JAIME BÁRCENAS

Mi jefe me desmotiva

La motivación del personal es un factor fundamental para aumentar el rendimiento de los equipos de trabajo.

Jaime Bárcenas, Jaime Bárcenas
23 de junio de 2017

Que manía tienen los jefes de no reconocer los méritos, propiciar pequeños conflictos, evitar la comunicación y alargar a lo que más se puedan la jornada laboral, aun parece no darse cuenta de que eso desmotiva a sus empleados y repercute directamente en la productividad; lejos de estar aportando, están restando a la empresa.

En tiempos donde resultaría obvio pertenecer a entornos laborales agradables, hay personas que no cuentan con ellos, por eso sigue siendo un reto constante en materia de gestión humana y debe seguir siendo la meta de cualquier gerente, mando intermedio o jefe de área.

El abismo S.A.

Contamos con directivos expertos y consumados en desmotivar a sus equipos, con habilidades extraordinarias para hacer el lugar del trabajo un auténtico infierno.

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La idea es no imitarlos y conocer cuáles son las causas de su experticia, así lograremos no cometer los mismos errores a la hora de dirigir equipos, que no es una tarea fácil, pero que requiere principalmente de la capacidad de estimular a las personas que te rodean.

El precio justo

Siendo totalmente sensatos el primer nivel para analizar la satisfacción de los empleados es meramente retributivo, tener salarios justos y que estén acordes las labores y los méritos obtenidos para sentirse a gusto. Es imposible exigir devoción hacia el trabajo si las personas no se sienten bien pagadas.

El segundo nivel, también es material, pues está relacionado con las condiciones adecuadas en materia de seguridad e higiene en el trabajo, la comodidad dentro del mobiliario y contar con los materiales necesarios para desarrollar las tareas.

Nuestro entorno influye directamente en nuestro estado de ánimo y teniendo un equipo bien remunerado y en unas instalaciones atractivas, se habrá dado el primer paso para mejorar el ambiente laboral de nuestra empresa, lograrlo es en gran medida responsabilidad de los jefes.

Algo más que dinero

Los últimos estudios señalan que, una vez que se alcanza una retribución suficiente, el dinero va perdiendo importancia y priman aspectos de carácter más emotivo y profesional:

  • Más participación: Los empleados demandan más participación en los temas relevantes y que podrían afectar la marcha de la empresa, así como la comunicación efectiva de los mismos. Considero que sería muy positivo que se rompiera la costumbre de muchas compañías donde es el jefe quien toma las decisiones en solitario, sin tener en cuenta ninguna opinión.

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  • Potenciar el desarrollo: Es mucho más valorado el hecho de guiar e impulsar la carrera profesional, que afianzar el puesto donde se encuentran los empleados, siempre se debe facilitar la preparación que sea necesaria para que las personas asciendan y se desarrollen.
  • Otros valores: Las nuevas generaciones le dan mucha más importancia al reconocimiento por metas alcanzadas, logros cumplidos o el mejoramiento de la calidad de vida, que, a un aumento despampanante de su sueldo, que tampoco viene mal, pero que se encuentra en un lugar más lejano en la lista de prioridades.

Premiar el mérito

Cada vez son más las empresas que introducen planes de incentivos para premiar la consecución de objetivos. Esta práctica aún no está suficientemente generalizada en nuestro país, donde sigue imperando la política de remunerar con un salario fijo, independientemente de sus méritos individuales.

El rendimiento mejora de forma considerable con planes de incentivos diferentes, como disfrutar de viajes, regalos por puntos o sorpresas ligadas a la productividad.

Estoy quemado

A veces es la propia estructura de la empresa la que hace que las cosas no funcionen:

  • Competencias ambiguas: Son aún pocas las empresas que, cuando las personas empiezan a trabajar, se les hace una descripción del cargo, delimitando las funciones, explicando el sistema de evaluación de su trabajo, las opciones de desarrollar su carrera y las aspiraciones que puede tener. Generalmente no tener esto bien delimitado conlleva a, que con el paso del tiempo y sin previo aviso, le vayan dando más trabajo y vayan “quemando cabezas”.
  • Conflictos entre los compañeros: En muchas ocasiones el mal ambiente viene provocado por las relaciones conflictivas entre los propios compañeros. Esto, a veces, es fomentado por la empresa o por los jefes, inclinados a que impere la cultura de la puerta cerrada y la competitividad interna.
  • Jornadas interminables: Los largos horarios no llevan a ningún sitio que no sea a un agotamiento absoluto. Las empresas que mantienen largas jornadas laborales tienen algún defecto de fondo, el más corriente es tratar de conseguir mucho sin los medios adecuados.
  • Desconocimiento: Otro de los grandes errores es ignorar las necesidades e inquietudes personales de los empleados, para mantener la motivación es necesario conocer con quienes trabajas, no solo en su ámbito laboral sino personal. Un buen jefe se vale de este conocimiento para ponerlo todo a su favor.

Dime con que jefes andas y te diré que tipo de empresa tienes.

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