| 3/7/2019 12:01:00 AM

Este es el rey del pescado en Colombia

Hipermar Fish comenzó en 1993 con una cevichería y ahora es el mayor importador y distribuidor de pescado en el país.

Como pez en el agua se mueve en el mundo de los negocios Felipe Cardozo, gerente general de Hipermar Fish. Esta compañía nació como una cevichería en 1993 en un pequeño local de la calle 184 de Bogotá y ahora es el referente de la industria.

Cardozo empezó destapando botellas de gaseosa para los clientes en ese sitio y como a todo mesero primíparo le hicieron ‘conejo’ y le metieron billetes falsos. “Un día le puse un pitillo a una cerveza, todos esos fueron momentos de aprendizaje”, recuerda este empresario de 27 años desde uno de los 4 restaurantes que la compañía opera en la actualidad.

Los padres de Felipe, Lilian García y Javier Cardozo, fundaron el pequeño negocio que fue creciendo gracias a la calidad del servicio y a que los clientes que viajaban al exterior les recomendaban nuevos platos y pescados.

No importaba que esa fuera la Colombia del Upac y la violencia del narcotráfico y la guerrilla. Estos jóvenes emprendedores –cuando nadie conocía ese término– estaban decididos a hacer crecer el negocio.

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“Mis abuelos empezaron vendiendo pescado en plazas públicas del Tolima, creo que allí empezó todo”, cuenta Cardozo.

Al final del siglo pasado hacer negocios significaba nadar contra la corriente, tal y como hacen los salmones en la última parte de su vida. Ese impulso –así como varias hipotecas y ventas de carros– les permitió seguir creciendo en la primera parte del siglo XXI.

“Terminé el bachillerato y me fui a estudiar administración de empresas a Estados Unidos. Sin embargo, al cabo de un tiempo y de un par de trabajos en el sector financiero, sentí la necesidad de volver. Por eso, desde hace 5 años soy el gerente de la empresa, pero debo dejar claro que mis padres son los verdaderos héroes de todo esto”, afirma.

Hoy esta compañía es un referente nacional. Tiene 4 grandes instalaciones en Bogotá y uno más en construcción en Cajicá, Cundinamarca, y ha logrado que más personas aprendan a consumir pescado, tanto nacional como importado. Los fundadores lo llaman ‘democratización del consumo de pescado’.

Y es difícil entender cómo un país con dos costas e irrigado por cientos de ríos tenga uno de los consumos per cápita más bajos de pescado en la región. Según cifras de Euromonitor Internacional, cada latinoamericano consumió en promedio 6,9 kilos de pescado fresco en 2017, mientras que los colombianos comieron apenas 4 kilos. “La comida de mar es sinónimo de algo suntuoso y que solo se come una vez al mes. Es un mito que estamos derrumbando”, dijo el empresario.

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El referente próximo es Ecuador, que cuenta con menos litoral sobre el Pacífico y muchos ríos contaminados (como en Colombia), pero con una vocación industrial casi única. Lo mismo sucede en Chile donde el salmón, importado hace décadas de Noruega, es un negocio próspero.

Siempre es subienda

Hipermar Fish es más un centro comercial del pescado que una tienda. En la sede de la avenida 19 con 123 tiene una gran exhibición de calamares, pulpos, camarones, atunes, salmones noruegos y chilenos, tilapias, basas, corvinas, sierras, bagres y pargos. Además lo complementa con una oferta muy grande de productos asiáticos y de otras partes del mundo.

En un área especial del primer piso hay también productos como arenques ahumados, caviar, anchoas, y mejillones. Y marcas asiáticas impronunciables de cerveza, sake, shochu y hasta lychees en almíbar.

El negocio también tiene restaurantes. En el edificio de la 123 con 19 opera en un nivel Coctel del Mar, centrado en la comida tradicional, mientras que en otro piso funciona Coctel del Mar Oriental. En diciembre pasado la compañía abrió una nueva sede en calle 100 con carrera 15 y este año estará lista su primera gran tienda fuera de Bogotá, en Cajicá, Cundinamarca.

A diferencia de otros empresarios que crecen apoyados en el modelo de franquicia, esta compañía escogió el camino largo o crecimiento orgánico. “Suena a cliché, pero tenemos en un segundo plano el dinero. Queremos crecer sin perder la calidad y nuestra esencia, el buen servicio”, comenta Cardozo.

Por eso, la compañía ha implementado una serie de estrategias que buscan reducir el precio del plato o la libra de pescado fresco. Una de ellas es importar los pescados completos para filetearlos en sus sedes. Ese simple cambio les permite generar unos ahorros que trasladan a la factura del cliente.

De ese modo, un filete de salmón noruego no dista mucho en precio del chileno, aun cuando ha viajado 2 meses en barco desde los fiordos escandinavos.

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La familia Cardozo también atrapa a sus clientes con el anzuelo de la integración vertical. La compañía es dueña de toda la cadena, desde el cultivo o la importación de productos hasta el consumidor final.

La firma tiene en Tumaco un cultivo y planta de camarones, pero la producción –que ha venido a menos en los últimos años– escasamente alcanza para abastecer el mercado local.

Los problemas de violencia en la región, sumado al alto costo de los insumos importados, impiden que la industria del camarón de esa zona se expanda.

Los resultados de esta filosofía de trabajo parecen buenos. Al año, cerca de un millón de comensales visitan sus restaurantes. Esa actividad, sumada a la venta de unas 2.400 toneladas de pescado importado y nacional dejó en facturación el año pasado unos $94.000 millones.

Hipermar Fish también importa cada año unos 200 contenedores de pescado fresco desde países como Estados Unidos y Noruega.

Nada mal para un negocio que empezó en un pequeño local de la calle 184 de Bogotá. Y para un exitoso ejecutivo que hace años, cuando era un mesero novato, sirvió una cerveza con pitillo.

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