| 10/29/2015 12:00:00 AM

Gabriel Jaramillo: El llanero solidario

Con una empresa agropecuaria en Vichada, el expresidente del Banco Santander quiere demostrar que se puede hacer ganadería sostenible y mejorar la vida de la comunidad.

Después de una exitosa carrera que por 35 años lo llevó a ocupar altos cargos directivos en prestigiosas entidades del sector financiero internacional, Gabriel Jaramillo Sanint decidió apostarle a desarrollar actividades que contribuyeran a mejorar la vida de la gente.
Primero lo hizo en el tema de la salud. En 2011, después de haber transformado financieramente el Banco Sovereign de Boston, decidió trabajar el tema de la malaria. Nunca en su vida había estudiado esta enfermedad y entonces no diferenciaba los síntomas de este padecimiento, pero se dedicó al tema e hizo parte del grupo que ese mismo año diseñó la estrategia mundial para eliminar las muertes por malaria, que en ese momento llegaban a 1,5 millones de personas por año –90% niños– y este año serán menos de 200.000 personas.
En 2012 su experiencia le valió la nominación para dirigir en Suiza una multilateral: el Fondo Global para la lucha contra el Sida, la tuberculosis y la malaria, que padecía serios problemas financieros. Jaramillo fue voluntario y trabajó por un dólar al año en la transformación de la entidad. 
Sus pergaminos lo precedían. En los 80, tras graduarse de administrador en California State University, donde además hizo un MBA, fue reclutado para trabajar en el sector financiero, primero en el Citibank, donde llegó a ser presidente para Colombia, y luego en el Banco Comercial Antioqueño, que se transformaría en Banco Santander. Allí se desempeñó con lujo de competencias como presidente en Colombia, luego fue a abrir la operación en Brasil, donde hizo compras estratégicas de pequeños bancos que le permitieron, al cabo de un par de años, convertir al Santander en el tercer grupo financiero. Luego se trasladó a México por nueve años, donde desarrolló un exitoso trabajo.
En 2013, al cabo de un año como director del Fondo Global, los resultados de este colombiano se vieron: logró recuperar la confianza de los grandes donantes, que en doce meses hicieron un aporte histórico para el fondo de US$12.500 millones. 
Un viaje a los llanos orientales colombianos junto a su amigo y colega Juan Guillermo Serna lo motivó a cambiar su área de interés. La belleza del paisaje y la comprobación de que su talento podría ayudar a mejorar las condiciones económicas, de salud y educación de la comunidad, lo llevaron a establecerse allí. 
Decidió comprar una finca en Nueva Antioquia, municipio que sitúa “en el lugar más recóndito de los Llanos”, en Vichada, limítrofe con Venezuela y a 350 kilómetros de Puerto Carreño. Allí aprendió que en junio el clima del llano se parece al de Londres y la luminosidad –que permite el crecimiento de los cultivos– es menor a la tradicional, y que las estaciones están bien diferenciadas: cuatro meses de verano y ocho de lluvias.
También, que las tierras de la región son tan pobres que su nivel de aluminio supera el 95%, lo que impide que cualquier cultivo crezca a menos que haya una intervención para enriquecer la calidad de sus suelos. 
Su experiencia en Brasil, uno de los mayores exportadores de carne del mundo, le permitió identificar que la ganadería sostenible sería una buena fuente de desarrollo para esta región, y decidió embarcarse en lo que llama ‘una locura’ de iniciar cría de ganado de raza Nelore –75% del ganado brasileño es de esta raza– con embriones y genética avanzada.
Jaramillo asegura que su meta es lograr una hacienda ganadera de clase mundial. “Que no haya una mejor en Brasil o en Australia”, explica, pues su premisa es que se puede hacer ganadería sostenible, financieramente viable y sin ningún incentivo o subsidio. Y cree que Colombia tiene potencial para convertirse en uno de los mayores exportadores de carne del mundo. 
Además de diseñar un modelo agropecuario sostenible, está trabajando con la comunidad para mejorar las condiciones de salud y educación, gestionando un puesto de salud, atención especial para las madres gestantes y avanza en el diseño de un modelo educativo que permita mejorar la formación de los niños en la región, a partir del formato de Escuela Nueva, que mundialmente ha sido destacado por los resultados en educación rural.
Y aunque llegar a su finca le implica viajar en avión hasta Puerto Carreño y de allí tomar una lancha rápida que en cuatro horas lo lleva a Nueva Antioquia, o hacer 12 horas de viaje por carretera desde Puerto Gaitán, Jaramillo cree que su esfuerzo está recompensado. No solo ha logrado confirmar que el llano es una tierra de oportunidades, sino también que desde el lugar más recóndito se puede transformar positivamente la vida de las personas.
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