| 7/9/2009 12:00:00 AM

Chávez guarda silencio

Cuando los militares depusieron al presidente de Honduras, su par y aliado venezolano, Hugo Chávez, al principio dejó fluir su ira responsabilizando a Washington y amenazando con responder con una acción armada.

Pero luego, contrario a su costumbre, se quedó callado.

Soldados sacaron al presidente Manuel Zelaya de su casa el 28 de junio y lo expulsaron del país.

El golpe de Estado atentó contra la alianza izquierdista de Chávez en la región, que incluyó poco antes al exportador de café y textiles, Honduras, en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). La primera reacción de Chávez fue agresiva. Puso sus fuerzas armadas en alerta y pidió derrocar el Gobierno que el Congreso hondureño instaló tras el golpe.

"La burguesía y el imperialismo están atacando a la Alianza Bolivariana por el flanco más débil", dijo Chávez tras un desfile militar el fin de semana. "Sabemos que preparan nuevas ofensivas por Centroamérica, por el Caribe y Suramérica, así que debemos estar preparados las 24 horas del día", agregó.

Pero, reconociendo que podía acrecentar las llamas al tomar un rol demasiado público, el mandatario se ha apartado del primer plano y se mantiene tras bastidores.

Su ausencia fue notable mientras sus amigos presidentes de Argentina, Cristina Fernández, y Ecuador, Rafael Correa, volaban entre Washington y Centroamérica en respaldo a Zelaya. "El no tener un papel protagónico y el no estar ahí en el centro de los acontecimientos yo creo que es políticamente conveniente", dijo el experto en América Latina y profesor en la Universidad Central de Venezuela, Edgardo Lander.

Chávez pudo calcular que su bajo perfil mejoraba la posibilidad de su aliado hondureño de ser reinstalado, pero eso también facilitó a Estados Unidos abrir el diálogo que comienza el jueves en Costa Rica entre Zelaya y los líderes del golpe.

Entre bastidores
Es la segunda vez en un mes que Chávez retrocede y deja a otros liderar la diplomacia pública, en señal de que su estilo controversial puede obstruir sus metas internacionales. Cuando el ALBA ayudó a que la Organización de Estados Americanos (OEA) terminara con 47 años de suspensión a Cuba el mes pasado, el líder venezolano también dejó a su aliado de Nicaragua, el presidente Daniel Ortega, liderar la negociación. Popular entre los pobres tras una década en el cargo, a Chávez lo rechazan muchos ricos y gente de clase media del país.

El Gobierno interino de Honduras, que asegura haber sacado a Zelaya por lo que percibió como un intento ilegal de eliminar los límites a la reelección presidencial, rechaza sus vínculos con el Gobierno venezolano. Adversarios del mandatario aseguran que su propuesta de reelección recibió influencia de Chávez.

Aunque lejos de reflectores, Chávez ha estado ocupado. Su canciller, con ayudantes de primera línea, pasó casi toda la semana pasada en Centroamérica y él estuvo en contacto telefónico con su "padre político", Fidel Castro, y Ortega. Venezuela detuvo suministros de petróleo a Honduras y prestó un avión y un piloto a Zelaya para su intento de regreso el domingo, que fue abortado cuando los soldados hondureños bloquearon la pista de aterrizaje en Tegucigalpa.

Otros países de OEA pidieron a Zelaya no hacer el viaje.

Chávez acortó su participación en los actos de celebración de la independencia de Venezuela.

Evitando el show de Chávez

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha respaldado a Zelaya y condenado el golpe, y el martes resaltó que el punto para Washington era preservar la democracia sin importar que Zelaya sea amigo o no de la política de su país. Obama parece haber suavizado las tensas relaciones que mantuvo el Gobierno de su antecesor, George W. Bush, con los líderes izquierdistas de América Latina y su posición sobre Honduras podría frenar la postura antiestadounidense de Chávez.

"Claramente, parte de la intención es evitar que Chávez se robe el show y que la eventual restitución de Zelaya sea vista como una victoria para Chávez", dijo Kevin Casas-Zamora, del Instituto Brookings en Washington.

Apenas el año pasado, el mandatario expulsó al embajador de Estados Unidos en Venezuela y acusó al "imperialismo yankee" de respaldar violentas protestas contra su aliado, el presidente de Bolivia, Evo Morales. Las relaciones están mejor ahora, los embajadores acaban de retornar y Chávez aún fustiga a Estados Unidos, pero evita críticas duras contra Obama.

Aún está por verse si Chavez se ofenderá ante el rol protagónico que le arrebató Washington en la diplomacia local.

Después de reunirse con Zelaya el miércoles, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, dio una entrevista al canal de televisión opositor Globovisión, que Chávez pide cerrar. La funcionaria estadounidense llamó a renovar el diálogo con Venezuela, pero su retórica dejó entrever que Estados Unidos estaba descontento con algunas políticas domésticas de Chávez.

"Lo que esperamos ver en los próximos meses en Venezuela es un reconocimiento de que tú puedes ser un líder fuerte y tener opiniones fuertes sin tratar de tomar demasiado poder y tratar de silenciar a todos tus críticos", dijo.


Reuters

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