Opinión

  • | 2015/07/18 05:00

    China sigue siendo atractiva

    China se ha consolidado como el mayor exportador del mundo, el segundo receptor de inversión extranjera y el mayor centro de actividad manufacturera. Sus perspectivas -aunque no son tan extraordinarias como las de las últimas tres décadas- siguen siendo sólidas.

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La reciente corrección en el índice accionario de la bolsa de Shanghai alcanza un descenso superior al 30% y ha coincidido con la turbulencia generada por la situación de Grecia, contribuyendo a incrementar el escepticismo de los inversionistas alrededor del mundo en semanas recientes, pero también, probablemente, a corto plazo.

El gigante asiático tiene perspectivas sólidas, aunque no tan espectaculares como nos acostumbró durante más de tres décadas.
El índice de la bolsa de valores de Shangai (SHCOMP index) hasta el 11 de junio, cuando alcanzo su nivel máximo, acumuló un incremento de 148% en los últimos doce meses y de 58% en lo corrido de 2015.

Esa acelerada apreciación del mercado accionario de la mayor economía emergente ha generado temores por la posibilidad de la formación de una burbuja en este activo, pues se da en medio de una desaceleración económica que lleva a pensar que es inconsistente un menor crecimiento económico con una rápida valorización de las acciones. Por lo tanto, la caída de 31% exhibida entre el 11 de junio y el 08 de julio luce bastante llamativa, como si le diera la razón a quienes están preocupados por la posible existencia de una burbuja en el mercado accionario chino.

Para entender mejor el protagonismo de China en la última semana hay que hacer una aclaración importante: las acciones incorporadas en el índice de la bolsa de Shangai son esencialmente acciones tipo A, es decir, acciones que esencialmente pueden ser transadas por inversionistas chinos. Por otra parte, las acciones tipo B (denominadas en renminbi) y tipo H (denominadas en dólares de Hong Kong) que son las acciones a las cuales tienen acceso los inversionistas extranjeros en el mercado de Hong Kong, no han tenido la misma evolución y no deberían, entonces, generar tanta precupación como puede llegar a generar el reciente retroceso del índice de la bolsa de Shanghai. El índice de acciones tipo B de la bolsa de Shanghai (SHBSHR index) en el último año tuvo una valorización aproximadamente de la tercera parte (54%) del índice de las acciones tipo A, exclusivas para inversionistas chinos.

Los mercados financieros se preocupan por la desaceleración de China puesto que ha sido el motor de la economía global desde la crisis económica de 2008, así como el principal demandante de commodities durante los últimos años. Adicionalmente, el sentimiento de los inversionistas que alimenta las tendencias de corto plazo en los precios de los activos tiende a castigar cualquier indicio de debilidad en la actividad económica del país asiático. Sin embargo, el cortoplacismo muchas veces olvida el contexto y la historia.

No se puede dejar de lado que la economía de China pasó de ser la novena economía mundial por tamaño del PIB en 1978, cuando introdujo las reformas económicas, a ser la segunda economía mundial en la actualidad, aumentando el PIB per cápita en más de 1.300% durante dicho lapso. Así mismo, China a escala mundial se ha consolidado como el mayor exportador, el segundo receptor de inversión extranjera y el mayor centro de actividad manufacturera.

Sin embargo, los costos del crecimiento en términos de rezago de las regiones no costeras, el deterioro ambiental, la ampliación en las brechas de riqueza entre su población, el acelerado endeudamiento de las provincias, entre otros, han llevado al gobierno de ese pais a reorientar sus políticas económicas hacia una mayor inclusión tolerando incluso menores ritmos de crecimiento económico.

Luego de alcanzar un promedio anual de 10% de crecimiento en términos reales por más de tres décadas (hasta 2010), la economía ha venido desacelerándose paulatinamente y para este año, las autoridades económicas chinas tienen una previsión de crecimiento de 7%, moderadamente inferior al 7.4% observado en 2014. Eso significa que la economia del gigante asiático está experimentando un “soft landing” que se refleja en expectativas que apuntan incluso hacia crecimientos de 6.5% en 2016. Aún así esta economía continuará siendo una de las de mayor crecimiento a nivel global.

Una posible explicación del reciente boom accionario local en China tiene que ver con la corrección en los precios de la vivienda durante el último año (-5.7% anual a mayo de 2015), luego de que en las principales ciudades se registrara un promedio anual de crecimiento de 13.1% en el periodo 2003 – 2013, mientras que en las ciudades pequeñas el incremento registró un promedio de 7.9% anual en el mismo periodo.

Ante los importantes controles de capital, la escasez de activos, el continuo crecimiento del ingreso disponible (8% anual) y la expectativa de mayores estímulos monetarios y/o fiscales, los inversionistas locales pueden haber reasignado sus inversiones de inmuebles a renta variable. Este comportamiento muestra que hay confianza y necesidades de inversión por parte de la población china.

Lo difícil para el mercado financiero global parece ser la manera para mantener ese voraz apetito por rentabilidad en activos como los de la economía china que ya han tenido valorizaciones importantes y que con la desaceleración económica comienzan a moderarse y a tornarse más normales con respecto al resto del mundo.

Por el momento, las politicas económicas parecen operar selectivamente favoreciendo un crecimiento de largo plazo más bajo pero sostenible (soft landing), intentando evitar excesos de apalancamiento, moderando los riesgos del sistema financiero, ordenando las finanzas públicas de las provincias y tratando de tener un mayor enfoque en la demanda interna.

Por lo tanto, esperar renovados impulsos a la valorización de los activos financieros a corto plazo será dependiente de qué tanto la baja inflación permita realizar nuevos estímulos monetarios. No obstante, la principal variable de largo plazo que es el crecimiento del ingreso disponible podría mantenerse en niveles atractivos durante un tiempo prolongado, por lo cual las expectativas sobre invertir en China seguirán siendo favorables, pero definitivamente hay que enteneder la dinámica hacia dónde el gobierno planea orientar sus esfuerzos para sacarle provecho.
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