Opinión

  • | 2011/03/24 09:00

    La inoperatividad de la integración en América Latina

    Hoy cumple 20 años Mercosur, el comercio entre los países de la CAN creció 35% en 2010 y María Emma Mejía compartirá con Alí Rodríguez la Secretaria General de Unasur. ¿Qué es y hacia dónde va la integración económica latinoamericana? La opinión de Alejandro Londoño.

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Hace algunos años, las fuerzas políticas lideradas por Chávez y sustentadas por Lula pretendían, o al menos eso se decía, hacerle una contraparte al gran socio americano del Norte, aprovechando su debilitamiento en la escena política mundial. El vehículo predilecto para lograr tal objetivo fue la unión, la integración de nuestras naciones procurando la fluidez de los factores de producción, el estrechamiento de relaciones, la paz y la armonía.

Hasta allí algo válido, una iniciativa que tiene toda el vigor geopolítico, siempre y cuando se mire desde el punto de vista de darle el lugar que debe corresponder a América Latina en el Orden Mundial. Sin embargo, no evita preguntarse entonces ¿Por qué Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones no han sido efectivos en lograr este objetivo? ¿Qué diferencia propone Unasur, aparte de la amplitud de sus socios, que sí permita cumplir con esto?

Los procesos integrativos latinoamericanos han sido muy diferentes a los realizados en otras latitudes, incluído el de la Unión Europea que es el punto de referencia de los gestores del proceso Unasur. Su principal diferencia parte de los motivantes para la unión. En su momento, Europa vio que era mejor fomentar la unión e interdependencia de naciones tradicional e históricamente rivales promoviendo la regulación del acero. Ante su éxito los promotores de la unión vieron la posibilidad de ampliar la magnitud y el alcance del tratado para ir paulatinamente avanzando hasta donde han llegado en la actualidad.

En América Latina, se pretende, o pretendió, un objetivo parecido pero con un proceso diferente. Los actores políticos y tomadores de decisiones, muy consonantes con nuestros rasgos culturales, propusieron que no era necesario vivir lo que se había vivido en Europa, que no era necesario gatear antes de caminar, ni mucho menos de correr. Tanto así que propusieron objetivos que desde el principio integraban a las naciones en niveles mucho mas altos que para lo que realmente estaban preparados. Todo esto sin una visión geopolítica del asunto, visión traída a colación esta vez si por Unasur. Algo teníamos que corregir.

Desde su concepción entonces, Mercosur y la CAN pretendieron mucho. Incluso quedaron reducidos a acuerdos comerciales con algunos rasgos de integración un poco mas profunda como la movilización de personas y capitales entre sus miembros. Pero son procesos que a la luz de sus objetivos no sólo son imperfectos sino inoperantes.

Sin visión, sin objetivos, incapaz e ideológicamente promiscuos son los procesos de Integración Económica en Latinoamérica. Han respondido más a promesas de campaña que a necesidades económicas y geopolíticas. Y una vez creados y protocolizados han perdido fuerza como las entidades supranacionales que se han propuesto ser para quedar relegadas al fondo del ranking de institucionalidad en la región, con una casi completa inoperatividad y una relevancia que cada vez va perdiendo mas valor gracias a los acuerdos bilaterales.
Vuelve y juega. ¿Unasur qué? Pues el gran reto de María Emma y Alí, que compartirán la silla de la Secretaria General será lograr comprometer a todos los Estados miembros para que en primer lugar se propongan objetivos alcanzables dentro del marco pretendido para el organismo, y segundo para que se le rebaje el tinte ideológico al mismo para permitir su sostenibilidad y sustentabilidad en el tiempo. Unasur debe ser el referente geopolítico y económico de la región, debe ser el escenario de discusión de las macro políticas de cada país, su relevancia en el entorno continental y mundial y propender por ser el marco de las negociaciones a futuro, y por que no, el reemplazo de acuerdos antiguos e inoperantes como el de Cartagena y el de Asunción.

Que sea o no un organismo supranacional, que sobreviva a o no a las ráfagas ideológicas que afectan la región y que logre por lo menos absorber muchas de las funciones designadas en los acuerdos existentes dependerá de un manejo intachable, ideológicamente centrado, independiente e inteligente de su Secretaria General. Gran reto para Mejía y Rodríguez.



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