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| 8/31/2018 11:42:00 AM

¿Nos contagiarán Argentina y Turquía sus crisis cambiarias?

Las crisis cambiarias de Argentina y Turquía siguen perturbando los mercados internacionales y acrecentando la aversión al riesgo soberano emergente. ¿Está Colombia preparada para las turbulencias?

Argentina continúa luchando contra lo que podría convertirse pronto en otra crisis financiera. Los inversionistas temen que el gobierno podría incumplir el pago de la deuda pública el año entrante. En su opinión, el servicio de las obligaciones del Estado se dificultará por la caída de los ingresos gubernamentales, debida a una recesión (con una caída de -1% del PIB en 2018) y a las mayores tasas de interés, que obstaculizarán su rotación, como consecuencia del aumento de su riesgo soberano.

Este aumentará por el cambio de sentimiento en los mercados hacia las economías emergentes, como efecto de una aceleración de la normalización de la postura monetaria de la Reserva Federal y otros grandes bancos centrales, por el recrudecimiento de la inflación.

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Los temores de los inversionistas sobre las perspectivas de la economía argentina y un eventual incumplimiento de las obligaciones del Estado, los inclinan a liquidar sus posiciones en los bonos de la deuda soberana del país y en otros activos de esa economía, para invertirlos en otros más seguros.

Como consecuencia de ello, su demanda por dólares aumenta y se suma a la de los ciudadanos argentinos, que temen los efectos de la pérdida de valor del peso argentino, por la depreciación de la tasa de cambio y la inflación, que está en 25,4% anual. Por estas razones, esa moneda se ha devaluado más de 45% en lo corrido del año.

Para tratar de disipar las dudas de los inversionistas sobre la solvencia del Estado, el presidente Macri solicitó al Fondo Monetario Internacional  desembolsar de manera anticipada parte del crédito por US$50.000 millones acordado para el año entrante. Sin embargo, la solicitud generó mayor temor.

Por este motivo, el jueves 30 la inquietud sobre el futuro de la economía retornó con fuerza a los mercados, de modo que el peso sufrió otra fuerte desvalorización (13,6% diario).

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Para moderar el exceso de demanda por moneda extranjera, el Banco Central de la República Argentina (BCRA), ha tenido que vender dólares en el mercado. El martes pasado tuvo que introducir US$ 200 millones más, con lo cual completó US$12.000 millones en lo corrido del año.

En un intento por aminorar la fuga de capital, el BCRA incrementó su tasa de interés de referencia de la política monetaria de 45 a 60%, a partir de ese día y subrayó que la mantendría en esa magnitud por lo menos hasta diciembre.

También elevó el requerimiento de las reservas bancarias –los fondos que los bancos no pueden prestar y que deben conservar como respaldo de los depósitos–.

Ambas medidas deben disminuir la liquidez, para moderar la demanda por moneda extranjera. Con la subida de su tasa de interés pretende restablecer la paridad con las tasas externas más la depreciación esperada del peso, de manera que disminuya el sesgo de la rentabilidad a favor de los activos externos, para disminuir la preferencia por ellos entre los inversionistas.

Sin embargo, las mayores tasas de interés internas y la menor liquidez tendrán también el efecto de disminuir la demanda por crédito y desestimular el consumo y la inversión. Debido a ello la demanda interna se ralentizará y con ella lo harán también la actividad económica y la generación de empleo en Argentina.

Por tal motivo, es probable que la recesión de la economía prevista para este año se prolongue un poco más el año entrante.

En la jornada del viernes 31 en los mercados financieros internacionales, la lira turca recuperó un poco del valor perdido en los días anteriores, mientras que el peso argentino se estabilizó.

Sin embargo, entre los inversionistas persiste la duda de si las crisis cambiarias turca y argentina se podrán contener, o si aumentará el riesgo de contagio a otras economías emergentes que tengan, como ellas, amplios desbalances macroeconómicos e inestabilidad política.

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Los desbalances, sobre todo los amplios déficits fiscal y externo, las vuelve muy vulnerables a los choques externos, porque requieren una gran cantidad de fondos extranjeros para financiarlos. Sin embargo, estos escasearán a medida que los inversionistas tengan la expectativa de un incremento más acelerado que el previsto de las tasas de interés de la Fed y otros grandes bancos centrales.

Otros riesgos externos que podrían materializarse, con efectos adversos sobre el crecimiento de las economías emergentes y, por lo tanto, sobre la capacidad de sus gobiernos para cumplir con sus obligaciones, son la eventualidad de que el matoneo comercial de los Estados Unidos desencadene une guerra, que disminuya el comercio internacional, reduzca la confianza, precipite una recesión global, genere una caída en los precios de las materias primas y deprima los flujos de capital.

Las preocupaciones sobre las perspectivas para las economías emergentes se han sentido también en los mercados financieros colombianos, en los cuales se ha incrementado la volatilidad en los últimos días. Como consecuencia de ello, la tasa de cambio se ha depreciado, con lo cual se mantiene por encima de $3.000.

No obstante, en el mediano plazo Colombia tiene cómo diferenciarse de otras economías emergentes, gracias a su tradicional estabilidad política, macroeconómica y financiera.

Por fortuna los desbalances macroeconómicos en el país disminuyeron como efecto del ajuste de la economía a la caída de los precios de los hidrocarburos. El déficit en la cuenta corriente ha descendido hacia el 3% del PIB y las finanzas públicas están en un proceso de consolidación, bajo el estricto cumplimiento de las metas de la regla fiscal, con el cual se comprometió el actual gobierno, que debe llevar el déficit del gobierno central a -3,1% del PIB este año,  2,4% el entrante, 2,2% en 2020, 1,8% en 2021 y 1,4% en 2022.

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Además, el sistema bancario tiene una solvencia que excede con amplitud el requerimiento del regulador, la cobertura de su cartera en mora es holgada, mantiene una liquidez adecuada y goza de la confianza del público.

En estas condiciones, las posibilidades de contagio son pocas. Sin embargo, ello no evita que se sientan las turbulencias de corto plazo, debido a que el régimen cambiario es de flotación y los inversionistas extranjeros tienen una elevada participación en el mercado de deuda pública interna.

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