| 1/18/2012 6:00:00 PM

Cumbre borrascosa

La próxima semana comienza el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. La crisis del Viejo Continente se tomará la agenda.

Con el lema de “buscar nuevos modelos para la gran transformación del mundo”, entre el 25 y el 29 de enero se reunirá en Davos, Suiza, la crema y nata del capitalismo. Pero, a diferencia de años anteriores, esta vez el tema central del Foro Económico Mundial les caerá como anillo al dedo a los diez líderes europeos que asistirán, quienes llevarán una agenda paralela intentando buscar salidas para su vapuleada economía.

Entre artistas como Bono, miembros de la realeza, inversionistas como George Soros y unos mil presidentes de empresas, estarán las cabezas de Alemania, Angela Merkel; de Francia, Nicolás Sarkozy; la directora del Fondo Monetario, Christine Lagarde; el jefe del Banco Central Europeo, Mario Draghi; los primeros ministros de Portugal, Italia, Grecia, España y el Reino Unido. Sin embargo, para The Telegraph, el líder europeo que más podrá aportar a la discusión será el arzobispo de Irlanda, Diarmuid Martin.

A Davos tradicionalmente acuden líderes religiosos y el prelado irlandés encaja perfectamente en este foro, pues tiene un discurso sobre la ética de los negocios y la presencia de Dios en la economía y ese punto de vista podría iluminar a sus paisanos europeos, que en Suiza deberán preparar los argumentos que presentarán en la cumbre del 30 de enero, aunque podría adelantarse para el 29, debido a una huelga programada en Bélgica.

Apretarse más el cinturón

Tras la descalificación simultánea de nueve países europeos, el reto sigue siendo la austeridad y en eso insiste el Banco Central, el cual pidió a los países de la Eurozona cumplir con el pacto que adquirieron en diciembre, de seguir apretándose el cinturón.

A la descalificación de los países se sumó la del Fondo de Estabilidad Europeo. Esta entidad tiene 440.000 millones de euros para rescates y perdió su máxima calificación AAA debido a que naciones patrocinadoras como Francia ya no tienen esa nota.

Algunos líderes, como Merkel, han desestimado el efecto de la rebaja y otros sienten que no tienen nada que temer pues la descalificación no impactó a Estados Unidos. También hay quienes en Europa se han dedicado a criticar a las calificadoras y a pedir que se cree una en el Viejo Continente, pero eso no es posible en el corto plazo.

Mientras en Davos los europeos buscarán la fórmula mágica, habrá otro grupo que estará tras “nuevos modelos para la gran transformación del mundo”. Se trata del movimiento Occupy Wall Street, que construyó un campamento de iglúes a las afueras del resort de esquí para protestar por “las decisiones que toman unos pocos y que tienen al mundo en crisis”, y les indigna que sean esas mismas personas las que intenten buscar las soluciones. Ojalá que los manifestantes se equivoquen y que, por fin, encuentren el remedio para sanar a Europa.
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