Opinión

  • | 2011/05/09 14:00

    Musulmanes, ¿oportunidad o amenaza?

    El 23% de la población mundial es fiel al Islam, la segunda religión del planeta. En Europa la comunidad musulmana crece más que la no musulmana. Los productos con certificación Halal tienen un mercado enorme y creciente. La opinión de Andrés Vélez Calle, profesor de Negocios Internacionales. Universidad Eafit.

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Con la muerte de Osama bin Laden está en boga –otra vez- el tema de los musulmanes. De nuevo los medios de comunicación nos atiborran de imágenes de grupos extremistas que odian a occidente y prometen retaliación, lo que refuerza la tesis de Huntington del choque de civilizaciones. Y eso no es todo, para acabar de ajustar, el Islam es ya la segunda religión del planeta, con más de 1.600 millones de seguidores (23% de la población mundial), y por ser la que más está creciendo en el mundo, será la más numerosa. ¿Es esto una alarma? Para muchos sí, y para mí… no necesariamente.

“Hay Moros en la costa” decimos, cuando alguien no deseado se aproxima o está cerca. Es tal la imagen negativa que tenemos del mundo árabe que hasta en nuestros dichos populares lo utilizamos. Lo que ignoramos es que estamos muy relacionados con los árabes. Lo pone en evidencia nuestro idioma, el cual tiene muchas palabras de origen árabe como almohada, alcohol, alcalde, balde, hola, algarabía, café, limón, talco, zanahoria y pantalón, entre otras. Incluso nuestra muy común expresión “ojalá” que literalmente significa si dios quisiera.

Fueron ocho siglos de influencia árabe con el califato de Córdoba que dominaba todo el norte de África y el sur de la península ibérica. De Al-Andalus o Andalucía vinieron muchos de nuestros antepasados. Y no solo lo vemos reflejado en nuestro idioma sino también en costumbres y hasta en los apellidos, como Medina, Córdoba, Múnera, por ejemplo.

Debo aclarar que aunque muchos árabes son musulmanes, no siempre lo son. Musulmanes son las personas que practican la religión del Islam, mientras que árabes son quienes habitan en países de lengua árabe. Así, hay árabes no musulmanes y viceversa, por ejemplo, los habitantes de Turquía no son árabes, ya que su idioma es el turco y sin embargo, son en su mayoría practicantes del islam, y por ende es un país musulmán. Otro ejemplo es el de Indonesia, un país musulmán de idioma indonesio.

Así pues, con ya casi una cuarta parte de la humanidad musulmana, tenemos dos opciones. Uno, verlos como amenaza, temerles y evitarlos, o dos, verlos como oportunidad. Pienso que otros medios se han ocupado ya lo suficiente de la primera opción, así que quiero hablar de la segunda.

Los musulmanes, fieles a las reglas de la ley islámica o Sharia, son a su vez seres humanos comunes y corrientes y por ende consumidores, eso sí, y muy peculiares. Estos numerosos consumidores demandan productos con certificación Halal (permitido según el Islam), representada con un sello en el producto o establecimiento, que da la garantía a los musulmanes de que el producto es apto para el consumo y que cumple con las leyes islámicas.

Halal es una palabra árabe que se refiere a lo que es permitido o legal. Los productos Halal cumplen con las reglas y prácticas mandadas por el Islam. Estas reglas que provienen del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, dictan que los seguidores de la religión no pueden consumir carne de cerdo o sus derivados, ni de animales muertos antes de su sacrificio, ni de aquellos sacrificados de manera inapropiada de acuerdo con el Islam. Sangre, alcohol, animales carnívoros y aves predadoras están incluidos en dicha prohibición.

Pero no solo incluye productos consumibles sino otros que entran en contacto con la piel, como los cosméticos, haciendo de lo Halal una industria inmensamente grande. Por ejemplo, los champú, los maquillajes, y hasta las cápsulas para los medicamentos consumidos por los musulmanes deben ser Halal.

Así pues, todo tipo de alimentos producidos en nuestro país pueden ser destinados a ese 25% del mercado mundial que tiene necesidades comunes a todo consumidor. Lo más interesante es que no todos esos mercados están en el Medio Oriente. En Europa la población musulmana crece más que la no musulmana: países como Francia e Inglaterra demandan e incrementarán notablemente el consumo de productos con dicha certificación. En América, la población musulmana también es importante, sobre todo en Canadá, Estados Unidos y Argentina, haciéndolos también mercados atractivos.

Los productos Halal están ganando una reputación de saludables por lo que no solo son los musulmanes quienes los están consumiendo. Muchos compradores cada vez más están buscando productos saludables y orgánicos. No es de extrañar que en ciudades como Singapur, hayan restaurantes McDonalds Halal, con clientes no solo musulmanes.

En Colombia, algunas empresas realmente globales han certificado algunos de sus productos, para exportarlos al medio oriente y a Europa. En nuestro país, el certificado puede obtenerse, en el Instituto Halal, adscrito al Centro Cultural Islámico en Bogotá.

No todo termina ahí con las oportunidades que los musulmanes representan, pues la actividad bancaria también está regulada por la Sharia, y los bancos importantes del mundo lo han ido entendiendo. ¿Lo estamos haciendo nosotros? ¿Ha oído usted alguna vez de banca islámica? Eso se puede dejar para un artículo futuro. Por ahora, planteemos la reflexión y decidamos si continuaremos viendo a un cuarto de la población mundial como amenaza o como oportunidad.


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