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Opinión

  • | 2020/01/23 00:01

    Productos amazónicos desconocidos por los colombianos y que contrarrestan la deforestación

    Cada vez me sorprende menos el hecho de escuchar a algunos extranjeros hablar con más propiedad y conocimiento sobre aspectos íntimos de Colombia, que un mismo colombiano. En un reciente viaje que emprendí a Alemania, conversé con tres alemanes que conocían detalles e intimidades sobre nuestra geografía, paisajes y lugares, nuestra historia o, para el caso de esta columna, una serie de productos locales que, en teoría y por mera cultura general patria, deberíamos conocer el promedio de los colombianos. No obstante, no es el caso.

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De hecho, poca culpa tenemos los colombianos al navegar en este mar de desconocimiento. La grandeza de distractores, la preponderancia de los temas irrelevantes en los medios de comunicación y la baja asertividad por parte de los sistemas educativos desde edades tempranas, han configurado las aguas de ignorancia que nos bañan de pie a cabeza. 

Es común escuchar cosas como: “¿Dónde queda Caquetá?", "¿sacha..eh?", “ni idea qué es la gulupa”, “lo que sé es que Guaviare queda en los llanos”… Bien, para enriquecer el conocimiento y el discurso , vamos a acercar a los colombianos con la Amazonia, por medio de las columnas que me permite publicar esta vitrina.

Hábitos de consumo y diversidad

Si uno se pone a analizar con detalle los hábitos de consumo de alimentos de un colombiano promedio, estos giran en torno a una gama muy reducida de productos. En otras palabras, nos casamos con unos productos y les hemos expresado un altísimo grado de fidelidad a ellos, que concebir nuestras vidas sin ellos, pareciera un acto de lujuria. 

Nuestra aferración a los productos con los que nos hemos casado, causa que el experimentar nuevas alternativas sea un proceso complejo y costoso en términos de estrategia. El poder del marketing de las grandes multinacionales de alimentos (e incluso empresas y gremios nacionales), ha logrado manipular nuestra libertad de toma de decisión de consumo hasta el punto que sucedan cosas como que un almuerzo sin arroz no es almuerzo. O que la leche y los huevos sean ítems obligatorios para el desayuno.

Pareciera que mi columna fuese una oda de desprestigio marchista contra los productos que comemos. Pero no, no lo es. Es simplemente un análisis descriptivo de una realidad que caracteriza nuestro consumo desde hace ya varias décadas en el mundo. Lo invito a que cuente los productos que caracterizan su dieta en el año y estoy seguro de que no logrará contar más de 50. De ellos, evalúe cuáles son los más recurrentes en su dieta semanal y tendrá una lista no más de 20. Aquí lanzo algunos que seguro usted, su vecino, su pareja, su profesor o colega también tendrán en su lista y que consumirán de manera regular: huevos, leche, arroz, café, chocolate, naranja, pasta, carne de res, pollo, tilapia, carne de cerdo, sal, azúcar, panela, plátano, tomate, cebolla blanca o roja, ajo, papa, queso, pan, arepa (maíz). Ahí están mis 20. Apuesto que de ellos, al menos usted tiene 10. 

Del ejercicio deduzco que el análisis que planteo sobre la limitación libertaria con relación a nuestras decisiones de consumo, si puede ser considerada como un hecho. Anticipo los palos y contraargumentos al respecto. Pero, si bien nadie nos obliga a comprar huevos y arroz, estos productos ya están tan incrustados en nuestro código genético que el hecho de darle un giro a la toma de decisión, limita nuestra libertad de elección (lo del código genético es metafórico y lo digo con el fin de evitar debates innecesarios).

Estas columnas, y agradezco a este  medio que me publica, son una oportunidad para dar a conocer algo más de nuestra variedad dietaria. Iniciaré con un resumen genérico de una categoría incrustada entre lo que técnicamente se conoce como los productos forestales no maderables del bosque, y durante el año expondré casos particulares con el objetivo de exponer la funcionalidad y los beneficios que derivan los consumidores al elegir estos productos. 

¿Qué son los productos no maderables del bosque y por qué debemos conocerlos?

Los productos no maderables del bosque siempre han estado en nuestras selvas y sus habitantes los han sabido utilizar y aprovechar de manera sabia y responsable durante años. No obstante, para nuestra sociedad de consumo occidentalizada, estos productos son apenas conocidos y empiezan a emerger como la gran panacea de consumo. Se desconoce en algunos casos y/o comunica muy poco sobre su idiosincrasia, sus características y su funcionalidad. 

Este tipo de productos son hoy en día catalogados como exóticos y/o base para el desarrollo de la industria cosmética y de alimentos. Por sí mismos no contrarrestan la deforestación tal y como lo sugiere el título. Lo que lo hace, es el hecho de que su producción, de manera organizada y planificada, permite que los habitantes y comunidades de la amazonía generen ingresos a partir de esta actividad productiva y con ello, encuentren un incentivo para alejarse de prácticas de generación de ingresos que ponen en peligro a los bosques (ejemplo: minería ilegal, cultivos ilícitos, ganadería extensiva). Esa es la principal razón por la cual apostarle al desarrollo de estos productos es también una apuesta de desarrollo económico rural sostenible en la región amazónica de Colombia. 

Esta columna no es una oda a la producción desmesurada de estos productos (sustituir selva por cultivos). Refuerzo lo dicho en el párrafo anterior:la planificación concertada junto con las autoridades ambientales, que le apunte al aprovechamiento de terrenos existentes de potrero por nuevas siembras de estos productos, es una alternativa de desarrollo social, ambiental y económico para nuestra amazonía. 

Sin embargo, la ecuación sigue inconclusa con la anterior explicación. A punta de estos productos no se logra contrarrestar la deforestación. La lógica económica sugiere que toda producción debe tener un comprador para que el sistema funcione. Es por ello que nosotros, los consumidores, entramos a jugar un papel importante en el funcionamiento del sistema. Y pues, siguiendo con el hilo de las lógicas y el sentido común, motivar a los consumidores significa hacerle a estos productos pedagogía comercial, pedagogía en salud, pedagogía en belleza y pedagogía socioambiental para que el interés en conocerlos, explorarlos e incluirlos en los hábitos de consumo, empiece a ser una constante. 

Amamos tanto el arroz que no nos imaginamos un almuerzo sin este producto. Pero, ¿qué tal incluir en nuestra dieta al sacha inchi, al camu camu, la castaña, la cocona y otro tipo de productos originarios de nuestra selva?

En las siguientes columnas analizaré cada uno de estos productos. Feliz día. 

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