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Opinión

  • | 2020/07/30 06:01

    Nunca deje perder una buena crisis

    Y es que cuando se decanta la emocionalidad inicial que inexorablemente viene con cada crisis, las crisis abren ventanas de oportunidad que plantean perspectivas de cambio nuevas, diferentes y, para ser franco, algunas veces renovadoras.

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El primer capítulo del libro Crisis: cómo reaccionan los países en los momentos decisivos, del premio Pulitzer, Jared Diamond, está dedicado a la crisis personal, a sus enseñanzas, a su manejo y a la capacidad que, de alguna manera, tenemos los seres humanos de salir de esa época difícil fortalecidos.

Esta capacidad del ser humano de salir con fuerza y renovado de la crisis, lo explica, según Diamond, el carácter chino wei-ji, que traduce  “crisis”: wei significa "peligro" y ji significa "punto crítico, oportunidad”.

Y es que cuando se decanta la emocionalidad inicial que inexorablemente viene con cada crisis que implica necesariamente hacer el duelo respectivo porque, en general, llega con pérdidas de diversa índole que, sin duda, duelen—, se abren ventanas de oportunidad que plantean perspectivas de cambio nuevas, diferentes y, para ser franco, algunas veces renovadoras.

La crisis no ha pasado y, por lo tanto, en momentos en los que la pandemia apenas desnuda con su crueldad algunas de las secuelas que dejará, es todavía precipitado plantear decisiones definitivas y calibrar las consecuencias finales a las que nos veremos abocados. Sin embargo, tampoco estamos como hace meses, cuando era imposible dimensionar la situación y, por ende, difícil establecer el tamaño del impacto.

Ya hay consecuencias, infortunadamente graves, y ya hay elementos de diagnóstico suficientes para determinar, con algo de perspectiva, que de cara al futuro hay ciertos ajustes, que, aunque dolorosos, van a tener que asumirse como permanentes de cara a un futuro que se plantea, al menos, diferente.

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Al margen de la dimensión del daño y bien difícil que exista alguien que no lo haya sufrido en alguna proporción—, lo interesante de la reflexión de Diamond es que, como en casi todo en la vida, salir del problema tiene método. Al margen de que nos sintamos, generalmente por experiencias previas, capaces de salir de esta nueva crisis por habilidades construidas, hay ciertos pasos que, aunque parezcan intuitivos, ayudan, una vez aplicados, mucho de cara a su manejo. Algunas claves de esta terapia “Diamondina”:

  • Reconozca que está en crisis. Hay momentos en que tocar fondo es la base que da impulso para salir. Nada peor que ignorarla, evitarla o darle largas emocionales a su impacto.
  • Acepte su responsabilidad. De nada sirve echarle la culpa a alguien más, ni al universo, ni asumirse como víctima. El único capaz de salir del problema es usted.
  • Identifique y delinee el problema a ser resuelto. Dele un marco de referencia. Establezca todo aquello que funcione bien y aquello que necesite ser arreglado. No creo en los cambios radicales. La mayoría son cambios selectivos.
  • Apóyese en otros. No es momento de vanidades ni de exaltación de su ego. Acudir a los demás, tanto para el paso número uno de terapia emocional como para la construcción de estrategias es no solo necesario; es inteligente. Implica, sí, un acto de humildad.
  • Acuda a mentores: hay mucha gente que ha pasado por sus circunstancias y las superaron. Elegir con tino a algunas de estas personas puede acelerar por mucho su proceso.
  • Fortalezca su confianza: identificarse como alguien capaz, independiente y con un sentido de propósito es fundamental.
  • Haga un autodiagnóstico de capacidades descarnado y honesto. Acudir a otros para validarlas es útil. No parta de percepciones. Entender sus fortalezas y sus descarriladores es fundamental.
  • Ármese de paciencia. Estos procesos demoran, a veces, más de lo presupuestado. Planee como si fuera a tomarse más tiempo de lo previsto.
  • Sea flexible. La rigidez apunta a soluciones únicas que se vuelven enemigas de la exploración de alternativas.
  • Tenga claros sus valores: hay creencias centrales a nuestra identidad que las trasladamos a nuestros códigos morales y son brújulas de nuestro comportamiento. Hay que tenerlos claros y hay que saber cuáles son negociables. Nada peor que traicionar nuestros principios en aras de una “solución”.
  • Finalmente, aligere el equipaje. Hay lastres en nuestra vida que pesan montones y, al final, eran prescindibles. Déjelos ir: ya tendrá tiempo de recuperarlos.

Las crisis pesan, pero son pasajeras. Como decía Churchill: “no deje perder una buena crisis”.

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