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Francisco Pérez-Calle, Columnista

| 2/11/2011 8:15:00 AM

¿Cómo mejorar la calidad de la educación?

La calidad no mejora sin renovar la forma como los profesores enseñan y la forma como los alumnos aprenden. Qué sabemos sobre lo que ocurre en los salones de clase. La opinión de Francisco Pérez Calle, nuevo columnista de Dinero.com.

por Francisco Pérez Calle

Este gobierno se impuso la meta de mejorar la calidad educativa. Significa que medio millón de profesores deben hacer algo diferente en el salón de clases, para que diez millones de estudiantes aprendan más en los colegios. ¿Cómo vamos a lograr semejante tarea? La década pasada creíamos que la calidad mejoraba si aumentábamos la ‘eficiencia’ con la siguiente fórmula: el Icfes mide lo que aprenden los alumnos, y el sector apoya los colegios que obtengan puntajes bajos para hacer una mejor gestión.

Lo bueno de esta política es que convirtió las evaluaciones externas en un sistema permanente. Lo malo es que se olvidó de la pedagogía. Es como mejorar la salud sin medicina. El secreto de la calidad está en los salones de clase. La calidad no mejora sin renovar la forma como los profesores enseñan, y la forma como los alumnos aprenden.

¿Qué sabemos sobre lo que ocurre en los salones de clase? Un estudio reciente que hice para el Idep con dos mil maestros oficiales de colegios de Bogotá muestra que los maestros enseñan con los métodos habituales: problemas y ejercicios en clase, comprensión de lectura y tareas para la casa. Con poca frecuencia recurren a debates y mesas redondas y a proyectos escolares que utilicen nuevas tecnologías. No hay mayores diferencias en la forma de enseñar entre maestros jóvenes y experimentados. Las calificaciones reflejan si el alumno se esfuerza, aunque no tanto si aprende. Y el estudio indica que hay ‘inflación de calificaciones’, esto es, que los profesores prefieren las notas altas a las notas bajas, para que sus alumnos no se desmotiven.

Los maestros trabajan duro: un educador oficial de Bogotá enseña todas las materias a un promedio de 100 niños en primaria, y unas pocas materias a 300 alumnos promedio en secundaria. No conozco la cifra equivalente del sector privado, pero estos números me inquietan: mientras más niños se enseña, más complejo es ponerles atención individual. Y ¿cómo no dar tratamiento individual a los alumnos que viven en la pobreza, cuyos padres no tienen más que quinto de primaria?

Lo cierto es que el 70% de los maestros no logra terminar el plan de estudios del año escolar. Y esta cifra aumenta para los colegios de secundaria, y para los maestros que enseñan un mayor número de cursos. En secundaria, las áreas con mayores dificultades para terminar el plan de estudios son las ciencias naturales y las matemáticas. ¿Pereza de los maestros? Lo dudo. ¿Planes de estudio sin foco? Podría ser. ¿Más alumnos que tiempo? Es una opción. Los cierto es que es imperativo comprender por qué no logramos concluir el plan de estudios.

La Ley confirió a los profesores autonomía en sus aulas, y eso hay que protegerlo. Pero eso no impide refrescar los métodos de enseñanza. Podemos revivir los adormecidos consejos académicos de los colegios y pedirles que conozcan mejor lo que sucede en las aulas. Los maestros harán un esfuerzo por renovar sus prácticas si la sociedad se esfuerza en reconocer genuinamente su trabajo, en vez de darles palo. Para mejorar la calidad hay otros frentes, por supuesto. Pero esta nota es para subrayar la importancia de un componente clave al que no le estamos parando bolas: la pedagogía. Si me preguntan, allí está el secreto.

fperezcalle@gexponencial.com

 

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