| 10/16/2012 4:22:00 PM

Colombia - Farc: ¿Toca a la puerta la paz?

Tras cincuenta años de cruento conflicto armado, el gobierno de Colombia y las FARC se sientan a dialogar en Oslo. ¿Cómo se evalúa la perspectiva de esta negociación? DW escuchó varias opiniones.

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DW
El diálogo de paz que se inicia en Oslo entre el gobierno colombiano del presidente Juan Manuel Santos y la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) es visto básicamente como una puerta a la paz y como un proceso que, a diferencia de ocasiones anteriores, tendría posibilidades de éxito.

La comunidad internacional apoya la iniciativa, con Noruega y Cuba como acompañantes y Venezuela y Chile como garantes; analistas internacionales evalúan también como una buena señal que tanto Estados Unidos como la Unión Europea apoyen un diálogo con el grupo armado más antiguo de América del Sur. Los porqués, la legitimidad y las perspectivas ocupan a especialistas y políticos.

Riesgos y experiencias

“Entendemos que cada país tiene el derecho de hacer las cuentas con su propio pasado y el pueblo colombiano clama por la paz”, decía en un debate al respecto en el Parlamento Europeo José Ignacio Salafranca, eurodiputado español por el Partido Popular y presidente de Eurolat.

Con todo, y a pesar de que su partido apoya al gobierno de Santos en su propósito, lamenta que no haya una tregua incondicional por parte de las FARC, y advierte de que “la negociación debe darse desde parámetros de fuerza; desde la firmeza y no desde la debilidad del Estado dadas las experiencias anteriores. “La operación puede entrañar riesgos pues un Estado democrático entabla negociaciones con una organización terrorista”, afirmó

En la memoria está presente el último intento de diálogo bajo el gobierno de Andrés Pastrana, durante el cual la zona de despeje acordada con la guerrilla se tradujo en una consolidación de las estructuras de las FARC. “Varios miembros de esta cámara estuvimos en el cuartel general de las FARC en Los Pozos en una reunión con la cúpula militar liderada por Manuel Marulanda Vélez. La delegación del Parlamento Europeo vino tan mal impresionada del horror que pudimos constatar en la época en que el presidente Pastrana tenía abierta la mesa de diálogo, que cuando regresamos a Bruselas lo primero que hicimos fue pedirle al Consejo de ministros que incluyese a las FARC en la lista de organizaciones terroristas”, afirma el político saludando que los diálogos se den fuera de territorio nacional.

El precio de no hacerlo

Como fuere, al parecer, el presidente Juan Manuel Santos ha aceptado -tras ocho años de clara ofensiva militar que se fraguó en la política de “mano dura” del ex presidente Álvaro Uribe- que si bien se ha debilitado a la guerrilla por medios militares no va a poder vencerla, opina Javier Ciurlizza, director del programa para las Américas del think tank International Crisis Group, con sede en Bruselas. Por otro lado, a pesar de que las FARC cuentan aún con un poderío representativo nunca ha podido derrotar al gobierno, “si bien no es un empate sí es una guerra de resultados negativos”, apunta el analista.

No esforzarse por poner fin al conflicto ahora –que las FARC ya no son lo que eran después de duros golpes asestados en los últimos años- significaría, “prorrogar y prolongar los sufrimientos del pueblo colombiano y que produzcan más violaciones a los derechos humanos y al derechos internacional humanitario que incurren quienes están en ese ejercicio de la guerra”, dice por su parte a DW Reynaldo Villalba, abogado especialista en derechos humanos del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo.

“Si no hay paz, el país ni siquiera podrá garantizar el libre comercio por el que se ha decantado el gobierno de Juan Manuel Santos”, dijo por su parte a DW Piedad Córdoba, ex senadora por el partido liberal inhabilitada políticamente en junio de 2010 acusada de sostener lazos con la guerrilla. “En Colombia viene marchando la esperanza y una nueva manera de visualizar el país”, afirmó la política asegurando que hará lo necesario para que las FARC acepten el diálogo político.

Amnistías y víctimas

Bienvenido es el diálogo también desde el enfoque de los defensores de derechos humanos; con todo, éstos tienen temores fundados de que este nuevo marco jurídico se pueda traducir en una autoamnistía, también debido a las implicaciones del Estado colombiano con los grupos paramilitares.

“Los crímenes de lesa humanidad, las torturas, las desapariciones forzadas, los desplazamientos no son amnistiables. Habría que ver qué tratamiento habría que darles, qué papel tendrán los derechos humanos en el diálogo para que se asegure los derechos de las víctimas. Por lo menos a saber qué sucedió, a quién beneficiaron esos crímenes, quien los patrocinó y además que haya reparación y justicia para ellas”, dice Villalba concluyendo que la paz no se contradice con la justicia.

Por último, Vincent Vallies portavoz de Oidhaco –la plataforma de organizaciones humanitarias europeas- recuerda que “para conseguir una paz duradera es fundamental que el proceso aborde las causas profundas del conflicto armado como son la concentración y usurpación de la tierra, la inequidad y falta de justicia social, la falta de garantías democráticas para la población así como la violación sistemática de los derechos humanos y la impunidad de los victimarios”.

No todo esfuerzo vale la pena

“No repetir errores del pasado” es, según explicaba Rodrigo Rivera, embajador de Colombia ante la Unión Europea y el Reino de Bélgica, el lema de este nuevo intento por conseguir una paz duradera en Colombia.

Subrayando lo delicado del asunto y la suma discreción con la que inició hace ya algunas meses la fase exploratoria de este diálogo, el diplomático colombiano aseguró que no habrá despejes militares en el proceso y que no habrá cese de ofensivas militares en todo el territorio nacional.

El desarrollo rural, la reinserción de las FARC a la política, las víctimas, el paramilitarismo y el narcotráfico están en la agenda. “Queremos que el proceso sea serio y estructurado, que no dure años sino meses”, afirmó Rivera, ex ministro de Defensa, concluyendo: “Tenemos la convicción de que no todo esfuerzo por la paz merece la pena, pero un esfuerzo con estas características sí la vale. El gobierno de Santos lo enfrenta asumiendo riesgos y responsabilidades frente a la historia”.
                                                               
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