Opinión

  • | 2017/08/28 00:01

    Me dueles Venezuela

    El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha previsto para este año una caída de más del 12% para la economía venezolana, siendo el peor de los escenarios. Una serie de condiciones especiales es lo que le permite establecer su colapso, y dadas las condiciones, no es para esperar menos.

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Venezuela es uno de los casos de desplome económico más sonados hoy día. No sólo por la situación que acarrea los constantes atentados contra su democracia, sino por la precaria calidad económica que parece estar cada vez peor, en donde la tensión social y política son agentes protagónicos del día a día.

Aunque se dificulte la estimación de algunos indicadores por deficiencia en las cifras oficiales para validar que sean reales, el FMI ha establecido el PIB del país vecino en aproximadamente USD$ 333.000 millones; en 2016 se estimó que éste se contrajo un 10%, y en sólo cuatro años, ha caído en más de un 50%. Además, se pronostica que la inflación termine por encima de 700%-800% en 2017. Un panorama que no deja expectativas positivas en el futuro cercano.

Y si bien, en la región latinoamericana no se tiene una perspectiva muy buena, la diferencia de pronóstico de crecimiento con Venezuela es bastante notoria. A manera de ejemplo se tiene a Argentina con un intervalo de crecimiento económico entre un 2,2% a 2,4%, Perú con un aproximado de 2,7% Colombia entre 1,5% a 1.8%, y Chile con un 1,6% a 1,8%.

Indudablemente, la crisis petrolera impactó fuertemente a Venezuela por su alta dependencia a la extracción y producción hidrocarburífera. Este sector llegó a representar el 97% de las divisas nacionales, después ese peso fue disminuyendo a medida que los precios del crudo caían, en la referencia Brent, de USD$115/barril a USD$45/barril a lo largo de tres años. Y por lo pronto, su industria está devastada, pues escasean los recursos para poder importar materias primas y hasta productos terminados, lo que es un punto desestabilizador, dado que es un país que importa alrededor del 80% de los bienes finales que consume.

Respecto al componente industrial, la crisis empezó mucho antes a la baja en los precios del petróleo. Desde el año 2003, el gobierno venezolano realizó una extensa campaña de expropiaciones y desbordados controles, que hicieron que el desarrollo nacional quedara en el rezago y empezara a depender de las importaciones, por lo cual, la volatilidad en el índice de precios al productor y al consumidor es sumamente alta por depender, de forma estrecha, del tipo de cambio.

Uno de los ejemplos de desestabilización de la moneda se evidenció con la reciente instalación de la Asamblea Constituyente, iniciativa del gobierno de Maduro y que se prevé instale un régimen aún más autoritario al actual, pues el bolívar se deprecio un 42% en los cinco días posteriores al hecho. El gobierno de turno no hace nada para levantar cabeza, y sólo contribuye a que la economía sea más vulnerable.

Y como si no fuera suficiente, la deuda que mantiene Venezuela le va a llevar a un declive aún más profundo. Debe alrededor de USD$100.000 millones y está muy próximo al nivel default, caso tal que le cerraría el acceso al mercado de capitales. Así, los prestamistas podrían bloquear activos de la estatal petrolera PDVSA y se agravaría la crisis humanitaria que se ha mantenido hasta la actualidad.

Tal cual el caso de Colombia, los ingresos de Venezuela por concepto de renta petrolera han caído enormemente. Por ahora, se calcula que recibe un aproximado de USD$10.000 millones anuales, por lo cual, una relación 1 a 10 entre ingreso y gasto es una preocupación que debería tomarse una parte importante dentro de la agenda gubernamental.

En los próximos meses, más precisamente en octubre y noviembre, el país deberá pagar cerca de USD$ 3.800 millones por concepto de vencimiento de bonos, amortizaciones que el gobierno debe enfrentar. Sin embargo, la baja confianza y reputación de los bonos está muy condicionada por la percepción tan negativa y antidemocrática que genera la Asamblea. Por ende, se avecina un gran manto de iliquidez, y mayores calificaciones de riesgo en la nación.

Dato curioso es que aún existe un país que toma provecho de la falta de dinero en Venezuela. Con pretensiones para obtener un control de las reservas petroleras, Rusia no ha cerrado sus puertas al acceso crediticio, a pesar de que su promesa de pago está altamente condicionada. Sin embargo, Putin tuvo el ingenio de conceder créditos pidiendo a cambio activos petroleros. Por ejemplo, se especula que se le ha ofrecido la participación en hasta nueve fecundos proyectos para adquirir curdo. Allí la relación entre la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y la compañía rusa Rosneft se ha intensificado.

La dependencia de Venezuela con Rusia ha sido mucho más fuerte desde que China redujo sus préstamos al país, por retrasos en los pagos de sus deudas adquiridas. Incluso, nuestro vecino le ha llegado a pagar a China también con petróleo. Así, aparte de no ser atractivo para atraer inversión, la reducción de flujo de efectivo ha creado la necesidad de más y más préstamos.

Es importante que se dé una reactivación económica en Venezuela, dado que la devastación industrial y comercial es sumamente preocupante y coletazos de ello ya han impactado a Colombia. Si bien la dependencia petrolera los ha llevado a forjar un gran déficit, no debería insistirse en la adquisición de más deuda que afecten la circulación de dinero dentro de la nación. La crisis humanitaria debe solventarse a través de la consolidación de una economía fuerte y diversificada en otros sectores. Ya es hora de evaluar alternativas para adoptar prontas soluciones.

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