MARIO VALENCIA

Exponiendo a los enemigos de los mercados libres

Transcurrieron seis años desde que, con la promesa de más empleos y progreso, se dio inicio a la implementación de un tratado de libre comercio con la Unión Europea.

Mario Valencia, Mario Valencia
16 de septiembre de 2019

Según las proyecciones oficiales, este negocio generaría para Colombia un crecimiento económico de 1,3 puntos porcentuales adicionales cada año. Mejoraría la capacidad de competencia de las empresas nacionales, reduciría el costo de las materias primas, traería más acceso a la financiación y aumentaría el valor agregado e innovación de la producción. 

Desde 2006 a 2012, previo a la entrada en vigencia de dicho acuerdo, el PIB colombiano crecía a un ritmo de 4,8 % promedio anual. Entre 2013 y 2018, creció a una tasa de 3,1 % promedio anual. La agricultura apenas ganó 0,2 puntos porcentuales de participación en este mismo periodo, mientras la industria manufacturera perdió cerca de 0,6 puntos porcentuales de participación en el PIB. Como consecuencia, 384.500 personas se han quedado sin puesto de trabajo, en el periodo móvil agosto de 2013 a julio de 2019. 

Asimismo, el comercio total con ese bloque se redujo 28 %, las exportaciones cayeron 47,3 %, pero las importaciones solo se redujeron 4,2 %, así que, de tener una balanza superavitaria de USD 1.678 millones, se pasó a tener un déficit comercial de USD 4.073 millones, unos 10,2 billones de pesos perdidos; las falsas promesas se vuelven un escandaloso caso de corrupción. 

¿Qué pasó? El economista indio Amartya Sen, ganador del Premio Nobel de Economía en 1998, expone en su libro ‘Desarrollo y libertad’ (2000) que “estar genéricamente en contra de los mercados sería casi tan raro como estar genéricamente en contra de las conversaciones entre los individuos (aunque algunos sean detestables)”. En efecto, uno de los elementos claves para el desarrollo, es “la libertad para realizar intercambios y transacciones sin impedimentos ni obstáculos”. Parte de esa libertad de mercado, por ejemplo, es la libertad “de participar en el mercado de trabajo”. 

Pero los enemigos de la libertad de mercado y del desarrollo, que negociaron y aprobaron estos acuerdos, borraron del debate académico el hecho obvio de que, para producir un intercambio comercial beneficioso, hay que tener algo que intercambiar, es decir, cambiar una cosa recíprocamente. Los malos resultados de Colombia en el mercado libre se explican porque no tiene nada significativamente importante que vender. Quienes están en contra de la libertad del mercado son realmente quienes por medio de medidas erradas niegan la posibilidad de producción local. Según Sen, para que en realidad funcione la libertad de mercado, también deben considerarse los “argumentos a favor de la regulación en algunos casos”, pues el desempleo causado por la destrucción productiva “contribuye a la exclusión social”. 

Resulta más que sospechosa la insistencia de que Colombia siga dependiendo del comercio internacional basado en las exportaciones de petróleo, incluso con ‘fracking’, pues la evidencia de ¡un siglo! demostró que esta mercancía -y sus similares- no garantizan un intercambio favorable. 

El avance destacado de la complejidad y sofisticación en los intercambios comerciales de China, que muestra una tasa de crecimiento del ingreso por habitante ocho veces más alta que la de América Latina en los últimos 50 años, es motivo de la cada vez mayor preocupación de Estados Unidos para no perder su hegemonía. En este sentido, ni China ni Estados Unidos, ni ninguna nación preocupada por el desarrollo, abandonarían su poder regulatorio e intervencionista para, de acuerdo con Sen, “enriquecer –en lugar de empobrecer- la vida humana”. 

Hay que desvelar a los enemigos del desarrollo. Una buena forma de identificarlos es mirar quiénes están a favor de pésimos negocios como el TLC con la Unión Europea.