| 4/21/2014 8:00:00 AM

El amo del alumbrado

Ni la cárcel ha inhibido el crecimiento empresarial de Alfonso Hilsaca, el hombre que concentra más de la cuarta parte de las concesiones para operar este servicio público en el país. ¿Cómo lo ha conseguido? Investigación de Dinero.com.

“¡Sólo Cristo, que sabe lo que he padecido, puede juzgarme!”, exclama Alfonso Hilsaca Eljaude antes de desaparecer detrás de las puertas corredizas de la oficina de la presidencia de la empresa AGM Desarrollos S.A.S., en el quinto piso del viejo edificio del Banco del Estado, en el centro de Cartagena.

Su reacción es súbita. Pocos segundos antes, estaba sentado a la cabecera de la mesa de la sala de juntas y hablaba con los enviados de Dinero.com sobre los 21 años de historia de su empresa nacida en 1993 en Magangué y convertida hoy en la concesionaria de la cuarta parte de los contratos de alumbrado público en el país.

El asomo de un lente de la cámara de video hace que sus expresiones y reacciones se transformen: la empresa deja de ser suya y se convierte en una sociedad de sus hijos. En cuanto a él, un hombre ya retirado –como suele ahora declararse a sí mismo- está allí solo en calidad de asesor lejano, como un invitado ocasional. Es evidente que su sesgo frente a los medios de comunicación está asociado con los fantasmas de su pasado reciente. Como bien lo habían advertido previamente viejos conocidos suyos, este hombre, a quien la opinión conoce coloquialmente como ‘el Turco Hilsaca’, no resiste aquello que le recuerde que estuvo preso en 2009 y 2010, cuando en los expedientes de la justicia se acumulaban historias de todo tipo que hoy los jueces no consideran probadas.

Eran historias registradas en la memoria del computador de ‘Jorge 40’ (jefe paramilitar de la Costa hasta su desmovilización en 2005), donde alguien identificado como “A. Hilsaca” figuraba en la lista de financiadores del movimiento armado ilegal. O referidas ante los escenarios de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía por presidiarios dispuestos a ganar rebajas de penas por colaboración que le achacaban las muertes de trabajadoras sexuales en las vecindades de la torre del reloj. Todo esto, por no citar a contradictores que le atribuían una estrecha relación con su conterránea Enilce López, ´La Gata´, la empresaria del juego del chance o ‘la bolita’ que ahora expía culpas en un hospital.

Su relevo
Cuando Hilsaca se marcha remarcando en su decisión de no hablar nunca más de estos temas, su hijo Gabriel, representante legal de la compañía, musita: “Hay que entenderlo; le ha tocado muy duro”. Antes de cerrar la puerta, su padre lo ha señalado con la mano extendida como signo de que le cede la palabra. “Él –dice refiriéndose a su heredero- es aquí el único vocero autorizado, yo no cuento para nada”. El joven intenta justificar la reacción de su padre antes de contagiarse él mismo con las prevenciones y de ordenar a sus colaboradores que indaguen si los periodistas que están allí son quienes dicen ser.

De ahí en adelante, cada pregunta que relacione ese pasado con el presente es respondida con una réplica inquisidora: “No sé a dónde va esa pregunta”, “no entiendo qué buscan”. Especialmente cuando se trata de cifras y de desarrollos tecnológicos Gabriel Hilsaca responde asistido por el ingeniero Carlos Franco, que funge allí como una especie de desarrollador de proyectos.

El pasado sí perdona
Quienes sí parecen convencidos de que el pasado que agobia a Hilsaca es producto de rumores y artificios son los alcaldes de 38 municipios que le concedieron o le prorrogaron concesiones hasta por 20 años, por un valor estimado globalmente en $1,5 billones. Aunque en la mayoría de los casos la cuantía de los contratos es indeterminada, cálculos hechos con asesoría de expertos estiman el valor promedio de cada uno de ellos en $40.000 millones. El alumbrado público es el único servicio que tiene a su vez la condición de impuesto y genera al operador unos ingresos fijos actualizables.

Si bien en varias de las concesiones la empresa AGM Desarrollos S.A.S (hasta 2010 Construcciones Hilsaca) fue proponente único, en las que ha tenido que lidiar con competencia ha recibido, como si se tratara de una constante histórica, la acogida de los gobiernos municipales que han hecho caso omiso de las críticas de la oposición. En Ocaña (Norte de Santander), donde se encuentra su operación más grande, desbancó en mayo de 2013 a la experimentada empresa Centrales Eléctricas de Norte de Santander. La bancada de oposición en el Concejo puso el grito en el cielo y acusó al alcalde Jesús Antonio Sánchez Clavijo de haber manipulado un informe de auditoría para hacer ver a esta compañía como un operador incumplido, cuando sus índices de su olvencia y eficiencia superaban el 96%.

Las cláusulas de la concesión también fueron blanco de ataques porque le permitían al nuevo operador ejecutar su propia interventoría y contratar libremente una fiducia, con lo cual se libraba de vigilancia externa y encontraba un envidiable margen de maniobra para su financiamiento.

En otros casos, como el de Monpox, las cosas resultaron más sencillas. En 2007, el alcalde Marco Tulio Eljaude -primo de Hilsaca- le hizo prácticamente una adjudicación directa amparado en el hecho de que no se presentaron otros licitantes. En aquella ocasión, la oficina del zar anticorrupción de la Presidencia de la República reprochó el hecho de que los plazos de la licitación y sus condiciones hubiesen sido hechos a la medida del proponente que se iba a hacer al negocio.

El mapa de otras quince concesiones en Bolívar, incluidos municipios de la relevancia de Turbarco, Arjona y Carmen de Bolívar, coincide en buena medida con el meridiano de la financiación de las campañas políticas por parte de Hilsaca. No obstante, hay quienes creen que este “argumento cartográfico” es simplista porque el empresario, por controvertido que sea, no ha hecho nada distinto a lo que hacen sus competidores, según se refleja en los libros de campaña registrados en el Consejo Nacional Electoral.

“Todo más limpio…”
Para Gabriel Hilsaca, las investigaciones, que según él no han hecho mella en la imagen corporativa, han servido para borrar cualquier sombra de duda. Asegura que la clave del crecimiento de la empresa es la tecnología que incorpora y la calidad del servicio que presta, además de Bolívar, en Norte de Santander, Cesar, Magdalena y Sucre. Su réplica se refiere a otros atributos: la compañía usa una tecnología LED, mucho más considerada con el medio ambiente que los sistemas de halógeno o aquellos en los que el mercurio cargaba el ambiente de emisiones dañinas; que ahorra energía, que no produce distorsiones visuales y que deja de producir las 3.666 toneladas de bióxido de carbono con las que antes era bombardeado el ecosistema.

Cuando describe la estructura societaria excluye a su padre y menciona solo a su madre y a sus dos hermanos. Según él, la empresa es todavía muy pequeña comparada con otros operadores del mercado y factura “tan solo” $27.000 millones. Genera 400 empleos, paga cumplidamente sus impuestos, aunque los considera demasiado altos en relación con el costo de cada luminaria. Como cualquier empresario del sector, se queja de que el Estado colombiano no ofrece incentivo alguno a quienes generan una marcada huella verde en materia ambiental.

¿Cuánto vale hoy la empresa? ¿Cuánto suman sus activos? “Preguntas interesantes y difíciles. Yo solo tengo una respuesta: esta empresa, que es estrictamente familiar, no está en venta”. Lo que sí es notorio es que los cuestionamientos que aún agobian a su padre han hecho del sigilo una regla corporativa. Lo visible es que, antes y después de la apertura y cierre de expedientes, Hilsaca se consolida como uno de los actores dominantes en el mercado de las luminarias.

***

Otros amos del negocio

Si bien la compañía de los Hilsaca es la de mayor cobertura territorial en el mercado, hay otros operadores fuertes que controlan concesiones en ciudades. Estos son los principales rasgos de sus perfiles:

- Remberto Merlano: Además de su condición de ingeniero eléctrico, su ascendiente político le ha permitido cazar apuestas fuertes en el mercado. Como cabeza de la firma Diselcsa concentra sus principales concesiones en Barranquilla, Neiva, Cúcuta, Soledad, Sincelejo y Girardot. Ha afrontado cuestionamientos por las presuntas altas tarifas y sobretasas cargas al usuario, especialmente en la capital huilense. Además del paso de varios de sus familiares por el Congreso de la República y por los concejos de ciudades clave, goza de sólidos contactos en las cortes de justicia. Alberto Rojas, magistrado de la Corte Constitucional, ha aceptado no solo ser su amigo sino de sus prestamistas.

- William Vélez Sierra: Este ingeniero es la cabeza visible del grupo empresarial Ethuss, al que están vinculadas las empresas que manejan los principales contratos de aseo y alumbrado público en el país. Una de sus principales concesiones está en Cali, donde la operación lo sitúa en el primer lugar en términos de facturación. Aunque en varios sectores de opinión es identificado como un protegido del expresidente Álvaro Uribe Vélez, lo cierto es que sus negocios boyantes datan de finales de los 90. Si bien en la esfera del alumbrado público le va bien, su reconocimiento empresarial proviene especialmente de los proyectos de infraestructura.

- Alberto Ríos: Se hizo fuerte en el mercado del alumbrado cabalgando a lomos de Enelar Pereira. Posteriormente, se hizo socio mayoritario de Enertolima y, a expensas de su prestigio como empresario, ha salido bien librado del escándalo desatado por la injerencia que tenía allí el grupo Nulle. Todas sus concesiones mantienen su vigor jurídico.

- Euclides Torres: en su condición de miembro destacado de una dinastía política que echó raíces en Puerto Colombia, Atlántico, este hombre es el padre de la figura de la concesión en los alumbrados que ha servido para forjar el capital de un puñado de operadores. Hizo sus primeros pinos como contratista de Barranquilla durante la administración del alcalde Bernardo Hoyos. Luego, cuando su familia gobernaba en el puerto, se convirtió en el poder detrás del trono de la compañía Iluminamos. A diferencia de lo que ocurre con los demás “amos”, no ha tenido tradición de cumplimiento en los contratos.
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