Opinión

  • | 2017/10/06 00:01

    ¿Horas extras? No jefe, gracias

    Nunca se piensa en los trabajadores, siempre hay temas más relevantes en la organización, pero, si alguien se beneficia de una jornada de trabajo sensata y sin excesos es el empleador.

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¿Cuántas personas trabajan horas extras? Realmente son muchas, pero lamentablemente el valor contributivo a nivel individual es muy bajo. La mejor manera de incrementar la productividad es dar a los empleados un descanso.

Admito que es una venta difícil, pues la gente teme que, si se limitan las horas de trabajo, se reduce la productividad y disminuye la voluntad de ser competitivo. Pero, el exceso de trabajo no sólo agota a los empleados, sino que también puede reducir los beneficios y generar costos ocultos en la empresa.

Un largo día de trabajo oculta muchos costos. Es una falacia suponer que cuanto más tiempo trabajan, más producen. Las horas de trabajo y los resultados no se correlacionan, de hecho, he observado precisamente la relación inversa entre algunas empresas con cargas laborales complejas. A medida que los empleados reducían sus horas, las empresas se sorprendían al ver el aumento de los ingresos, incluso algunas de ellas tenían más ingresos después de reducir sus horas extras en un 30%.

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El trabajador incansable es un mito. Nuestro cerebro puede concentrarse sólo durante 13 horas después de despertar, después de eso, nuestra concentración es tan mala como conducir ebrio. El exceso de trabajo lleva a tomar malas decisiones y aumentar los errores. Los empleados con alta carga de horas en el trabajo, pasan más tiempo en la oficina corrigiendo errores que podrían haberse evitado al tener mayor concentración. Incluso, se están pagando horas extra es para corregir errores y no para aumentar producción o generar más ideas. A mayor tiempo, peor resultado.

El círculo vicioso del agotamiento. Las empresas caen en la trampa de empujar a sus empleados a registrar más y más horas tan pronto como los ingresos se disminuyen. Es sólo el comienzo de un círculo vicioso, no importa cuánto tiempo pasen en una reunión, su falta de descanso llevará a la falta de nuevas ideas, lo que significa que la reunión no irá a ninguna parte. Cuando se elevan las horas de trabajo solo se producen ideas pobres y productos invendibles, es un circulo que se convierte en vicio y que desencadena en despidos y aumento de carga laboral para los sobrevivientes. Como resultado, las horas extras costarán más que los ahorros en despidos.

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La situación de los empleados sobrecargados de trabajo debe preocupar a todos. El trabajo excesivo en la oficina impide volver temprano a la casa, cosa que repercute directamente en la familia, que tiene que encontrar cuidadores para los niños porque ambos padres trabajan. Finalmente, la presión y la carga recae en todos los actores que directa o indirectamente hacen parte de la cadena. Aumentan las horas de trabajo y los gastos directamente proporcionales a éstas, pues se pagan más guarderías, más niñeras, más transportes y se complejiza la logística familiar más y más. Es evidente que estas dinámicas exigen un modelo de negocio en el cual se pueda ser productivo en un corto periodo, evitando costos a los empleados y a los empleadores.

Promover la eficiencia, no la perseverancia. El cambio sólo vendrá con una nueva cultura organizacional, que defienda la eficiencia en lugar de la perseverancia. Se debe ayudar a la gente que nos rodea a abrir los ojos sobre esta idea: No por trabajar largas horas se aumentará el beneficio del negocio. Los gerentes deben ser conscientes de esta realidad, pues la motivación de sus empleados seguirá cayendo a menos de que la mentalidad de estos se vaya transformando.

Les aseguro que, si manejan sus empresas sin horas extras, empezarán a aflorar los mejores empleados, quienes con un horario limitado serán mucho más eficientes y brillantes que antes. Se estará dando prioridad no solo a los empleados, sino a la empresa misma.

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