Opinión

  • | 2014/08/11 18:00

    Grado de inversión, petróleo y las finanzas de Colombia

    Se deben emprender acciones que permitan diversificar la canasta de exportaciones, procurando que las no tradicionales ganen más terreno, y asegurar la producción petrolera en el largo plazo. Opinión de Camilo Díaz Urrea.*

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Al finalizar el pasado mes de julio, la agencia calificadora de riesgos Moody’s elevó el grado de calificación de la deuda soberana emitida por Colombia, llevándola desde Baa3 a Baa2 con perspectiva estable, esto quiere decir que de acuerdo con los criterios de riesgo de crédito de Moody’s, las perspectivas de la economía colombiana son buenas, y con base en ellas, la capacidad que tiene el país para horran oportunamente sus compromisos con los inversionistas es solida, lo que se traduce en un baja probabilidad de incumplimiento, sin embargo la nota de Baa2 implica que cambios adversos en las condiciones de negocios, económicas o financieras del país pueden aumentar el riesgo de inversión en la deuda colombiana.

Esos cambios adversos en las condiciones económicas y financieras del país tienen que ver principalmente con las perspectivas de mediano y largo plazo de indicadores económicos y financieros clave, entre ellos se encuentran el déficit fiscal, el crecimiento del PIB, las expectativas de inflación, la relación deuda PIB, y la relación entre deuda pública e ingresos corrientes, entre otras variables que miden el grado de vulnerabilidad interna y externa que puede tener la economía.

En varios de los indicadores analizados por Moody’s para calificar el grado de riesgo de la economía, Colombia tiene un mejor desempeño que la media de los países de la región que comparten una calificación de riesgo similar, entre ellos Perú y México que son socios nuestros en el MILA y la Alianza del Pacífico.

Colombia presenta vulnerabilidad en indicadores asociados a la deuda y el pago de intereses, mientras la deuda del Gobierno frente al PIB es de apenas del 34%, el panorama cambia al comparar la deuda del Gobierno frente a sus ingresos, pues esta equivale al 219% de ellos, es decir que el Gobierno debe un poco más de dos veces sus ingresos corrientes, mientras que el pago de intereses o servicio a la deuda consume el 15% de los mismos, por otra parte la proporción de ingresos que logra captar el Estado frente al PIB es baja, pues solo llega al 15,6% lo cual dista de la media del 30% de los países calificados por Moody’s con grado de inversión. En cuanto al sector externo el déficit en cuenta corriente de Colombia aunque ronda el 3% ha sido financiado por la Inversión Extranjera Directa IED que en su mayoría ha llegado al sector de minas y petróleo.

Este último es uno de los aspectos donde Colombia debe tener más cuidado, si bien el déficit en cuenta corriente viene siendo financiado por la entrada de Inversión Extranjera Directa, esta se desaceleró en el primer semestre de este año, esa desaceleración fue compensada por la llegada de más inversión de portafolio fruto del rebalanceo de los índices de JP Morgan que involucró mayor deuda Colombiana denominada en pesos dentro de ellos.

Otro aspecto en el que Colombia debe fijarse es el elevado grado de exposición a las exportaciones de commodities particularmente de petróleo, según el informe de inflación presentado por el Banco de la República al iniciar agosto, las exportaciones anuales de Colombia ascienden a US$60.000 millones, no obstante según cifras de ANIF el 76% de las exportaciones corresponden a petróleo y minería, mientras el 24% restante son principalmente químicos, productos agrícolas, metalurgia y alimentos. En ese sentido los principales productos básicos de exportación colombianos son petróleo 78%, carbón 16% y café 5%, en consecuencia los principales destinos de exportación son Estados Unidos, China, India y la Unión Europea.

Llama la atención que aunque las exportaciones del país están básicamente concentradas en petróleo, las reservas probadas de la Nación tienen un horizonte de vida de 7 años al ritmo actual de producción de 982 mil barriles diarios en promedio, del mismo modo la producción nacional en su mayoría está a cargo de Ecopetrol con más 60%, pero las reservas de la empresa tiene un horizonte de 8.1 años. Si bien en el presente la situación no es alarmante, es de suponer que en el Gobierno hay una luz naranja de advertencia porque el marco fiscal de mediano plazo presentado por el Ministerio de Hacienda proyecta una producción promedio diaria de 1.1 millones de barriles a partir del año 2015 y un precio del petróleo colombiano de US$100 por barril.

Teniendo esto presente el Estado debe emprender acciones que permitan diversificar la canasta de exportaciones, procurando que las exportaciones no tradicionales ganen más terreno, entre otras recuperar el espacio perdido hacia Venezuela donde Colombia pasó de exportar US$6.000 millones en 2008 a un poco más de US$2.000 millones en 2013.

También debe velar por aumentar las reservas probadas de petróleo de Colombia, dado que las perspectivas fiscales del país están ligadas en gran medida a la capacidad de exportación de crudo, eso implica resolver las problemáticas existentes en el sector relacionadas al licenciamiento ambiental, la consulta a comunidades y los ataques a la infraestructura por parte de la guerrilla, y por supuesto aumentar la inversión de Ecopetrol en exploración, lo que requiere que el Gobierno sea menos exigente en la solicitud de transferencia de dividendos, para facilitar que la empresa pueda financiar su plan de inversiones en exploración sin recurrir a la emisión de deuda.

Por último, sería un error del Gobierno desconocer que Colombia aunque pasa por un buen momento económico, – y medidas como la regla fiscal que contendrá el déficit más las inversiones en infraestructura agregarán fortaleza a la economía – no obstante enfrenta debilidades que hay que resolver porque están asociadas a la viabilidad en el largo plazo de su principal fuente de ingresos, olvidar esto puede llevar a un escenario de caída brusca de las exportaciones que obligaría a la importación de crudo a precios internacionales, lo que depreciaría el tipo de cambio pero también incrementaría la carga de la deuda, aceleraría la inflación y aumentaría el déficit comercial y de cuenta corriente, con el consecuente efecto en el bienestar económico de la sociedad en general.


* Coordinador Unidad de Análisis del Mercado Financiero UAMF.
 Facultad de Ciencias Económicas.
Universidad Nacional de Colombia.
dcdiazu@unal.edu.co
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