Opinión

  • | 2015/10/21 05:00

    ¿Por qué regresó el apetito por riesgo?

    La revaluación del peso colombiano así como las valorizaciones de la deuda pública y de la renta variable en Colombia en la primera mitad de octubre, reflejan el renovado apetito por riesgo a nivel global.

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La evolución de los mercados domésticos está en sintonía con una menor aversión al riesgo alrededor del mundo, pero contrasta con el pesimismo que se percibe en el ambiente de los inversionistas locales ante el brote inflacionario, el menor dinamismo económico y las inciertas perspectivas fiscales.

El índice VIX, el indicador más seguido de volatilidad a nivel global que es calculado a partir del mercado de opciones sobre acciones del mercado estadounidense, cayó de 28 a 15 puntos en la primera mitad de octubre, acercándose rápidamente a los niveles previos a la inesperada desvalorización de agosto. En similar lapso, el dólar frente a las otras principales seis divisas del mundo se depreció 1,4%, mientras que el índice que mide la cotización de los commodities (CRY) se valorizó 3%.

Aunque las cifras de actividad económica en China siguen apuntando hacia una mayor desaceleración, manteniendo la incertidumbre sobre la capacidad de las autoridades económicas del gigante asiático de alcanzar la meta de crecimiento económico de 7% para este año y de evitar un rápido enfriamiento de la mayor economía emergente en los años venideros, el apetito por el riesgo ha regresado. La gran cuestión en este momento es si el renovado apetito por riesgo es de corta duración o si llegó para quedarse.

El factor que parece volver a tomar protagonismo en los mercados globales corresponde a la postura de política monetaria en EE.UU. y en otras economías desarrolladas. Aunque la alta volatilidad de los mercados financieros de agosto y septiembre asociada a dudas sobre el soft landing de China fue incorporada dentro del mensaje de la Reserva Federal como parte de las consideraciones para postergar el esperado incremento en la tasa de intervención durante la reunión de septiembre, es el riesgo de deflación en el mundo desarrollado el que parece estar alimentando, verdaderamente, las expectativas de aplazamiento sobre el inicio del camino hacia la normalización monetaria en EE.UU.

Una estadística publicada por Bloomberg el 15 de octubre estima que cerca del 40% de los países, con seguimiento de este sistema de información, tiene una inflación inferior al 1%, siendo el nivel máximo del indicador desde septiembre de 2009. Entre tanto, en el mundo desarrollado la variación anual del IPC en este momento es decepcionante: Japón 0.2%, EE.UU. 0.0%, Reino Unido -0.1% y la Eurozona -0.1%. 

La ventaja transitoria del riesgo de deflación en las economías desarrolladas para los activos de riesgo es la receta utilizada por los bancos centrales para enfrentar esta situación: elevadas y continuas inyecciones de liquidez que mantienen vivo el fenómeno de búsqueda por rentabilidad a lo largo y ancho de la geografía mundial.  Lo anterior se ve reflejado en renovadas expectativas de ampliación del programa de relajamiento cuantitativo en Europa y Japón, así como en la postergación del incio de incrementos en la tasa de interés en EE.UU. (pasó de septiembre de 2015 a marzo de 2016) y del pausado ritmo de incrementos que, según los mismos miembros de la Fed, alcanzaría niveles entre 1.25% y 1.50% al cierre de 2016.

En este escenario el peso colombiano se apreció 7.6%, las tasas de los TES de largo plazo cayeron alrededor de 50 pbs y el índice COLCAP se valorizó 4.1%. Situación que contrasta con la sorpresa inflacionaria de septiembre al ubicarse en 5.35%, siendo un récord desde abril de 2009 y bastante lejos del rango meta (2% - 4%), con lo cual es muy probable que continue el alza en la tasa de intervención en los siguientes meses. Lo anterior es evidencia de cómo los factores vigentes de los mercados financieros globales son más relevantes para los activos colombianos o, eventualmente, el pesimismo de los inversionistas nacionales incorpora la posibilidad de que los factores negativos internos (déficits gemenlos, desaceleración e inflación) definitivamente son de carcater temporal.

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