| 11/13/2013 12:00:00 AM

En busca de la ruta

Por las carreteras de Colombia se mueve el 80% de los productos. En el proceso se emiten miles de toneladas de CO2, y se evidencia que falta mucho camino por recorrer para lograr una industria logística sostenible.

Para que un yogur Alpina llegue a su mesa, no solo tuvo que ser descremado, fermentado, empacado y refrigerado. Detrás hay todo un proceso que incluye una cadena de producción limpia, ecoeficiente y que incentiva el reciclaje del empaque. Estos parámetros hacen parte de lo que muchas empresas comenzaron a aplicar para ser más responsables con el medio ambiente desde hace casi tres décadas.

La competencia de productos en los almacenes trascendió. Además de analizar si el artículo es el más novedoso o nutritivo del mercado, la conversión de los consumidores los ha llevado a que se interesen por todo el ciclo de vida del producto. Quieren saber qué materiales utiliza y de dónde vienen; si las personas que lo fabricaron tienen las condiciones laborales adecuadas; si la maquinaria es eficiente y si es reutilizable o no.

Sin embargo, son muy pocos los que incorporan a esta cadena el impacto que genera el transporte y distribución. En este proceso, también, se afecta el ambiente y la industria
logística se vuelve insostenible. Los vasos donde viene el yogur los produce Carvajal Empaques.
Hasta 2011 lo hacía en una planta en Ginebra, Valle del Cauca, y desde allí se traían vacíos hasta las plantas de producción de Alpina en Sopó y Facatativá, Cundinamarca; otros los llevaba a Chinchiná, Caldas y Entrerríos, Antioquia. Miles de kilómetros recorridos para distribuir mensualmente 25 millones de envases; y una huella de carbono de 77.486 toneladas de CO2eq/ año.

Para hacer más limpia y eficiente esta operación Carvajal trasladó la fábrica a Tocancipá, a tan solo ocho kilómetros planos de la planta de Alpina en Sopó, la que más demanda vasos. Esta estrategia trajo beneficios para las dos empresas: se crearon 200 nuevos puestos de trabajo permanentes en la región y se redujo la huella de carbono en, aproximadamente, 1.000 toneladas de CO2eq/año.

En Colombia, según el Ministerio de Transporte, el 80% de la carga se mueve por carretera y, de acuerdo con el Ideam, esto genera 12% de las emisiones de CO2. El Foro Económico Mundial da cuenta de que 5,5% de las emisiones generadas por la industria logística, la mayor parte corresponde
al transporte terrestre, y en una menor proporción a la operación de los centros de distribución y bodegas.

Para Vivian Rangel, investigadora de Logyca, evaluar el impacto que genera la industria logística al medio ambiente tiene muchas variables, “depende del producto, el tipo de transporte (aéreo, marítimo, terrestre, intermodal), la ciudad o punto de origen, el destino, la cantidad transportada, el peso y el volumen, el tipo de vehículo y hasta la forma de conducir”. Así mismo, hay que tener en cuenta qué se afecta: el aire, el agua, la biodiversidad, la salud, el suelo, entre otros recursos.

A Colombia le falta camino por recorrer para lograr una industria logística sostenible. En lo que tiene que ver, por ejemplo, con el tipo de transporte hay algunos factores que influyen de forma directa. La topografía, es uno. El 52% de las carreteras están en terreno ondulado y montañoso, lo que aumenta el consumo de combustible. Así mismo, de acuerdo con el Instituto Nacional de Vías (Invías), hasta el año pasado del total de la red vial primaria a cargo del Ministerio de Transporte, 25% estaba sin pavimentar y 23% de la pavimentada estaba en mal estado.

Al no contar con capa asfáltica hay mayor rozamiento para la circulación de los vehículos, y por consiguiente un aumento en el consumo de combustible que redunda en que se generan más gases efecto invernadero.

Los expertos abogan por la intermodalidad o combinación de tipos de transporte, puesto que permiten mayor rentabilidad, eficacia y menor impacto medioambiental. Sin embargo, Colombia no está preparada para esto. Le faltan más puertos marítimos y fluviales, puertos secos, aeropuertos y zonas logísticas. Aunque se espera que para 2014, la red férrea construida alcance 2.353 kilómetros y se concesionen 800 kilómetros para el mantenimiento del río Magdalena, hasta el momento el avance es del 25%. Y en lo que respecta al fortalecimiento de puertos, apenas se ha adelantado 20% de las obras. Para Hernando Fierro, administrador de logística y producción de Unilever, la logística colombiana está ‘rajada’, principalmente porque la infraestructura no responde a las necesidades de las empresas y la población.

Si se analizan otras variables, los resultados no son mejores. Hasta 2012, el parque automotor de  carga en el país era de 234.778 vehículos. Su edad promedio está alrededor de los 24 años, diez años por encima del indicador de vida útil óptima para un equipo de transporte de carga por carretera (internacionalmente se calcula en 15 años). Esto genera sobrecostos en la prestación del servicio y una contaminación mayor del ambiente porque los vehículos no son eficientes.

Apostarle a una industria logística sostenible no solo beneficia a la naturaleza sino a la compañía que lo implemente. Patrick C. Penfield, profesor adjunto de prácticas de la cadena de abastecimiento en la Escuela de Administración Whitman de la Universidad de Siracusa (Nueva York), afirma: “Al evolucionar hacia una cadena de abastecimiento verde y sostenible, las compañías van a descubrir nuevas oportunidades para reducir costos”.

Al respecto, Vivian Rangel señala que la reducción de emisiones de CO2 puede darse tanto en el almacenaje como en el transporte, en cualquier caso la optimización del proceso ahorra en gastos entre 10% y 15%, sin inversiones significativas. Así mismo, la imagen corporativa de la compañía
se fortalece y la marca se posiciona mejor. También, se alcanzan favores normativos.

Compañías como Deprisa lo han comprendido y por eso modernizaron su flota de operación terrestre en el aeropuerto. Ahora cuentan con vehículos que no generan emisiones de CO2, evitan el uso de combustibles fósiles y gastan poca electricidad. Se convirtieron en pioneros y ejemplo en la región. Pero, sin duda, lograr una industria sostenible debe ser un trabajo mancomunado entre el sector público y el privado.

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