| 8/25/2006 12:00:00 AM

La mujer en la empresa familiar

En colaboración especial para Dinero.com, Family Council Consulting, firma de consultoría dedicada a las empresas familiares, cuenta cómo hoy en el mundo, la mujer está más involucrada en los negocios de su familia.

Las mujeres siempre han tenido un rol importante en los negocios familiares, sea como el trono detrás del poder, la persona que lleva los libros o como quien mantiene la estabilidad emocional del negocio.

Tradicionalmente, la tendencia se ha basado en no incluir a las mujeres formalmente en los negocios, pero dada la evolución que ellas han presentado en la sociedad, cada vez se encuentran más involucradas o en el caso de no estar involucradas, al menos más preparadas.

Es muy común encontrar dentro de los posibles sucesores de un fundador a mujeres tan o más capacitadas que algunos de los hombres. En Estados Unidos, en 1994 los estudios señalaban que tan solo el 2% de las hijas tenían posibilidad de convertirse en las sucesoras de sus padres. En un estudio reciente, el 9.5% de las empresas familiares reportan tener un CEO femenino, pero más notable aún es que para los próximos 5 años se espera que el 34% de las empresas tenga una CEO mujer.

No por esto sería justo decir que las condiciones de igualdad entre géneros se han logrado completamente, ya que siguen existiendo ciertas tradiciones que soportan la exclusión de la mujer. Sin embargo, vale la pena señalar que el rol de la mujer ha evolucionado a uno más activo y participativo que en tiempos pasados, ya que hoy en día se toman en cuenta mucho más las capacidades, cualidades y habilidades específicas de los profesionales, hecho que favorece al género femenino en el momento de aportar a la empresa.

Históricamente los padres han preparado a sus hijos varones para recibir las riendas de los negocios. Usualmente, cuando los hijos ingresan a la empresa para trabajar con el padre (fundador) se presentan ciertos choques de género. Empieza una lucha por el “poder”, por el control de la empresa. Por el contrario, las relaciones padre-hija son menos contradictorias, ya que por un lado, los padres no ven en ellas una amenaza, y por lo tanto, logran escuchar sus ideas, opiniones y son, en términos generales, más receptivos. Por su parte, las hijas corresponden a este sentimiento motivadas por el ánimo de ayudar a su familia a conservar la estabilidad emocional en la familia y en la empresa, y no necesariamente pensando en su progreso individual o sus logros personales.

Así mismo, las mujeres son más sensibles a las reacciones y necesidades emocionales del padre y están más preocupadas por preservar la armonía en la familia. La participación de la mujer en la empresa familiar está motivada, en gran parte, por el compromiso que significa el conservar la unidad y armonía familiar.

Son precisamente estos aspectos los que conforman las ventajas competitivas que una empresa familiar presenta frente a otras que no lo son. Sin embargo, en ocasiones, la mujer presenta una dicotomía entre unidad familiar y lo que realmente le conviene a la empresa, al pensar que para conservar la unidad, todos los hijos deben ser tratados por igual dentro de la empresa familiar, sin contar con que cada uno tiene unas habilidades profesionales diferentes que pueden ser útiles para el desempeño de la empresa. En ocasiones alguno de los hijos(as) no cuentan con la aptitud o el interés para trabajar dentro de la empresa y es en este punto es donde la mujer, especialmente, en su rol de madre, debe ser consciente de la importancia que tiene el que la empresa cuente con personas con las aptitudes y actitudes adecuadas para su buen desarrollo.

Por lo tanto, esta tendencia de la mujer por fomentar la unidad y la armonía familiar, las lleva a desempeñar un papel vital, no mejor ni más importante que el de los hombres, sino diferente.

Si es así, ¿por qué no contamos con más sucesoras/directivas mujeres?

Primero, porque se sigue privilegiando al hombre debido a un tema cultural y segundo, porque los padres sienten la obligación de proteger a sus hijas de las difíciles situaciones laborales y profesionales que conlleva el diario vivir en una empresa.

Cabe anotar que entrar a suceder a un fundador tiene unos retos inmensos, este es el caso para hombres y mujeres, pero evidentemente es más difícil enfrentar este proceso para las mujeres que, no sólo tienen que demostrar que no le quedan grandes los zapatos de su padre, sino que como mujer tiene las capacidades para hacerlo.

El nuevo rol de la mujer implica desarrollarse en dos ámbitos: el familiar y el profesional. Esto requiere una flexibilidad particular en el desarrollo laboral. Es muy común pensar que la EF se convierte en una opción para aquellas mujeres que quieren mantenerse activas profesionalmente sin dejar de lado la familia. Es aquí donde se pueden presentar algunas dificultades ya que esto puede ser interpretado como una falta de compromiso con el trabajo y por lo tanto una salida fácil. Esto no necesariamente es cierto, ya que el hecho de tener flexibilidad no significa falta de compromiso en el cumplimiento de los objetivos.

Esta percepción tal vez explica por qué las EFs invitan a las mujeres a desempeñar trabajos “simples” y transitorios, sin pensar en su futuro potencial como líderes y directivas de la empresa. Y precisamente aquí esta el reto de ser una mujer de nuestras épocas, ese doble rol, que busca el desarrollo personal sin dejar de lado la familia.

Definitivamente, los tiempos han cambiado y es innegable la importancia que tiene el rol de la mujer en el desempeño de una empresa, no solo por sus habilidades para conservar la unidad y armonía familiar sino también porque, al igual que muchos hombres, ha crecido dentro del entorno de la empresa familiar que algún día fundó su padre o su madre, ha vivido y aprendido cada día de las experiencias que su familia ha adquirido debido a la labor diaria en su empresa. De esta forma, al igual que hijos o esposos, las mujeres, ya sea en su rol de esposa, madre, hija, accionista o fundadora también conocen a profundidad el cómo se desempeña la empresa de su propia familia, conoce su trayectoria y la estrategia para preservarla en el tiempo.

Es para la mujer, independientemente de su rol, una responsabilidad tanto familiar como social, trabajar y aportar para que la supervivencia de su empresa familiar se convierta en una realidad.


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