Opinión

  • | 2016/06/30 00:01

    El fútbol y el management, ¿qué podemos aprender?

    Me he propuesto analizar la relación entre el director técnico de un equipo de fútbol y el CEO de una compañía con el fin de descubrir cuáles son los aprendizajes claves que deja el fútbol a las empresas y organizaciones.

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Lo primero: la estrategia

En el fútbol, como en las organizaciones, la estrategia es clave. Esta última tiene que ver con la manera como competimos y ganamos a partir de la ventaja de nuestros puntos fuertes y minimizando los débiles. Así como un técnico de fútbol ve horas de videos sobre sus rivales, analiza informes sobre los equipos y estudia los estadios donde jugará su equipo, un directivo debe pasar buena parte de su tiempo estudiando a sus competidores, observando sus movimientos y, sobre todo, analizando su modelo de negocio y su mercado. Pékerman, por ejemplo, estudia durante mucho tiempo las alineaciones de sus rivales con el fin de establecer el tipo de estrategia que va a plantear en cada juego.

Una buena estrategia requiere de información de calidad, lo cual implica que la alta dirección sea capaz de realizar unos análisis estratégicos precisos que brinden insumos claves para la buena toma de decisiones. Dichos análisis deben partir de análisis de competidores, clientes,  proveedores, productos sustitutos y fuerzas del entorno. A la vez, esa información es el insumo clave para construir el plan estratégico. Por su parte, la matriz DOFA ayuda a organizar los datos y no solamente contiene adjetivos o juicios de valor.

Más que el grupo, lo que importa es el equipo

Tanto en el fútbol como en las empresas un equipo es una comunidad de personas unidas por objetivos y valores y no solo una sumatoria de individuos que conforman un grupo. Muchas veces en los grupos hay personas con grandes condiciones personales y profesionales (carisma, experiencia y conocimientos) y, aun así, no consiguen los resultados. El mejor ejemplo fue –en su momento- el Real Madrid en el que jugaba Beckham, Ronaldo, Zidane y Figo: gracias a estas grandes figuras era llamado el equipo Galáctico porque era una constelación de estrellas. Sin embargo, los resultados no acompañaban a este equipo. En cambio, otros equipos con nóminas modestas alcanzaron objetivos deseables por todos como el Once Caldas, campeón de la Copa Libertadores en 2004 y recientemente el Leicester, que después de 132 años ganó la Premier League. La clave fue, en especial, la unidad del grupo, el papel del director técnico y algo de suerte.

En las empresas muchas veces contratamos a los mejores, pero no se logran los resultados que todos esperamos y, por el contrario, se incrementan los conflictos, las luchas políticas y el protagonismo entre las áreas y departamentos sin alcanzar los resultados que esperamos. Esto sucede porque generamos múltiples incentivos que fomentan la cultura del individualismo, lo cual rompe los lazos y vínculos que produce un equipo sólido y cohesionado. En la empresa Gore-Tex, por ejemplo, la compensación va en función de los líderes de proyecto quienes, a su vez, lo son en función de los seguidores que se unen para lograr los objetivos.

El CEO es clave

Un director técnico debe tener experiencia, lo cual implica haber ganado títulos y, especialmente, haber sufrido derrotas; no hay nada más importante para dirigir que la experiencia. Por eso, los buenos directores técnicos generalmente son personas “curtidas” que conocen su oficio y saben soportar la presión. José Pékerman, antes de ser técnico de la Selección Colombia, había triunfado con la juvenil de Argentina y había participado en un Mundial. En las organizaciones el CEO es el mejor símil del director técnico y, como en el fútbol, debe ser una persona con experiencia en dirección general, que haya liderado grupos, con experiencia para gestionar juntas directivas, que sepa ser vocero y, sobre todo, capaz de tener una visión de conjunto de toda la organización. Es un gran error –a la hora de seleccionar el CEO- dejarnos seducir por el directivo carismático porque muchas veces toma decisiones por su ego y no por el bien de la organización.

La cultura de la organización

Las largas concentraciones en el fútbol se convierten en un factor clave del éxito para estudiar al rival, conocer el reglamento y cohesionar al grupo mediante actividades internas de fortalecimiento de lazos, amistad y confianza. En las organizaciones, cada vez son más útiles los retiros, las jornadas de capacitación y las actividades por fuera de la rutina laboral diaria. El poder de estas actividades radica en la creación de vínculos, el fomento de valores y el fortalecimiento de la cultura del “nosotros.” Las capacitaciones pueden convertirse en un instrumento para difundir los valores de la organización, promover el aprendizaje y crear espacios para la conversación y generación de ideas.

Un buen director técnico debe tener cuatro virtudes para hacer bien su trabajo: poner la cara al sol (trabajar al lado de los jugadores en la cancha), tener buen manejo de grupo, saber escoger sus jugadores, respetar el buen juego y leer bien los partidos (Hernández, 2015). Estas virtudes las podemos extrapolar al mundo de la empresa y encontramos que un CEO debería dar ejemplo, construir un buen equipo, impulsar a la organización mediante la iniciativa y, sobre todo, desarrollar un pensamiento estratégico que le permita entender su entorno, a la industria y también las dinámicas de sus stakeholders

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