Opinión

  • | 2018/09/07 00:01

    Historias de Legalland: Capítulo 2. El funcionario abofeteado en un país ultralegalista

    (continuado del Capítulo 1…) Legalland necesitaba funcionarios públicos motivados y capaces; era hora de darle una vuelta a los problemas del país ultralegalista. Juan tomó su hoja de vida y salió decidido a buscar trabajo. Escogió su mejor pinta, perfume, una carpeta y llegó a la Oficina de Oficinas de Legalland (OOL).

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  • “Buenos días, quiero ser funcionario público”, dijo Juan con decisión.
  • “Y usted, ¿quién se supone que es?”, le respondió riéndose el encargado de la OOL
  • “Pues, soy Juan.”
  • “Ah Juan, claro, claro… veamos amigo Juan, entre muchos Juanes, ¿quién lo mandó?”
  • “Hm, nadie, vengo a buscar trabajo”
  • “Amigo, que quede entre los dos, pero así no va a conseguir ni un tinto. Busque ‘apoyo’ mejor”.

Al salir de la OOL, suspiró y pensó. “Tendré que armar una estrategia”. Luego de varios meses de intentos, logró ubicarse gracias a sus estudios y a unos conocidos en la Oficina Local de Oficinas de Legalland (OLOL), como contratista. Curiosamente, luego de una crisis institucional tras la renuncia de varios directivos, fue llamado a una oficina.

  • “Juan, sabemos de tus cualidades y queremos que asumas el cargo de subgerente de la sección de estrategia de transformación” – le dijo con algo de apatía el Director General, con una palmadita amigable en el hombro.
  • “¡Claro que sí!” – exclamó Juan, algo impresionado e incrédulo por las circunstancias.
  • “Muy bien, la oficina está en el 4to piso; empiezas hoy, mejor dicho, ya.  Hay que firmar unas cosas.”

Motivado por las casualidades del destino, Juan sabía que ésta era su oportunidad de brillar. Al llegar a su oficina, lo miraron con indiferencia y algunos miembros del equipo le hablaron.

  • “Dr. Juan, tenga cuidado con lo que firma. No haga esto, tampoco esto, ni se le ocurra esto y por Dios que no vaya a pensar en esto, ni a ir a esto, ni a soñar con esto.”, musitó la abogada en un comentario de rutina.
  • “Bueno, seguro hay que revisar bien todo, ¿no?”, respondió Juan
  • “Hm…De acuerdo, Dr. Juan. Por otro lado, lo necesitan afuera. Hay unas personas que quieren hablar con usted.” Respondió la nueva secretaria de Juan.

Al salir, se dirigió con impulso y felicidad a la puerta de la OOL y saludó a las personas que lo esperaban

  • “¡Buenos días Señores!”
  • “¡Cállese, inútil, abusivo!, respondieron y aprovecharon para abofetearlo.
  • Pasmado, Juan les gritó, “¡Señores, por favor! ¡Llevo 20 minutos en mi nuevo cargo!

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Asustado, volvió corriendo a la oficina recordando que había temas pendientes según el Director General. Allí lo esperaba su equipo y en su estupor no entendía por qué lo habían insultado.

  • “Doctor, es necesario firmar este documento, pero le advierto, si lo firma, habrá consecuencias para usted”
  • “Y si no lo firmo”
  • “También”
  • “¿Entonces?”
  • “Entonces nada, así lo dice el Artículo 4 numeral 3.4.6, que contradice lo dispuesto en el Artículo 8, numeral 3, parágrafo 456”.
  • “Pero que absurdo, me quiero ir a la casa a pensar mejor.”
  • “Eso también tiene consecuencias, Artículo 45, parágrafo 56.”
  • “¡Pero por Dios! ¡Quién se inventó eso!”
  • “No sé Doctor, pero eso dicen los artículos mencionados”

Sin esperar las consecuencias, salió corriendo al parqueadero, en donde lo esperaba un funcionario de otra oficina al lado de su carro.

  • “Buenas tardes. ¿Este es su vehículo?”
  • “Sí señor”, respondió sin mucho aliento Juan. “¿Por qué?”
  • Soy de la OMFP, Oficina de Mini Falsos Positivos, y veo que usted dañó un pedazo de ladrillo con su vehículo. Por lo tanto, lo reportaré como un daño al patrimonio del Estado.
  • Juan se cogió la cabeza, pasando sus manos hasta el cogote y gritó: “Otro ladrillo dañado! Déjeme adivinar, ¡el código lo dice en el Artículo 50! Ya me cobraron otro ladrillo que pisé. ¿Por qué me hace esto?”
  • “Pues, señor, aquí entre nosotros, estamos peleando una subida del presupuesto, y tengo que dar resultados; usted me entiende. Entonces, a responder por el ladrillo. Quién lo manda”.
  • “¿Y por qué no buscan cosas realmente graves?” exclamó con furia Juan.
  • “Pues, sí, algunos colegas lo hacen, pero sucede que esto también se puede considerar como grave amigo; y es su problema, feliz día”

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Volviendo abatido a su casa, pensó Juan, y ahora, ¡¿cómo se supone que voy a innovar como funcionario?! Al llegar a su casa, encontró que ya era un trending topic en Twitter. La foto de la bofetada salió en un trino, acompañada de una descripción lacónica. “Ciudadanos le reclaman a funcionario”.

Cabizbajo, se encogió en su cama, respiró para redactar su carta de renuncia para el próximo día. Durante semanas, estuvo esperando la aceptación de su renuncia, hasta que llegó el feliz día. Al salir, vio al funcionario de la OMFP en el parqueadero sonriéndole con un gesto similar a un brindis y decidió salir corriendo.

Al sentarse en un lejano y solitario banquillo con un aire de quo vadis, exclamó como Arquímedes de Siracusa, ¡eureka! Ya sé qué haré. ¡Ahora me convertiré en emprendedor!

Continuará…

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