Opinión

  • | 2008/08/12 00:00

    ¿Qué hacer con la moda?

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Sin duda la moda en Colombia es un negocio evidente y exitoso, pero parece haber llegado frente a dos grandes obstáculos. El primero es la entrada de marcas mundialmente reconocidas al país y el segundo se refiere a que nuestras marcas no se conocen internacionalmente. Evidentemente en ambos casos el problema es de posicionamiento de marca, de pricing y de canales de distribución.

Históricamente en el país las confecciones y el calzado han surgido como formas “pan coger”, para un consumo mínimo. Inicialmente las mamás tejían la ropa de los bebes y confeccionaban la ropa de los niños, para después voltear las solapas de los trajes de sus esposos. Hoy, sin duda esto se ha tecnificado y compramos la mayoría de estas piezas, pero aun remontamos calzado y heredamos ropa a los hermanos menores.

Esta concepción nos ha llevado a valorar muy poco las marcas locales, y peor aún a no conocerlas, simplemente porque estas marcas no son aspiracionales y ellas mismas no se han dedicado a posicionarse en el mercado. Mientras tanto Europa y Estados Unidos han masificado sus marcas como mitos de comercio, bien sea por ser inalcanzables o por ser las preferidas por deportistas y artistas de moda; el mundo conoce estas marcas, y las nuestras no.

Esto nos lleva a un gran choque en el mercado, que puede ser una gran oportunidad. El mercado nacional se comienza a llenar de ofertas internacionales de marcas, bien sea por comercialización directa o por la entrada de las grades cadenas de “pronta moda” como Falabella y Zara. ¿Pero seguiremos comprando ropa colombiana?, eso depende de que hagamos.

Colombia tiene muy pocas marcas reconocidas por nosotros mismos, fácilmente usted se dará cuenta que listar 10 marca colombianas no es fácil. Por esto debemos crear marcas y presentar colecciones con una frecuencia de rotación más alta, y esto solo es efectivo si se consolida una gran cadena nacional de marcas.

Uno de los grandes problemas que ha tenido la industria de las confecciones nacionales, es que al ser tan de baja escala, no logran cubrir el territorio con puntos comerciales que les permitan crecer en el mercado y afianzar su marca; el tema no es de calidad, es de escala.

Por esto, al consolidar un fenómeno de marcas sombrilla sobre las ya reconocidas y algunas nuevas, bien se puede aprovechar las dos grandes variables comparativas que tenemos: confeccionistas y diseñadores. Es el momento que Arturo Calle, Hernando Trujillo y Carlos Nieto, contraten a los diseñadores femeninos, tan conocidos en el modelaje y en los reinados, Hernán Zajar, Lina Cantillo, Francesca Miranda. Si mañana al mercado sale una colección femenina de Arturo Calle by Lina Cantillo, el mercado se mueve rápido y premia la marca con diseño e identidad.

No solo en hombres funcionaría esto, suponga líneas Leonisa por Silvia Tcherassi, o ARMI by Mabel Palacio. Esto funciona y permite contrarrestar el problema de reconocimiento de marca, canales de comercialización y masificación, lo cual es lo necesario para que el negocio sea rentable y sostenible.

Adicionalmente debemos comenzar a pensar en la creación de un gran cadena de marcas, que permita la entrada de marcas nacionales como Arturo Calle, GEF, Pronto, Leonisa y Off Corse pequeños municipios y zonas de ingresos medios bajos y bajos en algunas ciudades, donde el crecimiento de los centros comerciales no ha llegado; esquema que sin duda logra solventar el fenómeno de oportunidad de compra y causa economías de escala.

La “pronta moda” y el “full full package” nos cambio el mercado y Asia lo abarato, por eso debemos jugar con las mismas cartas. Nuestras marcas fuertes deben ser más fuertes y apadrinar otros procesos de marca (por ejemplo, Carolina Herrera es dueña de menos de la mitad de su marca, ella es una industria). Debemos salirnos del concepto de diseñador-confeccionista-vendedor, ya que esto causa ineficacia y una casi total imposibilidad de crecer en el tiempo, otro ejemplo claro de esto es Yves Saint-Lauren, quien después de haber fallecido sigue diseñando.

Es el momento que los diseñadores comprendan que ellos son creativos no empresarios, y que requieren un empresario que los represente y administre, como se hace con todos los otros artistas del mundo, porque es verdad, los diseñadores son artistas.

En Colombia Moda se presenció una explosión de creatividad y sensibilidad impresionante, pero debemos conectar este proceso con la industria, con la masificación, con la segmentación por precios y distribución, con las tendencias mundiales y no podemos olvidar, que nuestras industrias culturales como el cine y la televisión tienen un papel mucho más grande que la de una sección de entretenimiento. Nuestras pantallas deben mostrar la “humanización” de la moda colombiana, para llevarla a los hogares colombianos y del mundo. Y esto solo se logra con ideas, con acuerdos y con estrategias, no con territorios propios y secretos a voces.

 

 

*Presidente de Raddar
Colombiador.blogspot.com

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