Opinión

  • | 2015/09/16 05:00

    ¿Tiene usted el perfil del verdadero líder?

    En el contexto empresarial del mundo es usual ver directivos que si bien están en la clasificación, de los denominados humanistas: el buena persona, el prestigioso, el persuasivo y el líder, las cualidades de este último no siempre se cumplen en su gestión.

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En esta columna nos referiremos a los cuatro perfiles de la visión humanista que no necesariamente por estar dentro de esta visión, son buenos para la organización. Sin embargo se les puede desarrollar más fácilmente, superando la falta de competencias directivas con programas de formación directiva y en las técnicas con programas de administración.

Para poder entender los perfiles con mayor facilidad, hemos decidido utilizar los extremos para facilitar su comprensión. Es así como para el concepto de estratega se utiliza (S) mayúscula para quien ejecuta o cumple con el concepto de estratega y (s) minúscula para quien no lo cumple.  Para el concepto de ejecutivo sería (E) mayúscula para quien cumple con el concepto y (e) para quien no lo cumple. Y humanistas (H) para quien cumple y (h) minúscula para quien no cumple. Entiendo que pueden existir puntos medios pero que complicarían mucho el objeto de este artículo.

El buena persona (s, e, H). Es un directivo con muy baja capacidad estratégica y ejecutiva, pero humanista, usualmente es muy mal directivo porque no cumple con el desarrollo de las personas ni el desarrollo económico que exige una organización. No le preocupan los resultados ni en el corto ni en el largo plazo, usualmente llegan a la dirección conscientes de que no son buenos directivos. Buscan dirigir su organización por consenso, tratando de poner de acuerdo a todo el mundo y en el extremo la democracia, mediante la votación de la mayoría.  Estilo muy peligroso para la organización.

El prestigioso (S, e, H).  Su prestigio procede de saber cómo se logran los buenos resultados y al mismo tiempo de una preocupación por cómo ayudar a los demás. Siempre está atento a las necesidades de los clientes, de los proveedores, es muy respetuoso, pero  no es un buen ejecutor. No sabe exigirles a las personas. Presenta dificultades para realizar las tareas, le incomoda la rutina de hacer lo mismo de siempre, no es disciplinado en el día a día.

El persuasivo (s, E, H). A diferencia del anterior, este es un gran ejecutivo, sabe manejar muy bien las personas, sabe cómo formarlas, a quien llamar, cómo dirigirse. Es el ejecutivo que soñaría tener cualquier organización. Tiene  gran capacidad de comunicación, de convencer a los demás, pero su gran deficiencia es la estrategia. No es capaz de posicionar su compañía en el largo plazo. Suele despilfarrar mucho dinero, porque primero está la cultura organizacional y por último el rendimiento económico. No es capaz de olfatear el entorno y mucho menos le gusta analizar  competidores.

El líder (S, E, H). Es excelente en todos los planos, pero no se le encuentra con facilidad. Da valor profundo a la organización, logra gran eficacia, buena rentabilidad en el corto y mediano plazo, hace a su organización muy atractiva para trabajar en ella, con un propósito claro y una unidad de todos los partícipes, busca equilibro en todo, se puede alcanzar, siendo una persona virtuosa, prudente, justa, con fortaleza y templanza. Suele dar ejemplo a los demás en casi todo.

Si bien dentro de los perfiles  que hemos venido comentando se encuentran algunos que son realmente malos para la organización y tan sólo algunos pocos excelentes para ciertos momentos de la vida de una empresa, las circunstancias más graves, se reducen a dos causas: a la falta de conocimientos, como son el mediocre y el buena persona y a la falta de moral, como son el manipulador y tirano. Si bien ambas son nefastas para una compañía, la falta de conocimientos se puede corregir con formación, pero lo que realmente es importante y decisivo es su capacidad humanista, pero lo que sí es difícil de lograr es que una persona adquiera un sentido humanista si nunca lo ejercieron o lo formaron de esa manera y aunque no es imposible tienen que pasar eventos extremos en su vida para que realmente mire que es lo importante.

Estos perfiles no son más que una clasificación, en la realidad uno puede encontrar muchas más características. Lo importante es entender cuáles competencias son las que deben desarrollarse, en especial es explicarle a los directivos que la dirección es una virtud, y la principal es la prudencia y ésta se logra cuando se incorporan mayores criterios de dirección.

El líder se hace, en especial cuando incorpora el hábito de tomar decisiones con criterio humanista y de esta manera, además de ser estratega y ejecutivo pronto se convertirá en un líder real, a diferencia de quienes relacionan la palabra líder,  al confundirla con gente carismática, de poder coactivo, persuasivo, pero con propósitos que van en contra de los partícipes. Por ejemplo, si analizáramos su actuar bajo este modelo, podríamos decir que Hitler era un personaje con gran capacidad estratega y ejecutivo, pero no humanista, lo que hemos llamado manipulador en nuestro modelo. A diferencia de Gandhi, quien  era el verdadero líder por excelencia, estratega, ejecutivo y humanista, su propósito siempre fueron los demás.
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