Opinión

  • | 2016/01/27 00:05

    La importancia de las economías emergentes

    En 2015 el crecimiento de las economías emergentes cayó por quinto año consecutivo y alcanzó el nivel más bajo desde la crisis del 2008. Los países exportadores de commodities, son los más vulnerables.

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Con el turbulento comienzo de año en los mercados financieros el pesimismo sobre la situación económica global se ha intensificado. Por esto vale la pena revisar las perspectivas sobre la economía global publicadas en semanas recientes por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para tener una visión menos mediática y mas objetiva de un escenario económico global complejo que, de todas formas, viene mejorando.

Según la publicación Perspectivas Económicas Globales del BM, en 2016 el crecimiento mundial alcanzará un ritmo de 2,9%, superior al registro estimado para 2015 (2,4%), pero con una marcada divergencia entre la continuación de la recuperación en las economías desarrolladas y el deterioro en la actividad de las mayores economías emergentes (Brasil, Rusia, China y Sudáfrica).

Entre tanto, el FMI en su publicación Panorama Económico Mundial proyecta un crecimiento de 3,4%, superior a la estimación para 2015 (3,1%), al tiempo que coincide con el BM en que el mayor desafío para el crecimiento global está supeditado a la capacidad de algunas economías emergentes tales como China, Brasil, Rusia y algunos países del medio oriente, de lograr un punto de inflexión y comenzar una recuperación gradual de su actividad económica.

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En 2015 el crecimiento de las economías emergentes cayó por quinto año consecutivo y alcanzó el nivel más bajo desde la crisis del 2008. Para el BM un descenso más prolongado de la actividad económica en las principales economías emergentes podría contagiar a otras economías emergentes e incluso frenar la recuperación de las economías desarrolladas. Según el organismo, una caída de 1% de crecimiento en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se traduce en un menor crecimiento global en 0,4%, mientras que el efecto de contagio podría ser considerablemente mayor si tal situación se combina con trastornos de los mercados financieros.

Los países exportadores de commodities, donde clasifica la mayor parte de América Latina, son los más vulnerables. El menor ingreso por exportaciones de materias primas con la consecuente devaluación de sus monedas ha generado significativos limitantes en su capacidad de respuesta a los choques externos. La devaluación se ha traducido en fuertes inflaciones que a su vez han obligado a los bancos centrales a incrementar las tasas de interés locales.

Al mismo tiempo, los menores influjos han presionado las finanzas públicas ya sea por menores ingresos asociados a la actividad extractiva de materias primas (dividendos, regalías e impuestos) o por el encarecimiento de la deuda externa por la devaluación y de la deuda interna por las mayores tasas de interés locales. En consecuencia, el margen de maniobra de la política económica es reducido y nuevas caídas de los precios internacionales de sus productos de exportación podrían tornarse insoportables para algunas de ellas, como es el caso de Venezuela.

Para la directora del FMI, la salud del mundo emergente es un asunto de primer orden para las economías avanzadas ya que allí vive el 85% de la población y se genera el 60% del PIB (Producto Interno Bruto) mundial. Por esto, un proceso ordenado de rebalanceo de la estructura económica en China más soportada en la demanda interna es indispensable para evitar traumatismos en la recuperación global que ahora viene liderada por las economías desarrolladas. Al respecto, las expectativas son positivas puesto que tanto el FMI como el BM esperan crecimientos superiores al 6% en el gigante asiático, tanto para 2016 como para 2017.

Además de los riesgos de una rápida desaceleración económica de China y de mayores caídas sostenidas en los precios de los commodities, el ajuste de las condiciones financieras también juega un rol decisivo en la salud de las economías emergentes. La depreciación de las monedas emergentes ya sea por el inicio de la normalización monetaria en EE.UU., por la reacción a una política devaluacionista en Europa y Japón o por la salida de flujos ante el deterioro de la actividad económica en los exportadores de commodities, está generando un deterioro de las condiciones financieras, principalmente en los países con elevados déficits en cuenta corriente financiados con endeudamiento externo, tanto público como privado.

Por lo mismo, otro de los grandes riesgos para este año, según el FMI, es la divergencia en las políticas monetarias de las economías desarrolladas. Las posturas expansivas (mayor liquidez y menores tasas de interés) en Europa y Japón que contrastan con la normalización monetaria (mayores tasas de interés) en EE.UU., podrían impulsar una mayor apreciación del dólar globalmente. Aunque lo más relevante ahora es cómo tal divergencia genera incrementos en la volatilidad de las tasas de cambio por la incertidumbre acerca de las acciones de política y, casi automáticamente, se refleja y retroalimenta la volatilidad en los flujos de capital, generando un efecto bola de nieve.

En conclusión, la economía global ha hecho un movimiento pendular en el cual el mundo emergente fue el soporte de la rápida recuperación poscrisis del 2008, pero ahora, luego de finalizado el superciclo de los commodities, se encuentra en una situación frágil al punto de empezar a minar la capacidad de recuperación de las economías desarrolladas. El diagnóstico ya está hecho, ahora es momento de ver si las recetas son adecuadas para superar el problema; en todo caso el elevado costo de esperar los resultados es, sin duda, la alta volatilidad en los mercados financieros que llegó para quedarse.

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