| 12/9/2008 12:00:00 AM

Un difícil 2009

Tal y como se ven las cosas hoy, la economía colombiana se desacelerará el año entrante, pero no entrará en recesión.

Las perspectivas para la economía colombiana en 2009 se han deteriorado a medida que se ha agravado la situación económica mundial. La falta de confianza de los inversionistas, la aversión al riesgo y las restricciones de crédito que han caracterizado los mercados externos a raíz de la crisis financiera se han extendido a los mercados locales y han afectado las posibilidades de crecimiento del año entrante.

En un principio el impacto se sintió sobre el mercado de valores y la tasa de cambio, perdiendo el primero un 34% de su valor, mientras que el peso se devaluó 25% de un solo golpe. Más recientemente, las restricciones se han sentido sobre el crédito, los ingresos de capital y la inversión. Así, en este contexto, la tasa de crecimiento del año entrante ya no estará entre 3% a 4% como se había previsto inicialmente, sino más bien por los lados del 1% y 2,5%. Mayor o menor, dependiendo esencialmente de dos factores: la capacidad del Gobierno para acceder a recursos de financiación y la evolución del precio del petróleo.

En el primer caso, si el Gobierno, como supone, es capaz de conseguir los recursos de financiación que requiere para sacar adelante los grandes proyectos de infraestructura que tiene previstos para la etapa final de su administración, el crecimiento podría ser más alto, en la medida que este sector, el de obras civiles, podría contrarrestar las caídas que ya se están viendo en industria, comercio y construcción de vivienda y otras edificaciones.

De otro lado, el precio del petróleo es determinante no solo para el monto total de las exportaciones de crudo y los ingresos del Gobierno, sino también para las exportaciones al mercado venezolano. La razón es muy sencilla. No solo el 80% de las exportaciones tradicionales corren por cuenta del petróleo, sino que, precisamente porque el precio del petróleo ha sido alto, Venezuela ha podido importar de Colombia bienes por un valor cercano a los US$6.000 millones. Mantener este nivel es clave para Colombia, y en especial para el empleo, ya que en su mayoría estas ventas provienen de Pymes.

Desde la perspectiva monetaria, el Banco de la República ha dado señales de su disposición a reducir gradualmente la tasa de interés de intervención para que esté más de acuerdo con la desaceleración de la economía. Sin embargo, para que este escenario se produzca, es necesario que el Emisor se sienta tranquilo con respecto a la inflación. En el entretanto, según José Darío Uribe, gerente general del Emisor, el Banco suministrará a la tasa actual de 10% toda la liquidez que la economía demande.

No obstante, aunque en este momento parece que la crisis financiera mundial está bajo control, existe el temor de que la desaceleración económica global podría ser muy larga y dolorosa, con lo cual el impacto sobre Colombia podría ser más fuerte.

El mundo desarrollado está en recesión y los países emergentes están haciendo todo lo que está a su alcance para sobrevivir al desplome de la economía global. Los pronósticos no son buenos. En el mejor de los casos, el PIB mundial crecerá 2,2% en 2009, después de crecer 5% y 3,75% en 2007 y 2008, respectivamente, y por primera vez desde la posguerra las economías desarrolladas tendrán crecimiento negativo y las emergentes crecerán tan solo 5%.

Desde que explotó la crisis de las hipotecas subprime en agosto de 2007, los bancos centrales alrededor del mundo, al igual que los gobiernos han ideado todo tipo de herramientas -ortodoxas y no ortodoxas- para evitar a toda costa que se repita la gran depresión de los años treinta del siglo pasado.

En una etapa inicial, cuando se trataba de reducir el pánico y evitar una catástrofe en los mercados financieros del mundo, las medidas de los bancos centrales de manera coordinada se concentraron en ampliar los programas de crédito a los bancos y demás entidades de Wall Street, irrigar liquidez y rescatar firmas como Bear Stearns, AIG y ahora Citigroup en Estados Unidos y otras en el resto del mundo.

Para estimular la economía se utilizaron las herramientas tradicionales como la reducción de las tasas de interés y de los costos del crédito interbancario. Más recientemente, para evitar una deflación, ante la imposibilidad de seguir bajando mucho más los intereses (la tasa de la Fed está en 1%), las autoridades están actuando directamente en los diferentes mercados de crédito.

De hecho, hace pocos días, la Reserva Federal, preocupada por la desaceleración del consumo, decidió destinar US$800.000 millones para la reactivación de los créditos hipotecario, de consumo y de Pymes. US$200.000 millones serán utilizados para respaldar los créditos de vehículos, estudiantiles, de tarjetas de crédito e incluso los de pequeños negocios, mientras que los US$600.000 millones restantes se utilizarán para reducir el costo de las hipotecas respaldadas por Fannie Mae y Freddie Mac y otras entidades financieras controladas por el gobierno.

Las autoridades de Estados Unidos han sido muy claras en afirmar que emitirán todo el dinero que sea necesario para reactivar el crédito, el gasto de los consumidores, la adquisición de vivienda y la inversión.

De manera similar a lo que se viene haciendo en Estados Unidos, en Europa, la Comisión Europea acaba de proponer un paquete de estímulos por 200.000 millones de euros, equivalente a 1,5% del PIB de la Unión Europea para reactivar la economía de esta región.

Adicionalmente, ante los nuevos datos de inflación en la zona euro, 2,1%, la más baja de las últimas dos décadas, el Banco Central Europeo anunció su disposición a seguir reduciendo los intereses.

China también, preocupada por la desaceleración de la economía ha venido aplicando diversas medidas de estímulo, entre las cuales hay un plan de obras públicas para realizarse en tres años con el fin de preservar el empleo y la reciente reducción de las tasas de interés en más de un punto porcentual. El Partido Comunista chino ha basado su legitimidad en su capacidad para generar crecimiento económico.

Para muchos, entre quienes está el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, lo que se ha hecho en Estados Unidos hasta ahora está bien, pero no es suficiente para sacar a la economía de la recesión. En su columna del lunes 1 de diciembre en el New York Times, Krugman defiende el aumento del gasto fiscal, a pesar del déficit que se pueda generar, para sacar a la economía del letargo.

De acuerdo con el economista, ahora mismo hay una gran caída del consumo privado: los consumidores están redescubriendo las virtudes del ahorro, al tiempo que los empresarios están recortando la inversión. La brecha se cerrará eventualmente pero mientras tanto el gobierno debe actuar. Si no lo hace, la inversión privada y la economía caerán aún más.

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