Opinión

  • | 2016/08/03 00:02

    Diatriba contra las calificadoras de riesgo

    Al analizar las razones de Fitch para poner el panorama de Colombia en negativo no puedo dejar de pensar que estas personas tienen algún tipo de trastorno, tal vez algo así como un serio cuadro de esquizofrenia colectiva que se va extendiendo hacia otras firmas calificadoras.

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El mundo de las calificadoras de riesgo es pequeño y obtuso si a calificaciones soberanas nos referimos (sin que esto quiera decir que hay mucha variedad en las calificaciones corporativas), es un mundo donde solo reinan tres compañías: Standard and Poor´s, Fitch Ratings y Moody´s.

Recientemente Fitch Ratings decidió revisar a la baja el panorama crediticio para Colombia de estable a negativo con una calificación de BBB; presentaron un documento muy bien redactado y con impecable ortografía, pero que a final de cuentas solo sirvió para mostrar de forma elegante que se estaban alineando con la misma decisión que ya había tomado Standard and Poors, por allá en febrero.

No se le haga raro que dentro de poco salga Moodýs a anunciar con bombos y platillos que descubrió el agua tibia y que también revisa a la baja la perspectiva de crédito para Colombia. Al analizar las razones de Fitch para poner el panorama de Colombia en negativo no puedo dejar de pensar que estas personas tienen algún tipo de trastorno, tal vez algo así como un serio cuadro de esquizofrenia colectiva que se va extendiendo hacia otras firmas calificadoras.

Según Fitch el déficit en cuenta corriente, la relación deuda sobre PIB tampoco y el déficit fiscal no corresponde a un país con calificación BBB. ¿Entonces por qué tenemos calificación BBB? Se habla de la importancia de la reforma tributaria estructural, pero con la olla ya raspada es improbable que una reforma tributaria solucione de tajo los problemas de déficit en cuenta corriente, déficit fiscal y de deuda.

Pareciera mejor que se le asigne a Colombia la calificación correspondiente a su realidad macroeconómica y no poner al señor ministro como un alma en pena a deambular por cuanto foro económico, universidad o canal de televisión regional a explicarnos a todos los colombianos sobre la urgencia de la reforma.

Aquellos que vivimos la crisis financiera de 2008 no podemos simplemente olvidar que Lehman Brothers se quebró con la máxima calificación de crédito (AAA), no podemos olvidar la responsabilidad de las calificadoras al avalar instrumentos financieros sin valor alguno para ser comprados por fondos de pensiones, aseguradoras y gobiernos; no podemos olvidar que no hubo responsables.

De la manera en que yo lo veo, el gran problema con las calificadoras no es que se tomen decisiones tardías, ni siquiera que tengan analistas mal pagados y acosados; el gran problema es el evidente conflicto de interés que existe entre la entidad calificadora y el calificado, siendo este último quien paga por el servicio; es como si una persona pudiera cambiar de juez si no le gusta el veredicto.

Este es un problema que desafortunadamente va a seguir mientras no se le pongan riendas a este monstruo de tres cabezas, por ahora si quiere saber la calificación que un país NO debería tener, pues lea muy detenidamente los documentos de las calificadoras.

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