Opinión

  • | 2015/06/12 05:00

    ¿Quién es un buen CEO?

    Un buen CEO se reconoce por tres características.

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  1. Por su capacidad de generar al interior de la empresa un propósito que genere sentido de contribución a todos los miembros de la empresa. Asimismo por su preocupación por definir y construir una estrategia para la organización que asegure un buen desempeño y la sostenibilidad de la empresa.
  2. Un buen CEO es un agente de la organización que moviliza a las personas definiendo encargos, tareas y responsabilidades de cara al cumplimiento de objetivos, de tal forma que es un impulsor de comités, fuerzas de tarea, espacios de discusión, y rendición de cuentas como mecanismos de impulso y seguimiento de las iniciativas.
  3. Es un líder cuya personalidad y carácter impregna a toda la organización, de tal modo que su quehacer es el modelo para el resto de directivos y colaboradores. En resumen, un buen CEO es un arquitecto del propósito y estrategia de la organización; es un líder de la organización y un líder personal (Andrews 1971).  
Estas tres responsabilidades debe combinarlas con la capacidad de resolver problemas y con la habilidad de tomar decisiones. Ambas requieren que el CEO cuente con los atributos necesarios para el desempeño de su cargo como la experiencia, el criterio y la humildad. Por un lado, dirigir es un acto de la experiencia, porque mas allá de la retórica del liderazgo, el aprendizaje directivo proviene de las experiencias adversas, del ensayo y el error y de la reflexión en el quehacer diario (Hill 2007).

Es un error creer que se aprende a dirigir leyendo muchos libros o participando de muchas conferencias. Por el contrario, a dirigir se aprende dirigiendo. Por otro lado, el criterio del directivo se basa en la capacidad de discernir cada decisión y, para ello, la deliberación, el dialogo y las preguntas son fundamentales para determinar la mejor decisión para cada momento. La mayor trampa de un CEO es creerse un sabelotodo y no tener la humildad de apoyarse en los demás con mentalidad de aprendiz.

De igual modo, un buen CEO debe tener una visión de conjunto de la organización. Es un error un nombrar un CEO que sea especialista funcional de la organización porque es un experto en finanzas o marketing; por el contrario, el mayor atributo que debe tener es su capacidad de integrar las áreas y conocimientos de la organización con una mirada generalista y no especializada de las realidades de la empresa.

En este sentido, el buen CEO actúa como una bisagra que articula las expectativas, intereses y propósitos de los propietarios de la empresa y los miembros de junta directiva con las expectativas de su equipo directivo y demás colaboradores. Este rol integrador obedece a una visión amplia de la organización y de los diferentes stakeholders.

Un buen CEO es un buen político, porque es capaz de reconocer la existencia de intereses, rivalidades y luchas de poder propias de toda organización. Su habilidad política se expresa en su capacidad de lograr la unidad y el consenso en la organización mediante una autoridad ganada en la confianza y el respeto.

Este atributo requiere de la observación a las personas en la organización, especialmente, sus motivaciones e intereses. Igualmente, debe reconocer quiénes están alineados con la cultura y los valores de la organización y quiénes no. Cuáles son los mercenarios de la organización que están por un salario o por poder y cuáles han logrado una identidad entre sus propósitos y los propósitos de la compañía. El legendario CEO de GE, Jack Welch prefería despedir a los mercenarios, así sus resultados económicos fueran sobresalientes, porque primero estaba la alineación con los valores y la cultura de la empresa (Bartlett 1999).  

Finalmente, el mejor CEO es aquel capaz de renunciar a su propio egoísmo, quizás la tarea más difícil porque el olimpo de la dirección general encumbra el ego. Y esta renuncia se expresa en la capacidad de desarrollar a su equipo directivo con miras a su sucesión y, en segundo termino, mediante el compromiso de contribuir al país a través de su responsabilidad social que se expresa en la preocupación por los pobres, el medio ambiente y la comunidad en la que vive.

Un buen CEO es alguien que entiende que la empresa no es –únicamente- una realidad económica sino que es un agente de transformación de la sociedad.  
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