| 9/10/2012 3:00:00 PM

Internet, fábrica de rumores

Los rumores en Internet pueden ser bromas inocentes, pero también ataques cuidadosamente planeados.

;
DW
Internet es la mayor fuente de información en la actualidad, pero mucho de lo que se dice es falso: rumores esparcidos estratégicamente para difamar a determinadas piezas clave en el ajedrez de la política.

Jon Bon Jovi, Charlie Sheen, Eddy Murphy, Fidel Castro, Roberto Gómez Bolaño (Chespirito), los cantantes Ñengo Flow y Daddy Yankee, Hugo Chávez, el luchador Hulk Hogan, el ex presidente chino Jiang Zemin… Si todo lo que se publicara en las redes sociales fuera cierto, todas estas celebridades habrían encontrado la forma de levantarse de sus tumbas cual lázaros para anunciar por Twitter que siguen vivos. O eso, o tienen más vidas que un gato.

Hoy en día, para quitar a alguien del mapa no hace falta ni siquiera salir de casa; unos pocos teclazos, y la víctima puede darse por muerta para la opinión pública. Claro, que teniendo en cuenta los nulos niveles de credibilidad que tienen estas campañas en las redes sociales, cada día más frecuentes, es de esperar que la gente no se eche las manos a la cabeza y hable de milagros o de mitología al estilo Elvis al verles por la calle vivitos y coleando.

Demostrar que uno está vivo es fácil. Pero hay otro tipo de rumores igualmente propagados que son más difíciles de desmentir, y que hacen mucho más daño. Igual que alguien puede decir hoy que tal cantante está muerto, puede afirmar sin comprobarlo que tal monje es ludópata, o que tal político es corrupto. Y aunque al final del día, todo sea mentira, el daño está irremediablemente hecho. Porque en el mundo que vivimos, la creencia general es que “cuando el río suena, agua lleva”. Y en Internet no hay filtros ni máquinas de la verdad.

¿El fin justifica los medios?


Los falsos rumores en las redes sociales con un fenómeno a la orden del día. Tal y como apunta el asesor y psicoterapeuta alemán Andreas Kemmerer en su ensayo “Difamación en Internet y Ciber-mobbing”, los motivos para tales ataques pueden ser muy diversos: amor no correspondido, envidia, celos, ira u orgullo herido. En el terreno laboral, normalmente se trata de contiendas para eliminar a la competencia en un departamento, rama o ideología. “A través de la difusión de acusaciones difamatorias contra personas físicas o jurídicas en los portales de Internet se busca lograr una ventaja competitiva”, explica Kemmerer en su ensayo.

En el mundo de la política, esta es una peligrosa arma en manos de gente con imaginación. Pocos líderes o candidatos se libran durante sus carreras de los dimes y diretes que vuelan de ordenador a ordenador por el mundo entero en cuestión de segundos. Así, por ejemplo, se extendió el falso rumor de que Mitt Romney afirmó que se “identificaba con los votantes negros” porque sus antepasados habían tenido esclavos.

En pie de guerra

Detener esta marea de desinformación puede resultar tan fácil como tratar de contener una tormenta de arena en el desierto con las manos desnudas, pero hay quien no se da por vencido. La esposa del expresidentes alemán, Bettina Wulff, ha tomado medidas este fin de semana contra los bulos que decían que en el pasado había ejercido de prostituta.

No solo lo ha negado bajo juramento, sino que ha presentado una querella contra numerosas editoriales, periodistas y activistas de Internet, incluyendo a "Google" para impedir que su nombre siga siendo asociado en las búsquedas con palabras clave como "pasado de bajo mundo" o "dama de compañía". Según una investigación llevada a cabo por el periódico bávaro Süddeutsche Zeitung, estos rumores fueron originariamente esparcidos por ciertos círculos de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) del estado de Baja Sajonia.

Independientemente de si Bettina Wulff tendrá o no éxito en su cruzada contra Google y los demás medios de desinformación, sus acciones marcarán un nuevo hito en la lucha por los derechos de privacidad en Internet, pero es dudoso que repercutan de forma alguna en la facilidad para soltar este tipo de “perlas” en la red.

Está claro que las guerras no solo se pelean con cañones o con bombas. La información es, desde hace mucho tiempo, un arma de batalla. Y las redes sociales, al parecer, son un vehículo ideal, contra el cual no hay aún defensa posible.


En pie de guerra

Detener esta marea de desinformación puede resultar tan fácil como tratar de contener una tormenta de arena en el desierto con las manos desnudas, pero hay quien no se da por vencido. La esposa del expresidentes alemán, Bettina Wulff, ha tomado medidas este fin de semana contra los bulos que decían que en el pasado había ejercido de prostituta.

No solo lo ha negado bajo juramento, sino que ha presentado una querella contra numerosas editoriales, periodistas y activistas de Internet, incluyendo a "Google" para impedir que su nombre siga siendo asociado en las búsquedas con palabras clave como "pasado de bajo mundo" o "dama de compañía". Según una investigación llevada a cabo por el periódico bávaro Süddeutsche Zeitung, estos rumores fueron originariamente esparcidos por ciertos círculos de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) del estado de Baja Sajonia.

Independientemente de si Bettina Wulff tendrá o no éxito en su cruzada contra Google y los demás medios de desinformación, sus acciones marcarán un nuevo hito en la lucha por los derechos de privacidad en Internet, pero es dudoso que repercutan de forma alguna en la facilidad para soltar este tipo de “perlas” en la red.

Está claro que las guerras no solo se pelean con cañones o con bombas. La información es, desde hace mucho tiempo, un arma de batalla. Y las redes sociales, al parecer, son un vehículo ideal, contra el cual no hay aún defensa posible.                                                                
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?