| 11/30/2010 8:40:00 AM

La fábrica de sueños: una apuesta educativa diferente

El Liceo Campo David obtuvo los mejores resultados en las pruebas del ICFES –ahora Saber 11- de este año. Dinero.com habló con Henry Romero, el rector del colegio, él contó su secreto, su historia y su apuesta educativa. La filosofía de este centro educativo es que no todo son resultados, sino corazón.

El Liceo Campo David, en los últimos cinco años, ha obtenido 19 becas plenas en la Universidad de los Andes, de hecho, este año tres de sus estudiantes fueron admitidos en esa alma matter, uno en medicina y dos en ingeniería electrónica. En el mismo lapso el 75,2% de sus alumnos aprobó los exámenes de admisión de la Universidad Nacional, incluso, este año el porcentaje llegó al 80%. Se han llevado también durante cinco años, el primer puesto en la olimpiada nacional de química, que organiza la Nacional, representado a Colombia en las olimpiadas iberoamericanas en Costa Rica (2008), en La Habana (2009), México (2010) y el próximo año irán a Brasil.

Lleva ocho años entre los 15 mejores puntajes del ICFES a nivel nacional y entre los cinco mejores colegios calendario A. En 2010 obtuvo los mejores resultados en las pruebas Saber 11 con un promedio de 78,04%. El liceo Campo David tiene el propósito de garantizar la entrada de todos sus alumnos a la universidad.

Podría pensarse que un colegio con los resultados del Campo David tendría filtros exhaustivos para la selección de sus profesores y alumnos, y una infraestructura de proporciones imponentes, pero ese no es el caso.

Romero en cambio, sólo busca cuatro cosas en su equipo de profesores: pasión, vehemencia, amor y entrega, lo demás es adorno. Los docentes son licenciados y normalistas, que según explica el rector, están dispuestos a aceptar el compromiso de hacer de Colombia un país mejor, educando los estratos socioeconómicos más bajos, una apuesta que para ellos es la más valida.

En cuanto a la infraestructura del colegio, nacieron en una casa de 6,70 metros de frente por 36 metros de fondo. Están ubicados detrás del hospital del Tunal, en la carrera 46 sur con calle 21. Tienen dos entradas, selladas por portones blancos, uno a cada lado del colegio. Las instalaciones constan de tres pisos de aulas y un patio que hace las veces de coliseo, capilla, salón de eventos, y todo cuanto necesiten y así, es más que suficiente. Todo adentro es blanco y eso no es una casualidad, Romero, que no es sólo el rector sino el fundador de este lugar, cree que esa es una manera de reflejar la transparencia.

El modelo

El secreto del modelo educativo de este plantel puede resumirse en una frase: creer en los sueños. Romero y todo su equipo de docente saben que la clave para obtener esos resultados no es otra que hacer que los estudiantes confíen en que nacieron para cosas grandes, recordarles todo los días que hay que tener aspiraciones, incentivarlos constantemente a soñar y a luchar por esos sueños. Ésta, añade el rector, es “una institución de esperanzas, de oportunidades reales de prosperidad. Aquí solidificamos sueños, y sobretodo, creemos que la educación es una opción para mejorar la calidad de vida de las familias”.

Una educación de calidad significa para ellos el camino para contribuir a la solución de los problemas de Colombia, una educación especialmente dirigida a los estratos socioeconómicos bajos –pero dignos, enfatiza-, con la misma calidad que reciben los jóvenes de los estratos altos. El país también tiene que mirar al sur.

En esta propuesta pedagógica el punto de partida es la familia. En la búsqueda constante de una educación integral, en Campo David creen que al colegio no se matricula un niño, ingresa una familia. Bajo esa premisa, adelantan un trabajo de acompañamiento cuyo fin no es otro que una educación integral, y es que para ellos primero hay que formar ciudadanos de bien y luego impartir conocimiento.

Existe en el marco de este modelo de educación, un primer derecho fundamental e inviolable: el derecho a errar. Dentro de la estrategia participativa hacía la calidad hay una particular forma de corregir, el castigo es más afecto. Las sanciones deben darse en tres dimensiones: oportuna, constructiva y afectiva. Además no deben ser impuestas, sino acordadas entre padres, profesores, rector y estudiante, explica Romero. Ese dice él, es otro de los secretos.

Desde la visión del Campo David, hay cinco puntos clave a la hora de impartir educación de calidad: primero, sembrar en la escuela el mutuo respeto; segundo, formar jóvenes respetuosos de los derechos fundamentales; tercero, enseñar con el ejemplo; cuarto, formar niños que quieran a sus padres, al maestro y a sus amigos; y quinto, permitir, con afecto y paciencia, que los niños se equivoquen. Estos puntos más emocionales que estratégicos, los han llevado a excelentes resultados académicos, ahí, la particularidad del modelo. Todo eso para “formar una nueva generación de dirigentes políticos y gobernantes honestos, que no se van a robar los recursos público y menos los de los niños. Que tendrán respeto por los dineros particulares y públicos”, asevera Romero.

¿Cómo nació la fábrica de sueños?

En 1986, Henry Romero y su esposa, convencidos visceralmente de que la educación era la forma de cerrar la brecha social y contribuir al desarrollo del país, deciden crear el Liceo Campo David. Un préstamo de $1’100.000 en el Fondo Nacional del Ahorro, y algo más de dinero recaudado con la venta de un Renault 12 GTL modelo 83 que entonces tenía Romero, fueron todo el capital invertido para iniciar esta obra.

72 familias, cuatro docentes, más su esposa Olga Amaya, psicopedagoga, arrancaron en una casa vieja con todas las ansias de ofrecer una educación de calidad. Así nació un colegio de carácter privado y mixto, calendario A, que nunca ha contado con un aporte del Estado.

Romero evoca aquellos tiempos con algo de nostalgia, hace una particular referencia a un patio interior que tenía el lugar, allí, sembraron algunas plantas, y “nacieron copetones”, exclama en tono entre dichoso y taciturno, algo que él asemejó a “cosechas de vida”. Luego, en ese mismo jardín, nacieron pájaros, un hecho que para Romero no es aislado, pues afirma que en ese momento supo que ese colegio había nacido, “ojalá para vivir siempre”.

El obstáculo más difícil de sortear fue el factor económico, por su política de no rifas, no bazares, no bonos. El Colegio se mantiene sólo con las pensiones, desde entonces y hasta hoy.

Actualmente, hay 650 estudiantes, 39 profesores y 20 más entre personal administrativo y servicios generales. El valor de las pensiones oscila entre $135.000 y $150.000, hay 32 familias becadas y 160 semibecadas. Además el Campo David tiene tres escuelas apadrinadas en Anolaima –La Laguna, La Esmeralda y Mesitas de Caballero-, a las que ayuda con dotaciones y horas de actualización docente.

Detrás de todo está…

Henry Romero nació en Anolaima -por eso su aporte a ese lugar-, en una familia de ocho hermanos. Su fuente de inspiración fue su madre, a quien define como “una maestra del campo”, ella le inculcó desde siempre ese profundo amor por la educación.

Desde muy pequeño Romero tuvo que trabajar duro para conseguir todo aquello que quería, empezó el matadero de Anolaima, y luego, en uno en la Sabana de Bogotá. Con esos trabajos reunió dinero para hacer una licenciatura en la Universidad Libre y posteriormente entró a La Universidad Externado de Colombia, de donde se graduó de comunicador social – periodista.

Trabajó 30 años en el sector público y luego, de la mano de su esposa, decidió dedicarse de lleno a su sueño de educar. Él mismo es un ejemplo de lo que profesa en sus alumnos.

Romero es el profesor de química del Liceo Campo David, el fundador y el rector. Todavía hace aportes económicos al colegio, a través de su actividad de finca raíz.

Desde del inicio de la entrevista, ese lugar quedó definido como un santuario de sueños, la primera frase de Romero fue: “en mis sueños no hay yo, en mis sueños siempre somos todos”, un expresión que le adjudicó al escritor mexicano Octavio Paz.

El Liceo Campo David no se considera a sí mismo el mejor colegio de Colombia, “el mejor es un término muy abstracto, son muchas las variables que aún no pueden medirse para determinar eso, como la gratitud, la pertenencia, el amor hacía la institución. Campo David es el mejor resultado del examen de Estado, no la mejor institución”, dice su fundador, y agrega, “además le tengo una mejor noticia: Campo David no son resultados, campo David es corazón”.

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