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Opinión

  • | 2018/10/08 00:01

    Mi bolsillo no aguanta más

    Todas las crisis económicas del capitalismo se resolvieron estimulando la demanda, el consumo. En Colombia, los dirigentes anti-gravitacionales esperan demostrar que es posible hacerlo empobreciendo a la clase media. ¿Cuál será el resultado?

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La Ley de la gravedad parece no aplicar en Colombia. El debate académico sobre las fuentes de creación de riqueza está superado en el mundo desarrollado hace décadas, pero en Colombia, a pesar del fracaso en este aspecto, quienes han promovido el atraso pierden en la evidencia, pero ganan las votaciones. Caen para arriba.

Los factores de producción de Colombia son abundantes, como bien lo saben las grandes corporaciones mundiales que tienen presencia en el país, y la clase política tradicional que lleva décadas legislando y gobernando para beneficiarlas.

Un escenario diferente vive la población: mientras Estados Unidos tiene un ingreso por habitante anual promedio de US$57.000, Francia US$36.000, Canadá US$42.000, España US$26.000, Chile US$13.790, el de Colombia es ¡atérrense! US$5.805 y cayendo.

Una Constitución, centenares de leyes, miles de decretos, cientos de miles de discursos, promesas y reformas, para terminar en un ingreso de $1‘450.000 mensuales por habitante; La prueba más fehaciente de la ineptitud de quienes han dirigido a la Nación.

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Aunque no lo crean, a esa clase política le parece que no es suficiente. El ministro de Hacienda de Colombia, el mismo que hace negocios con empresas de papel en la guarida financiera de Panamá, está cansado de decir y repetir que el salario mínimo colombiano es muy alto, aunque en realidad es 1/7 del de Australia, 1/6 de Irlanda, 1/5 de Francia y Canadá, 1/4 de Corea y 1/3 de España, todas naciones más competitivas en el comercio mundial, con más y mejor desarrollo empresarial, más equitativas y con mejor calidad de vida que Colombia.

Es decir, que la competitividad que buscan Duque, Carrasquilla y sus compinches no es la del mundo desarrollado, sino la de Burundi, donde el ingreso per cápita es 7 veces más bajo que en Colombia.

Como ganaron las elecciones, estos buenos muchachos radicarán en el Congreso de la República una reforma tributaria, camuflada de ley de financiamiento, que propone aumentar el IVA y reducir impuestos a las empresas. Una de las ideas que ya se conocen, con la que el Centro Democrático ha iniciado el acostumbrado engaño, es que van a bajar el IVA de 19 a 16, pero ampliándolo a la canasta familiar. Los cálculos del ministerio de Hacienda muestran que esto significará un recaudo mayor en $33,4 billones en los próximos cuatro años, y una rebaja en US$57,1 billones a las empresas.

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El IVA es un impuesto regresivo, es decir, que hace que la sociedad sea más desigual. De aprobarse esta reforma, el decil más pobre de la población tendría que destinar el 25% de su ingreso a pagar este impuesto, mientras el decil más rico destinaría el 4,9%. Asimismo, la clase media sería la responsable por el 40% del ingreso adicional de este recaudo, que tendría que pagar en promedio 3 veces más IVA, con relación a su ingreso mensual, que lo que paga hoy.

El principal problema de los empresarios del país no son los impuestos, sino que un Estado ineficiente y corrupto se ha convertido en obstáculo para su desarrollo. La queja más recurrente de los empresarios colombianos es la falta de demanda, que “las registradoras no suenan”, como dijo en su tiempo Guillermo Botero. Todas las crisis económicas del capitalismo se resolvieron estimulando la demanda, el consumo. En Colombia, los dirigentes anti-gravitacionales esperan demostrar que es posible hacerlo empobreciendo a la clase media. ¿Cuál será el resultado?

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