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Daniel Gómez G., columnista.

| 3/15/2011 9:00:00 AM

La falacia de la ventana rota y los desastres naturales

Los desastres naturales como los de Japón, al igual que las guerras y que los ataques terroristas no son oportunidades de crecimiento ni fuentes de estímulo económico. La opinión de Daniel Gómez Gaviria.

por Daniel Gómez G.

El histórico terremoto de 9 grados en la escala Richter y el tsunami que azotó al Japón la semana pasada dejaron billonarias pérdidas materiales, destrucción de la infraestructura y pérdida de miles de vidas humanas. A los pocos días ya estaban circulando en los medios tradicionales y en los blogs dos clases de declaraciones: unas diciendo que la destrucción en Japón serviría de estímulo para la economía Japonesa al generar un aumento en la demanda derivada de la reconstrucción; otras comparando el efecto del terremoto en Haití con el del Japón y concluyendo que Haití es una “utopía libertaria” con un gobierno débil y poca regulación mientras que las estrictas regulaciones en el Japón salvaron vidas. Ambas declaraciones son falaces.

 

La idea, frecuente en el discurso de economistas keynesianos, de que la destrucción y consiguiente reconstrucción puede estimular la economía y generar riqueza, es un ejemplo de la “falacia de la ventana rota.” Aun cuando Frédéric Bastiat, economista liberal francés, explicó la falacia en su ensayo de 1850 “De lo visto y lo no visto,” la “falacia de la ventana rota” es una de las más persistentes en el discurso económico.

 

El ensayo de Bastiat cuanta la historia de un niño que quiebra la ventana de una panadería con una pelota. La ventana rota debe ser reparada generando trabajo e ingresos para el vidriero. A su vez el vidriero gasta su ingreso en carne generando ingreso para el carnicero. La ventana rota ha estimulado la economía a través de un aumento en la demanda agregada. Pero Bastiat explica que este argumento es falaz ya que únicamente considera los efectos “visibles” de la ventana rota. Si el niño no hubiera roto la ventana, el panadero tendría su ventana intacta y hubiera podido gastar el dinero de la reparación en un nuevo traje generando ingresos para el sastre que a su vez hubiera comprado carne generando ingresos para el carnicero. La destrucción de la ventana no generó actividad económica y tampoco generó riqueza.

 

La idea de que la destrucción causada por desastres naturales, o por actos de terrorismo, puede ser motor de crecimiento y de prosperidad es un ejemplo de esta misma falacia del niño que rompe la ventana pero a mayor escala. Si hubiera algo de verdad en este argumento, el Japón se vería mejor servido por una destrucción aún mayor y el mejor plan de desarrollo sería el que determinara la destrucción total de toda la infraestructura nacional y su posterior reconstrucción. La falacia de la ventana rota también subyace muchos argumentos a favor de intervenciones estatales y políticas fiscales contra-cíclicas que desvían recursos creando el espejismo de estímulo.

 

El segundo tipo de declaración ha destacado la resistencia de muchas de las edificaciones en Japón al temblor, aparentemente debido a las estrictas regulaciones en temas de construcción anti-sísmica y otras políticas gubernamentales activas en el área de infraestructura. Han comparado la situación en Japón con lo vivido en Haití, un Estado fallido, y saltado a la conclusión de que un Estado más intervencionista que impone más regulaciones es deseable y promueve el crecimiento y la prosperidad.

 

Estas declaraciones también son falaces por dos razones. La primera es que los Estados fallidos tipo Haiti o Somalia, no son ejemplos de ausencia de Estado. Son más bien ejemplos de Estados rapaces y predatorios. En lugar de ser ejemplos de lo que pasa en ausencia del Estado son más bien ejemplos de los peligros de un Estado ultra-corrupto.

 

En segundo lugar, aun cuando las estrictas regulaciones en temas de construcción en Japón hayan evitado el derrumbe de algunos edificios que de otra manera no hubieran soportado el terremoto, no es claro que los costos incurridos para lograrlo lo justifiquen o que en ausencia de estas regulaciones el nivel de inversión y la resistencia de las estructuras fuera sub-optima. Si la regulación generó costos de construcción por encima de los que escogería una persona dado el nivel de riego que está dispuesta a tomar teniendo en cuanta la eventualidad de un terremoto de esta magnitud (que ocurre cada 100 años), la regulación no ha generado mayor bienestar, contrario a lo que afirman proponentes de regulaciones más severas.

 

Los desastres naturales como el terremoto y tsunami en Japón, al igual que las guerras y que los ataques terroristas, son desastres. No son oportunidades de crecimiento ni fuentes de estímulo económico y es lamentable que prestigiosos comentaristas usen estas tragedias, con todas sus pérdidas materiales y humanas, para justificar políticas económicas basadas en falacias desacreditadas hace ya más de 150 años.

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