Opinión

  • | 2017/02/21 00:01

    Cazando empleos

    Tener un empleo y ganar lo justo es la felicidad de muchos, no tenerlo en cambio es un verdadero dolor de cabeza.

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El tema de los inmigrantes no es un caso ajeno a nuestro país, cada vez oímos más, al entrar a un almacén y preguntar por determinada cosa, acentos diferentes al colombiano, incluidas las regiones del país, y una vez terminamos la visita cuando decimos gracias, en algunos casos nos despiden con un “a su orden”, “con gusto” y el clásico “de nada” no apareció en ese intercambio.

En estos encuentros he sentido personas amables, a mi juicio “queridísimas”. Nos las encontramos en oficinas, en compañías multinacionales, locales y en varios tipos de trabajos; también en el supermercado, colegios y cada vez más ambientes.

Lo anterior nos genera unos aprendizajes muy importantes a todos los que intercambiamos aspectos culturales distintos a los que tenemos. Conocemos de comidas deliciosas y diferentes, así como a celebrar rituales que antes no hacíamos, ellos, a su vez, también aprenden por ejemplo a celebrar nuestra “noche de velitas” y otras costumbres y usos sociales, que enriquecen nuestras posibilidades de crecer culturalmente.

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No obstante a todo lo anterior, observo un fenómeno que viene pasando y por lo que en los últimos meses escucho con más frecuencia “ese extranjero se regaló y perdí la oportunidad de trabajar en esa compañía”, “nos quitan el trabajo”. Y la explicación que oigo es que la situación de sus países está tan mal que vienen dispuestos a emplearse por lo que sea y me pregunto ¿De quién será la culpa? ¿De los extranjeros que están intentando tener una mejor calidad de vida para ellos y sus familias o de los empleadores que al ver la situación se aprovechan de personas sin empleo que lucen bien capacitadas?

Surge la reflexión de si en todas las empresas se está respetando la proporcionalidad de las personas extranjeras que pueden trabajar en las mismas y/o si se está incrementando el fenómeno de la ilegalidad. Y lo pongo de presente porque en mi opinión este fenómeno se presentará menos si contamos con empleadores no tan dispuestos a tener unas ganancias de más a costa de las personas que necesitan trabajar desesperadamente y que en este caso son extranjeras. Es claro que sin ese afán de reducir costos tampoco se generaría la queja de nuestros hermanos colombianos que se han sentido desplazados por extranjeros que reciben menos paga por las mismas funciones y capacidades de un nacional o peor aún pagos inferiores a los que exigen las leyes colombianas.

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La desesperación lleva a algunos a hacer lo que sea por conseguir un trabajo y la idea es que los empleadores no se aprovechen de esa condición ni con trabajadores locales ni con foráneos. Tampoco está bien pagar más a un extranjero por este simple hecho, pues a veces, encontramos directivos que creen que el conocimiento de afuera vale más, generando en el futuro inconformidad entre sus pares e inequidad salarial en la propia empresa.

Es muy importante la responsabilidad que asumimos en conjunto tanto los que criticamos la situación como quienes la generan, así que señores empleadores: no caigan en malas prácticas que no es una caza de empleados. Es una búsqueda de todos los que tienen el sueño de mejorar, en la que la responsabilidad social del empleador, debe prevalecer para garantizar la equidad a todas las personas que hagan parte de un proceso.

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