Opinión

  • | 2016/10/16 00:01

    De organizaciones inhumanas a empresas familiarmente responsables

    Cuando una empresa se enfrenta a la implementación de modelos rigurosos, con vocación de largo plazo, y con la coherencia y autenticidad como requisitos para el éxito, como en el caso del modelo EFR, encontrará un valioso camino de creación de valor basado en el equilibrio de las personas.

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Hace algunas semanas reflexionaba en este mismo espacio sobre el equilibrio de la vida personal y laboral como una de las nuevas claves para la competitividad y la productividad. Pues bien, me valgo de esa reflexión, para ahondar en ese maravilloso tránsito de las organizaciones para dejar de ser organizaciones inhumanas y pasar a convertirse en organizaciones familiarmente responsables.

Todo esto a propósito de la reciente entrega de certificados a nuevas empresas y organizaciones “familiarmente” responsables (EFR) en Colombia de la mano de la experiencia y reconocimiento de la Fundación Más Familia, de origen español, que desde hace más de una década viene desarrollando acciones conducentes a la mejor protección y mejora de la calidad de vida de la familia, y con ellas, lograr una sociedad más justa, más competitiva y con seres humanos más felices.

Qué simple y qué profunda la apuesta por la defensa del núcleo básico de la sociedad, independientemente de sus realidades y composiciones, en una coyuntura tan adversa y tan contraria a la defensa de la familia como fuente de paz y desarrollo.

Recuerdo que en 2003 cuando aún estudiaba y vivía en la querida España, tuve la oportunidad de conocer a José Ramón Losana, hombre valiente y ejemplar, a través de quien tuve la oportunidad de conocer la Fundación Más Familia y todos sus sueños y sus entonces proyectos y esperanzas.

Hoy tengo el honor y el privilegio de ver y conocer de primera mano, el avance significativo y lleno de valor de este movimiento internacional que, habiendo comprendido la RSE como un modelo integral de gestión de toda organización, independientemente de su tamaño, su sector económico, su carácter privado o público, incluso su ánimo o no de lucro, se ha ocupado decidida e inteligentemente en desarrollar ese maravilloso ámbito de la conciliación de la vida familiar, personal y laboral, ofreciéndole a las empresas y organizaciones de todo tipo, herramientas concretas para consolidar el mencionado modelo de gestión.

Entre dichas herramientas sobresale el modelo y la certificación de “Empresa Familiarmente Responsable” reconocido como una de las mejores prácticas empresariales por parte de la organización de las Naciones Unidas y que se enfoca en el desarrollo de una nueva cultura laboral y social que encuentra en valores como el respeto, la flexibilidad y el compromiso, la nueva fuente de ventaja competitiva, de creación de valor y de sostenibilidad de las organizaciones y las sociedades.

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Fíjense cómo ha cambiado el “chip” del pensamiento y de la gerencia organizacional desde entonces. Hemos finalmente pasado de tener organizaciones, no solo inhumanas, sino también deshumanizantes, en donde la dimensión emocional de las personas no solamente no era reconocida sino aún despreciada, a tener poco a poco organizaciones más humanas, en las que se reconoce, se valora y se entiende que la dimensión emocional y, por ende, cultural, es la mayor generadora de valor económico, social y ambiental.

Es al menos curioso, ver que las empresas, por ejemplo, ya no se interesan en ser necesariamente reconocidas como empresas de calidad, pero sí quieren ser vistas por la sociedad como buenos lugares para trabajar, empresas de equidad, o empresas familiarmente responsables, en línea con lo argumentado anteriormente. Estos, han sido pasos decisivos en el camino hacia esa nueva lógica en el comportamiento de las organizaciones y en la comprensión de cómo generamos más valor en la triple cuenta de resultados.

Cabe en este punto preguntarse hasta dónde el deseo de las organizaciones tiene motivaciones auténticas, hasta dónde es “efecto imitación”, o hasta dónde es una nueva moda de gestión. Por supuesto hay directivos que han apostado por estos modelos con total autenticidad y claridad de principios, pero hay que reconocer también que hay otro tipo de organizaciones que predican ética, transparencia, equilibrio, equidad, cuidado del talento humano, y hasta ganan premios y reconocimientos, pero al final la ausencia de coherencia en sus comportamientos, relacionamientos y prácticas empresariales, terminan inevitablemente por destruir valor. 

Cuando una empresa se enfrenta a la implementación de modelos serios y rigurosos, con vocación de largo plazo, y con la coherencia y la autenticidad como requisitos para el éxito de su desarrollo, como en el caso del modelo EFR, encontrará un innovador y valioso camino de creación de valor basado, nuevamente en el equilibrio de las personas humanas. 

Toda esta reflexión cobra aún más sentido personal, cuando organizaciones tan cercanas a mis afectos, como mi querida Universidad del Rosario y el equipo de la empresa Próxima, entre muchas otras, son reconocidas con el certificado EFR, por su esfuerzo, su compromiso y su coherencia. Confío en que, en poco tiempo, una buena mayoría de empresas y organizaciones en Colombia avancen en el camino del equilibrio familiar y laboral, como otro aporte concreto en la búsqueda de esa anhelada paz estable y duradera.

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