| 10/15/2005 12:00:00 AM

Un continente que produce inmigrantes

La Cumbre Iberoamericana que se celebra en Salamanca puso de relieve los problemas económicos de América Latina y las olas migratorias que genera la región.

América Latina se ha transformado en una gigantesca fabrica de emigrantes. La cumbre Iberoamericana que se celebra en Salamanca (España) a la cual han atendido una buena parte de los dignatarios del continente y en José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno español, ha puesto sobre el tapete ese fenómeno. En su discurso, Zapatero acaparó los titulares de la prensa solicitando que la reunión se utilice para lanzar una política común en el continente para controlar la inmigración. Fue intento del presidente español de impulsar estas reuniones, que normalmente se quedan en la palabrerías y casi nunca dan el salto a la acción.





Las cumbres Iberoamericanas han ganado impulsado con la decisión de Enrique Iglesias, antiguo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, de asumir su presidencia. Aun así, Zapatero echó sal en una herida abierta en casi todas las sociedades de América Latina: las economías de los países son incapaces de dar sustento a la población, que cada vez más tiene que buscarse la vida en tierras extranjeras.





El continente, de momento, atraviesa uno de los mejores momentos económicos de las últimas décadas. El Producto Interno Bruto (PIB) de la región creció un 5,5% en 2004. Aun así, según el Informe Mundial 2006 del Banco Mundial, el continente sigue exportando a sus habitantes más pobres: 4,1 millones de emigrantes hacia E.U., Canadá o Europa.

Más de 30 millones de latinoamericanos se encuentran trabajando en Europa, Canadá o Estados Unidos. Esas son las cifras oficiales. Nadie sabe con certeza el número que ha cruzado fronteras en la penumbra de la ilegalidad. Lo cierto es que esos emigrantes envían anualmente más de US$45.000 millones en remesas. Esa cifra supera la inversión extranjera directa que reciben las economías del continente.



"La respuesta a estos problemas es economías y empresas más fuertes y vigorosas", dijo en su discurso el presidente español. Con el objetivo de estudiar esos problemas, en la cumbre también se dieron cita más de 140 empresarios. Ese ramillete de multinacionales con fuertes inversiones en la región intentaron analizar cuáles son los verdaderos problemas del continente.

El objetivo era consensuar una serie de peticiones y recomendaciones que Enrique Iglesias, el nuevo presidente de la Cumbre Iberoamericana, deberá transmitir a los jefes de Estado. Entre éstas, piden un pacto social y político en los países latinoamericanos que dé continuidad a las reformas económicas y una mayor seguridad jurídica. Las peticiones están allí, pero no deja de ser una entelequia.





Los empresarios reunidos en la cumbre de Salamanca dicen que estos cambios permitirían que el capital público y privado colaborarán como socios en distintos proyectos. "En América Latina nos hace falta un gran pacto social y político que no sólo sirva para evitar que no se generen crisis, sino que permita a los países avanzar en las reformas para lograr un crecimiento sostenido.





Tiene que haber reglas claras para la inversión y menos burocracia empresarial y fiscal", explicó ante los medios José Luis Machinea, secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y ex ministro de Economía argentino. "Pero por encima de todo, la región debe buscar el modo de dejar de ser la más desigual del mundo en distribución de la riqueza. Estoy convencido de que éste es el principal obstáculo para el desarrollo", concluyó.

Enrique Iglesias, por su parte, dijo que ese encuentro suponía el "punto de partida" de un proceso de trabajo permanente que tendrá que seguir. "Precisamos de una empresa dinámica, ágil, abierta y que crea en la oportunidad en la que estamos embarcados", dijo Iglesias, quien, conocedor de la realidad latinoamericana, también hizo referencia al "valor social de la empresa".





En las intervenciones figuraron economistas como Machinea e Iglesias, y empresarios como Ana Patricia Botín, presidenta de Banesto, o sus pares de Repsol YPF, Antoni Brufau, y de Telefónica, César Alierta. El debate buscaba una especie de punto medio: las empresas tienen que ganar dinero, pero eso también tiene que traer beneficios a los ciudadanos de los países donde operan. Tras la crisis argentina de 2002 y las de Ecuador y Bolivia este año, las compañías, sobre todo las extranjeras, fueron el blanco de la ira de toda esa mayoritaria población latinoamericana que es pobre o indigente. En el encuentro, algunos empresarios comentaron que esperaban que la mediación de Iglesias lime las fricciones con los Gobiernos.





Los empresarios estuvieron de acuerdo en que no se puede volver a la omnipresencia estatal de los setenta ni a la ausencia pública de los noventa. La presidenta de Banesto insistió en los beneficios de emprender proyectos de participación conjunta entre capital público y privado para extender el uso de las nuevas tecnologías a la mayor cantidad de empresas posibles y que éstas ganen en productividad. Ana Patricia Botín fue bastante positiva: dijo que la región no estaba tan bien en términos macroeconómicos desde los sesenta y que lo importante ahora era fortalecer instituciones como los bancos centrales o las haciendas públicas para hacer frente a los vaivenes en los ciclos de crecimiento. Todos pidieron una mayor seguridad jurídica para sus inversiones. Queda por ver si estas iniciativas serán suficientes para que los latinoamericanos no tengan que abandonar el continente para encontrar economías que los vuelvan productivos.
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