| 11/29/2012 9:40:00 AM

Agricultores y multinacionales, codo a codo

¿Es posible para una multinacional ganar dinero y, a la vez, ayudar a los pequeños agricultores? Eso que parece imposible es la meta de "Negocios inclusivos", un plan que busca acuerdos que beneficien a ambas partes.

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DW
El cacao de calidad es un bien escaso. Eso lo tenían claro en las oficinas del mayor fabricante de chocolate del mundo, la empresa Kraft Foods Inc. Al igual que el té o el café, la mayor parte de la producción está en manos de pequeños agricultores de países en vías de desarrollo. Para asegurarse el suministro, Kraft Foods contactó directamente a esos agricultores en Costa de Marfil y les garantizó la compra de todos los granos de cacao a un precio justo.

Con este negocio, los agricultores pueden trabajar proyectando sus cultivos, obteniendo además un incentivo para la inversión y mejora de la calidad. Además, para tener un contacto rápido con los trabajadores, la empresa fortaleció las cooperativas locales y estableció un sistema de transportes. Este trabajo conjunto es un ejemplo de los "negocios inclusivos", donde se busca la participación directa de las personas de los países en vías de desarrollo en los mercados.

"Lo que es nuevo es que se trata de cooperar directamente con los agricultores locales, y esto sucede en parte porquen los consumidores quieren saber de dónde viene lo que está consumiendo", dice Christina Gradl, del instituto de investigación Endeva. Como en todo negocio, ambas partes ganan: “Los agricultores venden su producción a la empresa, pero también necesitan semillas, sistema de riego, fertilizantes, etcétera", explica la experta. La empresa, por su parte, además de fortalecer la cadena de suministros, también abre nuevos mercados en países en vías de desarrollo.

Todo bien, pero...

Otro caso es el de la compañía química alemana BASF, que trató de vender durante mucho tiempo plaguicidas a través de intermediarios a los pequeños agricultores de India, sin suerte. El 2006 BASF se puso a la cabeza del proyecto "Samruddhi Farmer Training", que capacitó a los productores de soja no sólo en el uso de plaguicidas y fertilizantes, sino también los ayudó a adquirir conocimientos en marketing y contabilidad.

"A través de la utilización de fondos y aplicando sus nuevos conocimientos, los agricultores incrementaron hasta en un 50% sus ingresos, y la empresa vio surgir un nuevo mercado, con un total de 120 mil agricultores hasta ahora", explica Gradl. Pese a todo esto, las empresas y los agricultores siguen teniendo problemas, entre ellos el escaso know-how de los productores locales y la pobre infraestructura de las zonas rurales, donde además no existe un marco legal estable para su socio de negocios.

Peligro de sobreproducción

Friedel Hütz Adams, de la ONG "Viento del sur", es escéptico. Si bien encuentra positiva toda idea que tienda a dar nuevas oportunidades a los pequeños agricultores, cree que todavía es demasiado pronto para sacar cuentas alegres. Él cree que estas empresas quieren comprar a mediano y largo plazo tan barato como sea posible y venderles caro a los agricultores. También ve el riesgo de que las ganancias en la productividad lleve a la sobreproducción y, en el mediano plazo, los precios de los productos agrícolas vuelvan a caer.

"Sin embargo, las empresas están bajo presión adicional: la competencia es cada vez mayor, las áreas de producción escasean y la población y la demanda crecen", dice Hütz-Adams a DW. Para el año 2050 habrá alrededor de dos mil millones de personas más en la Tierra y los expertos estiman que la producción de alimentos aumentó un 50 por ciento para satisfacer esa demanda. Una ventaja para los pequeños agricultores es que todavía tienen potencial para incrementar sus producciones y eso les da un valor adicional como socios de negocios.
                                                               
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