Opinión

  • | 2016/02/23 00:01

    En innovación no caben los lagartos

    Ante la innovación, tenemos comportamientos instintivos que nos impiden aceptar nuevas ideas. El primer paso para cambiarlos es reconocerlos.

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La resistencia al cambio que se presenta en procesos de innovación es un círculo vicioso, pues si no cambiamos morimos, pero si cambiamos amenazamos nuestra supervivencia. Esta resistencia es un comportamiento natural, porque nuestro cerebro se encuentra programado para mantener el status quo y para huir en situaciones de peligro, por lo que las nuevas ideas pueden muchas veces ser percibidas como enemigos.

Aquí radica la razón más simple de por qué es difícil innovar. Y es que siempre será mejor “malo conocido, que bueno por conocer” o al menos así es como lo entiende la parte más primitiva de nuestro cerebro.

Una manera simplificada de explicar nuestra forma de pensar frente al cambio, se encuentra en la teoría del cerebro triuno o reptil. Desde esta perspectiva se plantea que hay tres áreas cerebrales que influyen en la forma en que nos enfrentamos a nuevas situaciones. La primera es el complejo reptiliano, localizado en el tallo cerebral; se le conoce así, debido a su semejanza con el cerebro de los reptiles. Este es el responsable de las conductas compulsivas de defensa y ataque. La segunda parte es el sistema límbico, encargado de regular las emociones y emitir los juicios; y la tercera se refiere al neocórtex, lugar donde se toman decisiones, se generan ideas y se resuelven problemas. Estas áreas se encuentran interconectadas y sus procesos influyen en las actitudes que asumimos frente a diferentes situaciones. Este modelo plantea una excelente metáfora para entender que en nuestra cabeza vive un lagarto que en situaciones de peligro huye, ataca o calla.

Es muy común que en las reuniones de trabajo, alguien de una idea y el grupo busque todas las formas de acabar con ella. Este comportamiento es de lagartos que aún no son conscientes de sus reacciones animales. Cada vez que usted está a la defensiva, que critica una idea demasiado pronto o que se le sube el ego y lo invaden los sentimientos de superioridad, está haciendo uso de su instinto más bajo para pensar.

Afortunadamente tenemos la corteza cerebral que nos permite razonar a fin de superar nuestros comportamientos instintivos. Para llevar su pensamiento hasta allí, existen comportamientos que puede asumir. Por ejemplo, puede comenzar por escuchar activamente cuando le presentan una nueva idea; muchas veces nuestro problema es que estamos tan preocupados por defender nuestra posición, que no escuchamos lo que nos proponen, sino que nos dedicamos a preparar una respuesta de contraataque. Dedique un tiempo a considerar las ideas y empiece por identificar las fortalezas, antes de plantear los problemas, porque aunque la idea sea floja, siempre tendrá algo que se pueda rescatar.

Tenga mucho cuidado, porque es muy fácil señalar y darse cuenta de que el mundo es un gran pantano lleno de lagartos; solo basta con mirar a su alrededor para identificarlos. Pero el problema no se da cuando los demás demuestran su instinto reptil, sino cuando usted se está comportando como uno. Por eso, es necesario aprender a domar al reptil para que no interfiera en nuestros procesos de innovación, pero esto requiere de práctica; y hablo de adiestrarlo porque acabar con él es imposible, pues este se encarga de regular procesos biológicos vitales que nos mantienen vivos.

Sin embargo, esto no es imposible de lograr: por eso yo hoy lo invito a que respire profundo, considere las puntos positivos de las  ideas antes de juzgarlas, y ¡no sea lagarto!

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