Opinión

  • | 2017/09/11 00:01

    Economía creativa y sus rezagos en Colombia

    En los países con mayor crecimiento, los índices de propiedad intelectual están por las nubes. Por lo general, mantienen una jurisdicción fuerte y un foco alineado con aspectos relacionados a potenciar la educación conjunta para promover las ideas innovadoras. ¿A Colombia cómo le va en esto?

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Actualmente, la propiedad intelectual es un tipo de posesión tan valioso como un objeto físico, así se trate de algo tan intangible como el conocimiento. De hecho, son las ideas las que promueven la innovación y el desarrollo, las que plantan la estrategia a seguir, las metas a alcanzar y el modo de alcanzarlas. Por ende, protegerla y establecerla entre titulares de derechos es un marco que puede promover, incluso, la competitividad de los negocios y su sostenibilidad.

La idea básica con todo ello es garantizar una protección de las creaciones, con el fin de asegurar alguna retribución que corresponda a los beneficios que derivan de su uso o implementación. Por lo general, todo está alrededor de los incentivos económicos gracias a la introducción de nuevas tecnologías, avances de relevancia en el campo científico y producciones artísticas.

Y si bien ya existe una diversidad de formas en las que se presenta, como las patentes, las denominaciones de origen, las marcas y los derechos de autor, aún se mantienen importantes retos para que un país en vía de desarrollo, como Colombia, medie todo lo necesario para poder destacar en la generación de ideas creativas que estimulen el desarrollo económico nacional.

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En este sentido, la seguridad jurídica se vuelve vital para estimular el campo científico o académico. A menor protección otorgada, se tiene una menor innovación y una menor inversión. Por ende, una estructura jurídica, que abarque un fuerte campo legal sobre el cual puedan sentarse las ideas innovadoras, se hace necesaria de tal forma que se puedan poner estas ideas a disponibilidad a través de licenciamientos, con una prometedora propuesta de rentabilidad para los inventores.

Por otro lado, uno de los retos que se mantienen se relaciona, precisamente, con una adecuada relación entre el campo académico a nivel universitario, técnico y tecnológico con el mercado actual. Se debe emprender la búsqueda hacia un equilibrio entre las ideas que pueden darse, y su verdadera utilidad a través de las necesidades reales de los sectores de una economía. De tal forma se asegura una buena distribución de licencias de las ideas planteadas, siempre y cuando se adecúe, al mismo tiempo, un precio competitivo que sea accesible a los mercados a los que se quiere llegar.

En nuestro caso, la entidad que reglamenta la propiedad intelectual en el ámbito colombiano es la Dirección Nacional de Derecho de Autor del Ministerio del Interior. Según informes de la entidad, la cantidad de registros por año ha mantenido una tendencia positiva pasando de 45.910 en el 2010 a 71.874 en 2016, con un registro promedio oficial del 70% al 80% de las solicitudes realizadas.

Y aunque el incremento en los registros es un aspecto prometedor, Colombia se mantiene en una posición muy baja si nos comparamos a nivel mundial. Según la World Intelectual Property Organization (WIPO), de las aplicaciones para patentes, marcas registradas y diseños industriales, China, Estados Unidos y la Unión Europea llevan la delantera. Nada de extrañar, pues son las potencias que más invierten en investigación y desarrollo.

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En 2016 la WIPO estructuró un documento que muestra un conglomerado de cifras sobre propiedad intelectual a nivel mundial, en donde Colombia no salió tan bien librado. De 2.888.800 aplicaciones para patentes a nivel mundial realizadas en 2015, China hizo 1.101.864 y Estados Unidos 589.410; en cuanto a marcas registradas se realizaron 8.445.300 aplicaciones, en donde China realizó 2.828.287 y Estados Unidos 517.297; y de diseños industriales China hizo 569.059, mientras que la Unión Europea 98.162 y la República de Corea 72.458.

Por nuestra parte, en cuanto a patentes y en la evaluación de países de ingreso bajo y medio, nos llevan ventaja países como Malasia, Sur África, Turquía, Ucrania y Filipinas para 2015. Asimismo, mientras el ranking global de patentes, marcas y diseños es liderado por China, Estados Unidos, Alemania, Corea, Japón y Francia, nuestro país obtuvo las posiciones 52, 32 y 55 en cada eslabón, respectivamente. Aspecto que no es del todo malo, pero que muestra una marcada deficiencia en materia de propiedad intelectual.

Algo debe decirnos que la mayoría de países que se retratan como líderes en propiedad intelectual estén como miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el exclusivo club al que queremos pertenecer. Sin embargo, no basta con adquirir la membresía si no tomamos ejemplo y acoplamos las costumbres que lleva a los países miembro a ser de las economías más destacadas a nivel mundial. El ser parte no nos brindará ninguna garantía, y de la aplicabilidad de las políticas públicas depende este desarrollo.

Por todo lo anterior, promover la generación de producciones auténticas que hagan parte de nuestro colectivo de propiedad intelectual se vuelve importante. Ello cuenta como una economía creativa a la que Colombia le debe apostar para subir sus índices de investigación y desarrollo, llevando a diversos sectores a un crecimiento sostenido. La idea es buscar nuevas o mejores formas de hacer las cosas incluyendo la innovación y el desarrollo tecnológico.

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