Opinión

  • | 2016/08/02 15:33

    ¿Miedo al éxito o repensar el modelo de globalización?

    Los líderes políticos están abogando por las fronteras y el nacionalismo ante los momentos económicos difíciles.

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Luego de la nominación de Hillary Clinton y Donald Trump como los candidatos para reemplazar a Barack Obama en Estados Unidos y un mes después de que en las urnas se decidiera la separación del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit), parece haber un consenso en que se están dando pasos importantes hacia la ruptura del paradigma de globalización que ha sido dominante en las últimas tres décadas.

Este retroceso de la globalización, al menos en el discurso político, es reflejo de la incoherencia entre la forma de entender el papel del Estado de muchos de los actuales partidos y líderes políticos alrededor del mundo. Contrario a las dinámicas de las empresas e incluso de las personas que cada vez tiene mayor movilidad y aprovechamiento de las oportunidades en diferentes latitudes, los líderes políticos están abogando por las fronteras y el nacionalismo.

Las dos explicaciones lógicas de este comportamiento son igual de deprimentes: La primera es que dichos líderes políticos se quedaron anquilosados en un mundo económico y social que ya no existe. La segunda es que el juego de la política se ha convertido simplemente en un mercado oligopólico de votos que ante alguna amenaza de cambio del status quo, apelan a discursos populistas en momentos económicos difíciles. Dan la sensación de cambio, pero que al final no tienen perspectivas claras de a dónde quieren llegar y, mucho menos, de cómo hacerlo.

El contraejemplo es el proceso de reunificación alemana que en octubre cumple 26 años y que fue uno de los grandes hitos de la globalización o integración de finales del siglo pasado.

El PIB de Alemania Oriental se duplicó entre 1992 y 2014, aunque el PIB per cápita es todavía cerca de 30% inferior al de los antiguos estados de Alemania Occidental. Por su parte la emigración interna en regiones económicamente débiles se mantiene alta desde 1990, aunque no necesariamente se dirige hacia ciudades de la parte occidental sino a ciudades prósperas del lado oriental.

Los alemanes de la RDA tuvieron que reaprender muchas cosas en su cotidianidad para insertarse al modelo social y económico de Alemania Occidental. De esta manera apareció la incertidumbre frente a la seguridad que implicaba estar bajo un régimen de estado planificador que poco contribuía al desarrollo de la innovación y el emprendimiento, esenciales para la evolución humana en diversos aspectos (culturales, sociales, económicos, ambientales, etc.).

Vale recordar que hoy Alemania, después de EE.UU., es el país de la OCDE más atractivo para los inmigrantes, precisamente como consecuencia de su éxito económico que bien administrado también es un éxito social.

Resulta paradójico entonces que para muchos de los electores que están apoyando las propuestas anti globalización el Estado tenga que preocuparse por garantizar unos niveles de bienestar adquiridos en otras épocas, sin importar que la competencia y la eficiencia hayan conducido a la reubicación de muchos recursos en otros lugares más adecuados para mantener la capacidad de sobrevivir.

El corporativismo propende por mantener beneficios alcanzados en algún punto de la historia y actúa bajo el supuesto de que los derechos adquiridos son inamovibles e incluso se pueden heredar, sin reconocer el dinamismo lógico de las relaciones humanas. Esto permite entender por qué a muchos sindicatos les preocupa solamente el bienestar de sus afiliados en lugar de contribuir en la disminución de la tasa de desempleo al permitir una mayor flexibilidad de las empresas para generar empleo.

En conclusión, grandes ejemplos como el de la reunificación alemana para mostrar los beneficios de la integración pueden dejar muchas lecciones a la luz del discurso antiglobalización, de manera que no se convierta en un retroceso de los logros alcanzados hasta el momento. Tal vez es el momento de repensar y replantear los propósitos de la globalización para que los avances económicos vayan mejor acompañados de avances sociales.

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