cual los mercados se mueven antes que se conozcan las noticias.

De alguna manera, las personas que especulan en los mercados utilizan diferentes metodologías o estudios para la toma de decisiones de inversión. Una de ellas, el análisis técnico, otras, los rumores y expectativas del mercado, estas también son un camino para lograr el precio.

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Vale la pena diferenciar tajantemente entre el rumor y la información privilegiada. Esta última, claramente prohibida por ley, se diferencia del simple rumor o la expectativa en que es información verídica a la que, por sus características, tienen acceso pocas personas antes que el resto del mercado. Ella, al ser información relevante sobre un activo del mercado público, pone en desventaja a los que no la conocen.

Muchas veces ese rumor o expectativa es cosa de minutos, como cuando se reúnen los bancos centrales a tomar medidas de mover tasas de interés; donde operadores venden o compran títulos del gobierno dependiendo de su expectativa y aprovechan el rumor para después, cuando salga la noticia, para cerrar lo anteriormente hecho.

También se pueden tomar posiciones a plazos mucho más largos donde el rumor, o la expectativa, puede demorarse por diferentes razones; porque se necesite una ley para lograrse o porque sea un hecho factible pero no controlable como lo es una guerra, o una catástrofe, por ejemplo.

En Colombia la volatilidad del precio del dólar depende mucho del rumor; de cuando monetiza el gobierno, del ingreso o salida de recursos por cuenta de alguna operación puntual, de los días de pago de impuestos, de emisiones de bonos etc.

Muchas personas se preguntan cuál es la razón por la que desde que subió a la presidencia de los Estados Unidos Donald Trump, los mercados accionarios no han dejado de subir cuando los medios de comunicación y, en general, el mundo ve con mucha incredulidad y susto lo que está sucediendo. Lo que no se acuerdan muchos es que existe la expectativa de disminución de impuestos y de cierre de fronteras para comprar más productos “Made in USA”, lo cual, aunque no se ha puesto en práctica todavía, si llega a suceder debería aumentar el desempeño de las compañías listadas.

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Las elecciones son otro termómetro para los mercados donde los especuladores hacen fiesta. Las expectativas de quién va a ganar, los resultados de las encuestas y, dependiendo si está en peligro o no el modelo económico, hacen que se tomen posiciones que generalmente provocan bastante volatilidad en los mercados. Hasta ahora en Colombia los mercados están tranquilos, esto quiere decir que la expectativa es que gane uno de los candidatos pro mercado, pero a medida que nos acerquemos a la fecha de la elección, y si las encuestas lleguen a mostrar que un candidato como Gustavo Petro tiene opción de triunfo, esto puede cambiar muy fuertemente en términos de aumento de tasa de títulos del gobierno y de aumento del precio del dólar, entre otros.

No soy de los que piensan que estamos lejos de sufrir una crisis como la venezolana, pero tampoco que estamos tan cerca de ello. Lo que sí creo, es que asfaltamos la carretera para que un candidato de izquierda populista pueda llegar más fácilmente al poder por cuenta adicional de la desinstitucionalización en que se encuentra el  país y Los últimos hechos de corrupción del régimen. Todo esto nos hacen menos inmunes a esta terrible enfermedad.

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Debemos recordar que los venezolanos nunca pensaron, ni se les ocurrió, imaginar que llegarían a donde llegaron. Acuérdense que lo difícil no es subir a una vaca a un árbol, lo verdaderamente complicado es bajarla; o si no pregúntenle a Maduro.

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